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9 de julio de 2020

LA TRAE UNA PALOMA



Corazón, melifica en ti el ácimo
fruto del mundo, y de dolor llagado,
aprende a ser humilde en el racimo
que es de los pies en el lagar pisado.


Por tu gracia de lágrimas el limo
de mi forma será vaso sagrado,
verbo de luz la cárcel donde gimo
con la sierpe del tiempo encadenado.


¡Alma lisiada, negra arrepentida,
arde como el zarzal ardió en la cumbre!
¡Espina del dolor, rasga mi vida


en una herida de encendida lumbre!
¡Dolor, eres la clara amanecida,
y pan sacramental es tu acedumbre!



Ramón Maria del Valle Inclan

8 de julio de 2020

EPÍSTOLA DEDICADA A ORTELIO





Desde el centro de aquestas soledades, 
gratas al que conoce las verdades, 
gratas al que conoce los engaños 
del mundo, y aprovecha desengaños, 
te envío, amado Ortelio, fino amigo, 
mil pruebas del descanso que consigo. 

Ovidio en tristes metros se quejaba 
de que la suerte no le toleraba 
que al Tíber con sus obras se acercase, 
sino que al Ponto cruel le destinase; 
mas lo que de poeta me ha faltado 
para llegar de Ovidio a lo elevado, 
me sobra de filósofo, y pretendo 
tomar las cosas como van viniendo. 

Oh, ¡cómo extrañarás, cuando esto veas, 
y sólo bagatelas aquí leas, 
que yo criado en facultades serias, 
me aplique a tan ridículas materias! 
Ya arqueas, ya levantas esas cejas, 
ya el manuscrito de la mano dejas, 
¿por qué dejas los puntos importantes? 
y dices: «Por juguetes semejantes, 
¡No sé por qué capricho tú te olvidas 
materias tan sublimes y escogidas! 

¿Por qué no te dedicas, como es justo, 
a materias de más valor que gusto? 
Del público derecho, que estudiastes 
cuando tan sabias cortes visitastes; 
de la ciencia de Estado y los arcanos 
del interés de varios soberanos; 
en la ciencia moral, que al hombre enseña 
lo que en su obsequio la virtud empeña; 
de las guerreras artes que aprendistes 
cuando a campaña voluntario fuistes; 
de la ciencia de Euclides demostrable, 
de la física nueva deleitable, 
¿no fuera más del caso que pensaras 
en escribir aquello que notaras? 

¿Pero coplillas, y de amor? ¡Ay triste! 
Perdiste el poco seso que tuviste». 
¿Has dicho, Ortelio, ya cuanto, enfadado, 
quisiste a este pobre desterrado? 
Pues mira, ya con fresca y quieta flema 
te digo que prosigo con mi tema. 

De todas esas ciencias que refieres 
(y añade algunas otras si quisieres), 
yo no he sacado más que lo siguiente: 
escúchame, por Dios, atentamente; 
mas no, que más parece lo que digo 
relación, que no carta de un amigo. 
de todas las antiguas más hermosa, 
el primero dirá con claridades 
por qué dejé las altas facultades, 
y sólo al pasatiempo me dedico; 
que los leas despacio te suplico, 
y si conoces que razón me sobra, 
calla, y no juzgues que es tan necia mi obra. 

Pero si acaso omites este asunto, 
y la crítica pasas a otro punto, 
cual es el que contiene la obra mía 
faltas contra la buena poesía, 
Conozco tu razón, mas oye atento; 
con Ovidio respondo a tu argumento: 
Siqua meis fuerint, ut erunt, vitiosa libellis, 
Excusata suo tempore, lector, habe. 
Exul eram; requiesque mihi non fama petita est; 
Mens intenta suis ne foret usque malis. 

Significa (y perdona la osadía 
de interpretar de Ovidio la armonía, 
porque en la traducción es consiguiente 
que pierda la dulzura competente, 
como sucede a todos los autores 
en manos de mejores traductores): 
El tiempo en que esta obra yo compuse, 
las faltas que hallarás, lector, excuse. 
Quietud busqué, no fama, desterrado, 
por distraer a mi alma del cuidado. 

Adiós.


Jose Cadalso Vasquez

7 de julio de 2020

YO OS PROMETÍ MI LIBERTAD QUERIDA







Yo os prometí mi libertad querida,
no cautivaros más, ni daros pena;
pero promesa en potestad ajena,
¿cómo puede obligar a ser cumplida?


Quien promete no amar toda la vida
Y en la ocasión la voluntad enfrena,
saque el agua del mar, sume su arena,
los vientos pare, lo infinito mida.


Hasta ahora con noble resistencia
las plumas corto a leves pensamientos
por más que la ocasión su vuelo ampare.


Pupila soy de amor; sin su licencia
no pueden obligarme juramentos.
Perdonad, voluntad, si los quebrare.


Tirso de Molina






6 de julio de 2020

SONETO AMOROSO







Si dios eres, Amor, ¿cuál es tu cielo?
Si señor, ¿de qué renta y de qué estados?
¿Adónde están tus siervos y criados?
¿Dónde tienes tu asiento en este suelo?


Si te disfraza nuestro mortal velo,
¿cuáles son tus desiertos y apartados?
Si rico, ¿do tus bienes vinculados?
¿Cómo te veo desnudo al sol y al yelo?


¿Sabes qué me parece, Amor, de aquesto?
Que el pintarte con alas y vendado,
es que de ti el pintor y el mundo juega.


Y yo también, pues sólo el rostro honesto
de mi Lisis así te ha acobardado,
que pareces, Amor, gallina ciega.


Francisco de Quevedo


5 de julio de 2020

LA DULCE BOCA QUE A GUSTAR CONVIDA






La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no envidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

amantes, no toquéis, si queréis vida;
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas, que la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;

¡manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno!


Luis de Gongora y Argote

4 de julio de 2020

LA MONA CORRIDA



El autor a sus versos


 Fieras, aves y peces 
 Corren, vuelan y nadan, 
 Porque Júpiter sumo
 A general congreso a todos llama. 

Con sus hijos se acercan, 
Y es que un premio señala
 Para aquel cuya prole 
En hermosura lleve la ventaja.

 El alto regio trono 
La multitud cercaba,
 Cuando en la concurrencia
 Se sentía decir: la Mona falta.

 Ya llega, dijo entonces 
 Una habladora urraca,
 Que, como centinela, 
En la alta punta de un ciprés estaba.

 Entra rompiendo filas,
 Con su cachorro ufana, 
 Y ante el excelso trono 
 El premio pide de hermosura tanta.

 El dios Júpiter quiso, 
Al ver tan fea traza,
 Disimular la risa, 
 Pero se le soltó la carcajada.

 Armóse en el concurso 
 Tal burla y algazara, 
Que corrida la Mona, 
A Tetuán se volvió desengañada.
 ¿Es creíble, señores, 
Que yo mismo pensara
 En consagrar a Apolo 
 Mis versos, como dignos de su gracia? 

 Cuando, por mi fortuna, 
Me encontré esta mañana,
 Continuando mi obrilla, 
 Este cuento moral, esta patraña, 
 Yo dije a mi capote:
 ¡Con qué chiste, qué gracia
 Y qué vivos colores 
El jorobado Esopo me retrata! 

 Mas ya mis producciones
 Miro con desconfianza,
 Porque aprendo en la Mona
 Cuánto el ciego amor propio nos engaña.


Felix Maria Samaniego

3 de julio de 2020

VISION





¿Acaso fue en un marco de ilusión, 
en el profundo espejo del deseo, 
o fue divina y simplemente en vida 
que yo te vi velar mi sueño la otra noche? 


En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, 
taciturno a mi lado apareciste 
como un hongo gigante, muerto y vivo, 
brotado en los rincones de la noche 
húmedos de silencio, 
y engrasados de sombra y soledad. 


Te inclinabas a mí supremamente, 
como a la copa de cristal de un lago 
sobre el mantel de fuego del desierto; 
te inclinabas a mí, como un enfermo 
de la vida a los opios infalibles 
y a las vendas de piedra de la Muerte.


Te inclinabas a mí como el creyente 
a la oblea de cielo de la hostia... 
-Gota de nieve con sabor de estrellas 
que alimenta los lirios de la carne, 
chispa de dios que estrella los espíritus.
Te inclinabas a mí como el gran sauce 
de la melancolía 
a las hondas lagunas del silencio; 
te inclinabas a mí como la torre 
de mármol del orgullo, 
minada por un monstruo de tristeza, 
a la hermana solemne de su sombra...


Te inclinabas a mí como si fuera 
mi cuerpo la inicial de tu destino 
en la página oscura de mi lecho; 
te inclinabas a mí como al milagro 
de una ventana abierta al más allá. 
¡Y te inclinabas más que todo eso! 


Y era mi mirada una culebra 
apuntada entre zarzas de pestañas, 
al cisne reverente de tu cuerpo. 
Y era mi deseo una culebra 
glisando entre los riscos de la sombra 
a la estatua de lirios de tu cuerpo! 


Tú te inclinabas más y más... y tanto, 
y tanto te inclinaste, 
que mis flores eróticas son dobles, 
y mi estrella es más grande desde entonces. 
Toda tu vida se imprimió en mi vida... 


Yo esperaba suspensa el aletazo 
del abrazo magnífico; un abrazo 
de cuatro brazos que la gloria viste 
de fiebre y de milagro, será un vuelo! 
Y pueden ser los hechizados brazos 
cuatro raíces de una raza nueva: 


Y esperaba suspensa el aletazo 
del abrazo magnífico...
¡Y cuando, 
te abrí los ojos como un alma, y vi 
que te hacías atrás y te envolvías 
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!


Delmira Agustini

2 de julio de 2020

AL TRAMONTAR DEL SOL, LA NIÑA MÍA



Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.

Ondeábale el viento que corría
el oro fino con error galano,
cual verde hoja del álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

mas luego que ciñó sus sienes bellas
dé los varios despojos de su falda
término puesto al oro ya la nieve,

juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve.


Luis de Gongora y Argote

1 de julio de 2020

FLUCTUANDO EN LOS CABELLOS DE LISI





En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso,
su amor ostenta, su vivir apura;
Icaro en senda de oro mal segura
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix, encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico, y pobre en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.


Francisco de Quevedo

30 de junio de 2020

COMUNICACIÓN DE AMOR INVISIBLE POR LOS OJOS





Si mis párpados, Lisi, labios fueran,
besos fueran los rayos visuales
de mis ojos, que al sol miran caudales
águilas, y besaran más que vieran.

Tus bellezas, hidrópicos, bebieran,
y cristales, sedientos de cristales;
de luces y de incendios celestiales,
alimentando su morir, vivieran.

De invisible comercio mantenidos,
y desnudos de cuerpo, los favores,
gozaran mis potencias y sentidos;

mudos se requebraran los ardores;
pudieran, apartados, verse unidos,
y en público, secretos, los amores.


Francisco de Quevedo