CafePoetas es un Blog sin animo de lucro donde se rinde homenaje a poetas de ayer, hoy y siempre.

27 de junio de 2026

EL PAN DE CADA SOMBRA







I. 

Esta costumbre,
esta grave costumbre de perderse
al momento en que hilos,
hojas lanceoladas,
tenues luces
de rostros
se deslíen
y cuerpos se borran
como en una vieja fotografía.

Hacienda, pan,
todo guarda su nombre bajo la sombra.

Siete vados antes de entrar a la ciudad
aún esparcen su mancha neblinosa.


II. 

Ruinas, nogales, sicomoros
desmoronándose en mis manos,
y entre huellas
el asomo de un lugar.

Espeso polvo, cordilleras,
nocturno el cañón
donde los gansos blancos de Babícora
esparcen la ceniza que dejaste enterrada en el Chuvíscar,
en la distancia que llamamos cercana indiferencia,
sus múltiplos sumándose a la trayectoria de tus días.

El eco de tus lamentos entre muros,
la soledad que ciñó tu muerte,
mito de noches y distancia,
certeza de lo que no es.


III. 

Arde la aurora,
alumbra la ciudad en ruinas,
el corredor de ancha bóveda,
los caminos de tierra,
el pantanoso piso de la caverna;
y buscas en tu cuerpo
ese cuerpo
extraviado
que se hunde.


IV. 

De noche las persianas,
los sueños
alejando su frente,
el vino que aromó la mesa,
el mediodía;
él era el mediodía,
la morada,
el sueño de quien ve doblemente en los espejos;
y en ese sueño el alarido,
la cuerda que nos ata
de los crepúsculos
a la contemplación.
Hablará de tu luz, alas de hielo
devolviéndome el canto,
la fuerza de los años
sostenida
en un atril.


V. 

Qué lugar es éste en el que habito
de hojas y penumbra presentir.
El polvo sella
el hambre del recuerdo…
Cae la noche
entre el silbido de los trenes.
Vestida de novia
la muñeca
de la hacienda va
por el pasillo oscuro.


VI. 

Orlas, círculos en la arcada central.
El amor desciende sobre el imperio de la cera,
alumbra el pan de cada sombra,
las tardes de manganeso,
la puerta en la balaustrada
que abre al mar
de tu borrasca.

Vuelve a tu cuerpo lo marmóreo azuloso
de raíz
y desde el techo antorchas
cuando el agua del corazón adormece.

La sequía adelanta una luz
y su palabra,
al centro,
como una gran copa de alabastro.


VII. 

Desde lo alto del jardín
el ocelote;
desde lo alto la columna,
el blandor de la hierba,
la sal,
la blanquísima túnica del olvido;
devastada ciudad, salutación del mago
que de lejos aproxima
el resplandor,
el invierno que adivinas
y hiere
–su cobija de escarcha.

Junto al mar,
en el risco
donde los pelícanos duermen,
una reja sobre tu rostro,
una casa vacía
entre la cresta y la baja marea.


VIII. 

Jardín donde la rosa desgajó sus pétalos
sobre altos aleros de ébano;
las demitasses bajo el péndulo,
el piano, su macramé
deshaciéndose
entre gasas y azogues de espejo.

Un eco apenas luz
arde
en el recinto de azulejos.


IX.

 La pileta al centro,
los adobes, la acequia
donde flotan nardos:
cóndores que se hunden
en la niebla;
la pérgola, el vino puesto,
la silenciosa sal,
el pozo oscuro de palomas,
la lluvia contra gastados cristales,
velas que resplandecen,
remota luz que enciende
el pasado a la mesa.


X. 

Tres blancos potrillos se alejan…
La materia del deseo
gastada en la precisión de tus infinitos cálculos
es la noche rumiando
la dimensión del fruto,
breve en la mano abierta del invierno
sobre el blandor del pasto.
La materia del deseo,
su precisión de infinito,
es la noche,
esta noche rumiando
mi dimensión de fruto.


XI. 

Entre aleros y campanas,
rezos y palomas se extienden
a lo largo de la calle.
Y la madre, abismada
en su ajetreo de alacenas,
en su ir y venir
por el negro lienzo,
por el negro día
donde la hierba fenece.
Los aleros se desploman
como palomas muertas.
Así van sumándose las horas,
el crujir de la madera,
las sombras de los sicomoros
en medio de un silencio,
en medio de un vacío
que recorre tu espalda;
sumándose las horas,
largas horas de este invierno
que enmohece.
Mas la malla resguarda el jardín
entre azulejos.
Aquella edad
aún pende de la rama,
pájaro enfermo
que al anochecer
se abre al caudal
de una nostalgia que crece.


XII. 

Dos ibis sosteniendo el tiempo,
cielos para que al menos
un instante pudiéramos soñar.
Luego, los altos montes,
atolones circundando la isla,
esa limitación tatuada
de faro
y llaga de raíz,
esa perpetua gaviota perdida entre los riscos,
esa raíz oscura de lago mudo y órbita violeta.
¡Oh madre! La muerte en tus manos
y en el orto
las rosas abiertas
hacia la copa del ébano,
urnas que alumbran la levedad.
Y en el principio el Amor con sus alas rojas
sucediéndose
sobre láminas de cobre
que su piel desprenden.
Fuego, manos,
marchitan esta grave costumbre
de rostros que se deslíen
y cuerpos que se borran como en una vieja fotografía.

Hacienda, pan,
todo guarda su nombre bajo la sombra.

Jeannette Clariond


26 de junio de 2026

LAS PEQUEÑAS PALABRAS






Decías tú palabras
íntimas, silenciosas.

Palabras que se dicen
del amor al amor,
de una boca a otra boca.

El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
memorables, dichosas.

Las hazañas diarias,
ilusiones del día,
las más pequeñas cosas;
palabras compartidas,
útiles, generosas.

El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
-otras no he de decir-
durarán como rocas.

Alfonso Costafreda

25 de junio de 2026

APLASTAMIENTO DE LAS GOTAS







Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. 
Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, 
aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, 
que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. 
Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana,
 se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, 
va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae.
Está prendida con todas las uñas,  no quiere caerse 
y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, 
ya es una gotaza que cuelga majestuosa 
y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, 
brotan en el marco y ahí mismo se tiran, 
me parece ver la vibracióndel salto, sus piernitas desprendiéndose 
y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse.
Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortázar

24 de junio de 2026

Y DE DIOS ¿QUE MAS PUEDO DECIR?







Y de Dios ¿qué más puedo decir
que Él no lo sepa? Casta soy
pero no hasta el delirio.
Me preocupé (como muchos)
por los pobres del reino.
Y veo como todos
el paso de la nave de los muertos.
Y temo. Y bebo valeriana.
Recíbeme con calma, mi Señor.

Antonio Cisneros

23 de junio de 2026

EL SILENCIO






No puedo hablar; aunque quisiera
no puedo hablar con alegría.
¿Qué he de decir? Ni tan siquiera
presentar puedo una página limpia.
No puedo hablar, sólo tinieblas crecieran
sobre la hierba maldita.
He de callar, pero yo diera
mi vida.

Alfonso Costafreda

22 de junio de 2026

EN LAS AGUAS DE LO OSCURO







Rompe nave y orilla
y se sumerge.
Da de sí
lo que de sí no tiene.
Corazón náufrago:
desatas nubarrones
y sumerges
oscuramente
el Alto Techo.

Jeannette Clariond


21 de junio de 2026

ESTE CAMPO TAN ANCHO




Campo de La Mancha


Este campo tan ancho
viste la desnudez
que tú anhelabas.
Mirándolo descubres
lo que eres
cuando logras librarte
de todas las montañas,
los ríos y los árboles
que impiden ver en ti
más allá del paisaje,
de todos los paisajes.

Jose Corredor Matheos

20 de junio de 2026

MARINA





Para Tito Flores Galindo


Un guardacaballo gigantesco reposa sobre el techo de mi casa.
Sombra contra la luz y los cangrejos calientes del cantil. Es la frontera.

Más allá sólo existen la China y el Japón (suelo decir)
aunque en verdad primero están los montes de coral.
Y antes todavía

una recua de islotes en naufragio / blancos y viejos como
esta misma orilla. Finisterre.

Las lizas argentadas y las lomas remontan la corriente de las aguas servidas.
Y los pubis son agrios bajo el peso de las moscas zumbonas.

Banda del mar Pacífico que ninguno codicia. Una casa rosada,
sus florones de yeso y un reloj.

Aquí estoy, en el límite exacto de la tierra. Las ratas del cantil
son como acacias abiertas por la sal.

Finisterre. Los cirros y los cúmulos descienden en tropel de Pacasmayo
y se demoran en el aire del Sur.

La isla del Frontón se bambolea como una vaca muerta a la puesta del sol.
Y nada resta.

Vuela el guardacaballo sobre las olas. Se disuelve el paisaje y los navíos
evitan esta costa imaginaria.


Antonio Cisneros

19 de junio de 2026

RECUERDO AQUEL PASEO






Recuerdo aquel paseo
solitario
en que sólo el silencio
era lo que alcanzaba
a oír entre las hojas,
y podía sentirme
como un árbol,
sentirme como un pájaro.
y recuerdo también
un único paseo
acompañado,
hace ya mucho tiempo.
No puedo recordar
quién pisaba las hojas
a mi lado.

Jose Corredor Matheos

18 de junio de 2026

ELLA QUISO SEGUIRTE









Ella quiso seguirte, encerrada en su sueño
arañaba las puertas para que tú la oyeras,
para que respondieras a gritos te llamaba.

Su palabra vencida, se sentó gravemente
como si un pensamiento profundo la ocupara,
y entre su propia sangre fue entretejiendo sombras,
en su fe, en su armonía, en su sustancia humana.

Nosotros confundidos, ella hacia ti, sin rumbo. ..
En medio de dos mundos total desorientada.

Late su pulso aquí, su memoria en tu nada.

Alfonso Costafreda