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28 de octubre de 2024

LETANIA DEL CIEGO






Soy como un ciego...

Rubén Darío



Y tú que tanto amas, tanto ríes,
tanto adivinas y conoces tanto,
¿dónde el escudo para que te fíes,
dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?

¿Dónde el camino que no veo ahora?
Dímelo o llora y el mirar suprime.
¿Es ya la noche que no tiene aurora?
Dímelo, dime.

Y sin embargo tu vivir empaña
mi vivir con un vaho que es ternura,
que es caliente rumor que me acompaña
la noche oscura.

Y sin embargo con tu mano guías
y a tientas toco lo que apenas veo
y digo acaso para que sonrías
lo que no creo.

Y toco apenas y tu bulto aprendo
y torpe sigo lo que tú me indicas.
Lo que no miro, lo que no comprendo,
tú multiplicas.

Tú multiplicas, o quizás es tu invento
porque lo vea aunque quizá no exista.
Entre la noche de mi pensamiento
dulce es tu vista.

Dulce es tu vista, tu mirar risueño
que mira un llano donde estaba un monte
y que a mi alma de temblor pequeño
llamó horizonte.

Dulce es tu vista que miró aquel lago
y lo llamaba alegre mar bravío.
Tu generoso corazón es mago.
¡Lo fuese el mío!

Carlos Bousoño

27 de octubre de 2024

PALABRAS EN LA NOCHE






Cecilia, dulce amiga. Hoy yo quisiera hablarte
con la verdad que nace de un corazón pequeño.
Decirte cómo un día yo quise condenarte.
A ti que fuiste sólo la luz para mi sueño.

A ti que fuiste siempre la luz para mi vida,
la luz parada en medio de mi existencia vana,
la luz suave y callada, la luz dulce, esparcida,
valiente en la tristeza, luciente en la mañana.

A ti, blanca presencia del día silencioso,
escala de ternura, licor que yo he bebido.
a ti, prado o colina que esparce su reposo.
A ti a quien tantas veces mi amor ha entristecido.

Decirte, suavizarte, hablarte del rocío,
hablarte de la noche que baja lenta a verte,
cual baja ya tu vida, más dulce al pecho mío,
que quiso un día amarte y vino a deshacerte...

Carlos Bousoño


26 de octubre de 2024

PALABRAS DICHAS EN VOZ BAJA






I

No es vino exactamente
 lo que tú y yo apuramos
con tanta lentitud en esta hora
pulcra de la verdad. 
No es vino, es el amor.
No se trata, por tanto, 
de una celebración esperada, 
una fiesta ruidosa, 
alzada en oros.
No es montañoso cántico.
Es sólo silbo, flor, menos que eso:
susurro, levedad.

II

Y esto empezó hace mucho. 
Unimos nuestras manos
muy apretadamente 
para quedarnos solos,
juntos y solos 
por la senda infinita
interminablemente.

Y así avanzamos juntos 
por la senda tenaz.
 La misma senda,
 el mismo instante de oro,
y sin embargo, 
tú marchabas sin duda
siempre muy lejos, atrás, 
perdida en la distancia
luminosa, diminuta
 y queriéndome
en otra estación más florida,
en otro tiempo
 y otro espacio puro.
Y desde el retirado calvero, 
desde la indignidad arenosa
del madurado atardecer, 
en que yo contemplaba
tu tempranero afán,
te veía despacio,
 una vez y otra vez,
sin levantar cabeza 
en tu jardín remoto,
atareada y obstinadamente
¡y tan injustamente!
coger con alegría
las rosas para mí.

Carlos Bousoño

25 de octubre de 2024

REMEMORACIONES DE INCIDENTES






En una cueva de la memoria, 
en su larga llanura oxidada,
en su estéril cardenillo verdoso, 
en su desolado atardecer,
lento y un poco oscurecido 
como si fuese ya tarde,
como si nacer no hubiera sido posible
aquel remoto día, perdido en el confín;
e imposible fuese asimismo
el otro amargo día, 
no puedo decirte su nombre,
algo ladeado 
y ya en las afueras de súbito,
en el suburbio 
y el terrible descampado de súbito,
lívidamente azul de pronto;
con tazas desportilladas, 
abanicos devorados por la ansiedad,
relicarios de madera envejecida, 
espejos,
miserables espejos de azogue saltado,
 horrendos maniquíes sin cabeza, 
emisarios inmóviles de más allá del río
solitario, emisarios sin brazos y sin cabeza,
 inmóviles,
y por eso no pueden sonreír;
y todo subía como una marea feroz 
por la memoria cárdena,
y todo subía amargamente cárdeno
 por el recuerdo de una noche,
trepaba por la penosa rememoración,
 por el jadeante ascender y acordarse
de una noche, saliendo de la sombra,
 un momento tan solo;
reconstruir aquella adoración
hecha de pétalos, de palabras 
y polen de palabras, de cansancios 
o incrustaciones lamentables, quejidos,
de quemaduras y desolaciones
junto a un andén que no llegaba nunca
 como si fuese un tren,
un tren de súbito
 como si fuese aquella adoración.

Y todo en la memoria se retorcía
 agitado por el vendaval,
como un gran bosque movido por la ira 
de un huracanado renacer.
El parto terrible de la memoria
 era el viento,
la noche terrible de la memoria
 se llamaba aquilón.
Todo vibraba y era movido 
por una propagación llameante
que fulguraba en medio de la tempestad 
y se extendía y encrespaba en la música,
vibraba entre los acordes
 de una multitud de guitarras,
sonando en el estruendo
 de un día terso y limpio, destrozado
tan secamente 
como un espejo en una habitación.

Ay, en la oscuridad,
 atenazados por el deseo
dos cuerpos se buscaban a tientas 
como si fuese posible vivir,
como si la verdad existiese
 en la tiniebla oscura
y hubiese que buscarla 
apretando una carne duramente,
y hubiese que buscarla
 atravesando duramente
 la interminable oscuridad
de una carne, toda una noche larga,
 y más allá quebrase ya una luz:
el alba hermosa y pura donde todos
existen otra vez,
salvados y otra vez, vivos, salvados...

...Y he aquí que nosotros, 
aún no salvados, vivos,
golpeamos la sombra,
 en medio de la noche...

Carlos Bousoño


24 de octubre de 2024

RELOJ DE ARENA




A Emilio Lorenzo




Un diálogo consigo mismo 
es lo que consigue el hombre
al atardecer,
contemplando
 el reloj de la arena que cae.
Un monólogo, 
una susurrante confidencia,
un murmullo apenas inteligible 
donde se desmorona el pasado
continuamente, perezosamente deleznable, 
con lentitud cruel, con perversa demora.

Cae la arena despacio por el diminuto agujero,
el esplendor de la vasta mañana.
La luz del sol, indolente, infinita, cae.
Cae el amor, desolado, indirecto.

La atroz verdad convertida en sí misma,
la enormidad de una pequeña causa,
por el conducto mínimo,
inverosímilmente.
El horizonte interminable,
 la playa desierta.

Sobre mí que medito en la sombra
va cayendo muy leve, pausada
lluvia imperceptible:
una lluvia lenta de polvo exquisito
que con tacto y sutil cortesía
pone extraño, enigmático el mundo.
Polvo gris donde había otra cosa,
tan pequeña, y aún la sigues pidiendo.
Donde había una mano, una rosa.

Carlos Bousoño

23 de octubre de 2024

MUJER AJENA





¡Oh realidad sin gozo y sin aurora!
Era la noche entera entre tus brazos.
Yo te tenía y sostenía. Abrazos
nos daba el sufrimiento a cada hora.

Viví contigo una verdad. No llora
quien tiene que vivir tan duros lazos.
Era vivir, abrirse paso a hachazos
en una selva de impasible flora.

Con brazos rotos y partido pecho,
abrirse paso a hachazos. Consumida
así tu vida, amor de mi derecho.

Abrirse paso y ver ya sucumbida
toda esperanza en el sendero estrecho;
cerrado trecho a la cerrada vida.

Carlos Bousoño

22 de octubre de 2024

LA MAÑANA






Errante por la luz, en primavera
recóndita y azul y de oro y grana,
mi corazón recoge esta mañana
todo el amor que llueve en lisonjera

tempestad de frescor. La noche afuera.
Afuera el cierzo y la ansiedad lejana.
Se pone en pie la claridad temprana,
alza sus brazos, yergue su bandera,

grita su luz, avanza arrolladora
por la pradera vencedora y mueve
el árbol todo del espacio ahora.

Todo en el aire, luminoso, llueve,
gira, delira entre la luz sonora,
y allí suspira entre el follaje leve.

Carlos Bousoño


21 de octubre de 2024

VEN HACIA MI





Algo en mi sangre espera todavía.
Algo en mi sangre en que tu voz aún suena.
Pero no. Inútilmente yo te llamo.
Aquella voz que te llamaba es ésta.

Ven hacia mí. Mis brazos crecen, huyen
donde los tuyos la mañana aquella.
Ven hacia mí. La tierra toda oscila,
se mueve, cruje. Vístete. Despierta.

Oh, qué encendida el alma
en su secreto puro, si vinieras.
Sin esperanza, entre la luz del día,
mi voz te llama.
El eco. La respuesta.

Carlos Bousoño


20 de octubre de 2024

REFLEXIONES ULTIMAS






Mar en calma. Con energía
desafiante asume el reto
de entender la sabiduría
inmortal de quedarse quieto.

Más allá de pena y de goce,
¡infinitud en que te enrolas!,
el corazón, al fin, conoce
la ciencia de no tener olas.

La ciencia en que no vuela un ave
ni se escucha un sonido leve.
(Luego, sin nadie, el sueño grave.
Sin nadie, la estepa, la nieve.)

Carlos Bousoño

19 de octubre de 2024

SOSTENME TU






Sosténme tú... Sosténme en esta espuma,
en tan dudosa espuma, en tan extraño
vivir; en este sueño, en este engaño,
en esta incertidumbre, en esta bruma...

Pero me voy. Callada, cierta, suma,
me espera la deidad del rostro huraño,
y lentamente del vivir me extraño.
Hacia otra ley mi cuerpo que se esfuma.

Y tú, campo de amor... Y tú, levanta
tus ojos ciegos. Mírame de frente.
Yo no soy yo. Mi cuerpo ya me espanta.

Mírame bien. No soy aquél. Enfrente
está ya el mar. No soy, no soy... no canta
nada. No soy... Amor, escucha, tente...

Carlos Bousoño

18 de octubre de 2024

LA TRISTEZA







Tal vez el mundo sea bello,
cuando el sol claro lo ilumina,
pero yo sé que hay hombres tristes
como la lluvia gris y fría.

Yo sé que hay hombres sobre cuyas almas
pasó de Dios quizá la sombra un día.
Pasó, y hoy queda sólo ausencia
en donde la tristeza brilla.

Hombres tristes en todos los caminos
con la tristeza pensativa.

Tal vez la aurora sea pura,
el aire delicado, claro el día.
Mas muchos hombres hay como la lluvia
oscura e infinita.

Escúchame, Señor. Mi voz hoy sólo
tiene palabras de melancolía.
Sobre la tarde inmensa cae la lluvia
monótona, fría.

Carlos Bousoño

17 de octubre de 2024

Y TU QUE TANTO AMAS. TANTO RIES






Y tú que tanto amas, tanto ríes,
tanto adivinas y conoces tanto,
¿dónde el escudo para que te fíes,
dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?

¿Dónde el camino que no veo ahora?
Dímelo o llora y el mirar suprime.
¿Es ya la noche que no tiene aurora?
Dímelo, dime.

Y sin embargo tu vivir empaña
mi vivir con un vaho que es ternura,
que es caliente rumor que me acompaña
la noche oscura.

Y sin embargo con tu mano guías
y a tientas toco lo que apenas veo
y digo acaso para que sonrías
lo que no creo.

Y toco apenas y tu bulto aprendo
y torpe sigo lo que tú me indicas.
Lo que no miro, lo que no comprendo,
tú multiplicas.

Tú multiplicas, o quizás es tu invento
porque lo vea aunque quizá no exista.
Entre la noche de mi pensamiento
dulce es tu vista.

Dulce es tu vista, tu mirar risueño
que mira un llano donde estaba un monte
y que a mi alma de temblor pequeño
llamó horizonte.

Dulce es tu vista que miró aquel lago
y lo llamaba alegre mar bravío.
Tu generoso corazón es mago.
¡Lo fuese el mío!

Carlos Bousoño

16 de octubre de 2024

DESDE LA SOLEDAD






Desde aquí, solitario, sin ti, te escribo ahora.
Estoy sin ti y tu vida de mi vivir se adueña.
Yo quisiera decirte que en mi pupila mora
tu figurita tan leve como la luz pequeña.

Nunca supe decirte cómo tu amor es mío,
cómo yo no he mirado la realidad por verte,
y cómo al contemplarte yo me sentí vacío,
y cuánto yo he querido ser para merecerte.

Y cuánto yo he querido ser alcanzar, porque fuese
tu mirada orgullosa de haberme amado un día;
de haberse detenido sobre mí, sobre ese
corazón tan menudo que nadie lo veía.

Corazón tan menudo que tanto has conocido
en su mínimo acento que tu presencia nombra,
y que es dentro del pecho como un leve quejido,
como una mano leve que arañase una sombra.

Carlos Bousoño




15 de octubre de 2024

EL CICLON





Tú que me miras, mírame hasta el fondo.
Tú que me sabes, sábeme.
Porque falta muy poco, porque el tiempo
arrecia vendavales
que se llevan ventanas y gemidos,
besos, ruidos de calles,
este silbido agudo que ahora escuchas
en el vecino parque,
las nubes delicadas que se juntan
en los azules gráciles
y el corazón con que me miras hondo
queriendo acariciarme.

Nada puedes hacer. Nada podrías
hacer. Déjate suave.
Es más fácil así. Vayamos juntos,
llevados por el aire,
si envejeciendo en el ciclón horrible,
unidos, esenciales,
mirándonos al fondo de la vida
y viendo allí la imagen
de nuestros cuerpos paseando dulces
por huertos virginales....

Eras tan clara. Junto al aire tanto
te amé.... En la tristeza grave
tú me arrancabas la melancolía
como una espina aguda de la carne;
me acompañabas en las horas puras;
me rozabas tan suave
con tus dedos sutiles, con tu dulce
modo de acompañarme....

(...)Fuiste como una niebla, como un vaho
de amor, como un vapor imponderable
que me envolviese en cálidas vislumbres
las duras realidades,
y que después, pasadas las aristas
crudas, me rodease
y me dijese: -Existes en el mundo.
Ven ya hacia el mundo. Ámame.(...)

Carlos Bousoño


14 de octubre de 2024

ODAS CELESTES







No cantaré, no, la tristeza.
No puedo, no. No he de cantarla,
sino alegría que me sube
en una ola dulce y casta.

Me desarraigo de la tierra.
Voy como un sueño sin mañana.
Vivo en el aire, transparente.
Rozo en los vientos las montañas.

¿Quién puede verme sin delirio
como la suave luz del alba,
tocando leve el ancho cielo,
su ancha tersura delicada?

Vedme animar los bosques puros
y susurrar entre las cañas.
Sonido soy tan sólo, dicha
para las verdes, frescas ramas.

Carlos Bousoño


13 de octubre de 2024

EL AMANTE VIEJO






¡Amabas tanto...! Acaso
con amargura, acaso con tristeza
lo dijiste. ¡Amabas tanto! En el espejo
viste tu faz que se iba haciendo vieja,

y tomaste a decir: «...amor...» Soñabas,
y en la alta noche silenciosa y queda,
lejos se oía lento el rumor manso
de un agua que pasaba mansa y lenta.

Carlos Bousoño

12 de octubre de 2024

SALMO DESESPERADO






Como el león llama a su hembra, y cálido
al aire da su ardiente dentellada,
yo te llamo, Señor. Ven a mis dientes
como una dura fruta amarga.
Mírame aquí sin paz y sin consuelo.
Ven a mi boca seca y apagada.
He devorado el árbol de la tierra
con estos labios que te aman.

Venga tu boca como luz hambrienta,
como una sima donde un sol estalla.
Venga tu boca de dureza y dientes
contra esta boca que me abrasa.

Tengo amargura, brillo como fiera
de amor espesa y de desesperanza.
Soy animal sin luz y sin camino
y voy llamándola y buscándola.

Voy oliendo las piedras y las hierbas,
voy oliendo los troncos y las ramas.
Voy ebrio, mi Señor, buscando el agrio
olor que dejas donde pasas.

Dime la cueva donde te alojaste,
donde tu olor silvestre allí dejaras.
Queriendo olerte, Dios, desesperado
voy por los valles y montañas.

Carlos Bousoño

11 de octubre de 2024

ODA A LA CENIZA



 Fragmento



...Tú, mi compañero,
triste de acontecer,
tú que como yo mismo ansías lo que ignoras 
y tienes lo que acaso no sabes,
dame la mano en la desolación,
dame la mano en la incredulidad y en el viento,
dame la mano en el arruinado sollozo, 
en el lóbrego cántico.
Dame la mano para creer, puesto que tú no sabes,
dame la mano para existir
 puesto que sombra eres y ceniza,
dame la mano hacia arriba, hacia el vertical puerto,
hacia la cresta súbita.
Ayúdame a subir,
 puesto que no es posible la llegada,
el arribo, el encuentro.
Ayúdame a subir puesto que caes, 
puesto que acaso todo es posible en la imposibilidad,
puesto que tal vez falta muy poco 
para alcanzar la sed,
muy poco para coronar el abismo,
el talud hacia el trueno,
la pared vertical de la duda,
el terraplén del miedo.

Oh, dame la mano porque falta muy poco 
para saltar al regocijo,
muy poco para el absoluto reír y el descanso,
muy poco para la amistad sempiterna.
Dame la mano
Tú que como yo mismo ansías lo que ignoras 
y tienes lo que acaso no sabes,
dame la mano hacia la inmensa flor 
que gira en la felicidad,
dame la mano 
hacia la felicidad olorosa que embriaga,
dame la mano
 y no me dejes caer como tú mismo,
como yo mismo,
en el hueco atroz de las sombras.

Carlos Bousoño

10 de octubre de 2024

CAMINO







Aquí estás, camino de siempre,
hacia adelante, rota
la aspiración rosada, luna
que empalidece toda cosa.

Aquí estás y debes andar,
caminar como el agua absorta
por el torcido cauce, altos
los muros rojos, y a deshora.

Como el agua inmóvil transcurres
hacia un lejos, playa remota,
ya confusas historia y pena,
lejana la pena, la historia...

Carlos Bousoño

9 de octubre de 2024

ELEGIA





Te he dicho que los hombres no contemplan
el puro río que pasa,
la dulce luz que invade las riberas
cuando fluye hacia el mar el agua casta.

Te he dicho ayer...Y yo veo ahora
fluyendo dulce hacia la mar lejana,
mientras los hombres ciegos, ciegamente
se embisten con furor de piedra helada.

Con desolada luz vas olvidado,
pero yo te contemplo, agua irisada,
silente amigo, y veo mi figura
triste, mirándose en tus aguas.

Amigo solitario:
esto te digo mientras pasas.
Repite luego mi voz triste
allá en las rocas desoladas.

Porque has de ver tierras estériles
y muertos sin remedio ni esperanza.

Carlos Bousoño