13 de febrero de 2019
TORRE DE MARFIL
5 de febrero de 2019
TU AMOR ES UN MARTIRIO
14 de diciembre de 2018
SILENCIOSAMENTE
8 de diciembre de 2018
NECESITA LLORAR
29 de noviembre de 2018
RESIGNACION
14 de noviembre de 2018
EL RETORNO
6 de noviembre de 2018
BIENAVENTURADOS
2 de noviembre de 2018
LA MUERTE PASA
12 de octubre de 2018
MIRAME SULTANA
25 de septiembre de 2018
JARDINES DE SILENCIO
8 de noviembre de 2009
CARRETERO

Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
y, en la cimera de un pino,
¡un pájaro está rimando
el Madrigal de su trino...!
-¡Carretero! ¡Carretero,
que vas alegre cantando
por el polvoso camino!
¡Preciso es ir más ligero
que tu ausencia está penando
la chica de tu vecino...!
¿Qué si la vi...? ¿cómo...? ¿cuándo...?
¡Al pasar...! Estaba echando
granos de oro en el molino,
y, por tu ausencia penando,
con los ojos escrutando
la cinta gris del camino...!
Dichoso tú, carretero,
que por más que llegues tarde,
siempre hallarás quien te guarde,
...¡Dichoso tú, carretero...!
¡Yo voy por este camino,
caminando... caminando...
sin saber cómo ni cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...!
Yo no tengo quien me quiera
como a ti... ¡qué triste es eso...!
¡Yo no sé lo que es un beso
de la Novia pasajera,
que se brinda con sonrojos
y que embriaga como el vino,
ni he soñado con la espera
de una linda molinera,
que interroga con los ojos
el misterio del camino...!
¡Yo no sé lo que es un beso...!
-¡Qué triste... qué triste es eso...!
Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
Yo estoy, a solas, pensando,
cómo y cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...
...y, en la cimera de un pino,
¡sigue un pájaro rimando
el Verso Azul de su trino!
Rubén C. Navarro
29 de octubre de 2009
EL CRISTO DE MI CABECERA

Cuando estaba solo... solo en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña,
cuya cumbre, ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes... y tocar el cielo;
cuando sollozaba con el desconsuelo
de que mi Pastora - más que nunca huraña-
de mi Amor al grito nada respondía;
cuando muy enfermo de Melancolía,
una voz interna siempre me decía
que me moriría
si su almita blanca para mí no fuera,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque me quisiera...!
¡porque me quisiera...!
Cuando nos unimos con eternos lazos
y la pobrecita me tendió sus brazos
y me dio sus besos y alentó mi Fe;
cuando en la capilla de la Virgen Pura
nos bendijo el Cura
y el encanto vino y el dolor se fue...;
cuando me decía
loca de alegría
que su vida toda para mí sería...
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque prolongara nuestra Primavera...!
...¡Porque prolongara nuestra Primavera...!
Cuando sin amparo me dejó en la vida
y en el pobre lecho la miré tendida;
cuando até sus manos, que mostraban una
santa y apacible palidez de luna
y corté su hermosa cabellera bruna,
que en el fondo guardo de mi viejo arcón;
cuando, con el alma rota en mil pedazos,
delicadamente la tomé en mis brazos
para colocarla dentro del cajón;
cuando muy enfermo de melancolía,
una voz interna siempre me decía
que ya ¡nada! me consolaría,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque de mis duelos compasión tuviera...!
...¡Porque de mis duelos compasión tuviera...!
*
Hoy que vivo solo... solo en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña,
cuya cumbre ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes y besar el cielo;
hoy que por la fuerza del Dolor, vencido,
busco en mi silencio mi rincón de Olvido;
mustias ya las flores de mi Primavera;
triste la Esperanza y el Encanto ido;
rota la Quimera,
muerta la Ilusión...
...¡ya no rezo al Cristo de mi cabecera...!
¡Ya no rezo al Cristo ... que jamás oyera
los desgarramientos de mi corazón...!
Ruben C. Navarro
29 de noviembre de 2007
TABERNERO
¡Tabernero! ¡Voy de paso!
¡Dame un vaso
de tu vino
que me quiero emborrachar,
para dejar de pensar
en este cruel destino,
que me hiere sin cesar ...!
¡Tabernero, dame vino,
del bueno para olvidar ...!
Tú que a todos envenenas
con tu brebaje maldito,
¿cómo quieres comprender
lo infinito
de las penas
que da al morir un querer?
¡Acaso nada te apura
porque tienes la ventura
de tener
na dulce compañera
que te espera,
sin saber
que algún día no lejano,
se irá con rumbo al Arcano,
para nunca más volver ...!
Yo también tuve un amor,
que fue grande, ¡quizá tanto
como lo es hoy mi dolor!
y también sentí el encanto
de una boca perfumada,
que en la frente y en los ojos
y en los labios me besó!
¡Yo también tuve mi amada;
pero ... ya no tengo nada
porque Dios me la quitó ...!
Ya ves qué amargo es el destino
que me hiere sin cesar.
¡Tabernero ... dame vino ...
del bueno ... para olvidar ...!
Rubén C. Navarro
12 de abril de 2007
SIRVE MAS VINO

a ver si esta noche logras aturdirme el corazón...
¿Alegre? pues estar quiero más alegre, mucho más,
que no sepa que estoy triste, que no lo sepa jamás...
¿Que si la quise? con fiebre... ¿que si la quiero? no sé...
¿Que si me engaña? no hablemos de esas cosas... ¿para qué?
¿Hermosa? Como los ángeles... ¿buena? Como ellos también...
¿Que donde está? No sé donde, no sé donde ni con quién...
¿Lágrimas? Vaya... ¡de veras!, ¡pero no son de pesar!
es el humo del cigarro que me está haciendo llorar.
Sirve más vino, muchacha, más vino para los dos,
que si te quiero y me quieres, pues a gozar, vive Díos.
Siéntate aquí, en mis rodillas, clava tus ojos en mí,
háblame de amor, y dime que ya de amor te perdí;
jura como juran todas guárdame fidelidad,
y dame un beso tan largo que dure una eternidad.
¿Lágrimas? Vaya... ¡de veras!, ¡pero no son de pesar!
Es el humo de este vino que me está haciendo llorar.
Tú no sabes lo que es esto de soñar y de soñar
en un amor imposible que no puedes alcanzar,
triste amor que te condena con razón o sin razón
a vivir siempre callando los gritos del corazón.
Dame más vino, muchacha, quiero beber más y más,
que no sepa que estoy triste, que no lo sepa jamás.
¿Lágrimas? Vaya... ¡de veras!, ¡pero no son de pesar!
es el humo del recuerdo que me está haciendo llorar...
Rubén C. Navarro
1 de octubre de 2006
AL CABALLERO DON QUIJOTE

Señor Don Quijote: ¡Dame tu armadura,
tu lanza y tu escudo, tu fuerza y tu honor!...
Quiero por el mundo pasear mi locura,
mientras la sobrina y el ama y el cura
queman los infolios de andanza y de amor.
Desque tú faltaste, no ha cesado el ruego
de los que padecen injusta opresión...
Desque tú faltaste ¡glorioso Manchego!
¡tras cada soldado se oculta un borrego!
¡tras cada nobleza se oculta un follón!...
En el siglo XX, señor, es un hecho
que estamos a obscuras, pudiendo hcer luz;
que a muchos nos dejan sin pan y sin techo;
¡que en nombre de Temis se viola el derecho
y en nombre de Cristo nos cargan
Señor: ¡Yo he leído tus mismas lecturas!...
Señor: ¡Yo padezco tus melancolías!...
¡Ya me malfirieron tus malaventuras!....
¡Ya me contagiaron tus hondas locuras!...
¡Ya me enloquecieron tus caballerías!
Yo iré por el mundo, sin abrir los labios,
mas que cuando deba predicar el bien...
Todos tus consejos guardaré, por sabios,
y será mi anhelo desfacer agravios
¡aunque nunca sepa ni en dónde, ni a quien!...
Tendré rocinante y un buen escudero
que conmigo parta ventura y dolor...
velaré mis armas y el señor ventero
podrá, sin reservas, armar caballero,
a quien ha mostrado pujanza y valor...
Al rayar el alba, tomaré el camino,
por el cual acaso tornaré después...
Mediré mis armas con el vizcaíno,
¡y no habrá en mi senda gigante o molino
que ignore que valgo lo menos por tres!...
Sabrá mis fazañas la gentil Señora
Doña Dulcinea de mi corazón...
seréle, mañana, tan fiel como agora,
y arderá mi sangre -castellana y mora-
cuando me bendiga desde su balcón...
A todas las dichas, la dicha prefiero
de ser mitad indio, mitad español;
seguir por mi ruta de buen caballero;
¡y tener la gloria de templar mi acero
en la roja lumbre de un gran horno: El Sol!...
Si es "Barataria" por mí conquistada,
fungirá el buen Sancho de Gobernador...
¡Nada tengo ahora, ni pretendo nada!
Y ansí no diredes: "Alonso Quijada
Cambió por doblones quimeras de amor!..."
Ni en las malandanzas cambiaré mi empeño
de amparar doncellas y vencer el mal...
Nunca, ni por nada, cambiaré mi ensueño;
y en el rocinante y en el clavileño,
iré tras el mismo lejano ideal...
Después... malferido, sin yelmo, sin lanza;
con el desaliento de inútil bregar;
sin ansia de honores, ni honor de alabanza,
volveré al terruño, con una esperanza;
¡Ya nunca en la vida sentir ni pensar!
Cuando por mí venga la muerte, no quiero
marchar conociendo la austera verdad;
que si la locura me armó caballero,
¡Caballero y loco tomaré el sendero
-fatigoso y largo- de la eternidad!...
Al fin otros muchos leerán tus lecturas;
llorarán, acaso, tus melancolías;
y enfermos de todas tus hondas locuras,
irán por el mundo, buscando aventuras,
dignas de tus glorias de caballerías...
Mas... agora, dame, señor, tu nobleza;
tu vieja armadura, tu lanza y tu honor...
Quiero por la vida llevar mi tristeza,
mientras Dulcineas, sollozando, reza
por su caballero... ¡paladín de amor!
Rubén C. Navarro
1 de septiembre de 2006
EL VIEJO ROMANCE

Era una noche serena,
y era en el mes de las flores...
(Yo no conocía la pena,
porque la vida era buena
y eran buenos los amores...)
... y aquella noche serena,
toda azul y toda plena
de luceros tembladores,
borracho de miel de amores
y en brazos de mi morena,
yo sentí que el alma buena
se me cuajaba de flores,
y que la noche serena
-¡toda azul!- estaba llena
de cantos de ruiseñores...
Estaba la callecita
de su barrio, tan solita
y tan triste, con sus viejas
casonas, de duras rejas
y de portones ferrados
con su luna en los tejados
y con los muros blanqueados;
con su encanto y su misterio
y su paz de cementerio,
y su farol que ilumina
el hidrante de la esquina
de construcción vieja y rara,
que destila sin cesar
un chorrito de agua clara
que no deja de cantar...
Yo, enamorado y sencillo,
con el alma enternecida
rebosante de ilusiones,
junto a la reja florida
tocaba en el organillo
serenatas y canciones
para la novia dormida...
Esa noche, los luceros
brillaban más y mejor;
parecían pebeteros
los jazmineros en flor;
...y yo, sediento de amores,
en brazos de mi morena,
sentí que la vida buena
se me inundaba de flores,
y que mi alma estaba llena
de trinos de ruiseñores...
Hoy... ¡Corazón dolorido!
¡Pobre corazón desierto,
aunque parezcas dormido,
yo sé que estás casi muerto...!
Tus ilusiones de ayer,
murieron una por una;
para nunca más volver,
se fue tu buena fortuna;
... ¡y hasta la linda mujer
que amaste como a ninguna,
se diluyó con la luna
en aquel amanecer...!
¡Es mejor que no pensemos
en las venturas de ayer...!
...¡Ay, corazón, olvidemos...!
Al fin... ¡qué vamos a hacer...!
Rubén C. Navarro









