CafePoetas es un Blog sin animo de lucro donde se rinde homenaje a poetas de ayer, hoy y siempre.

14 de abril de 2021

EL PERRO DE SAN ROQUE



Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo
que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo.
A medida que vivo ignoro más las cosas;
no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas,


Sólo estuve sereno, como en un trampolín,
para saltar las nuevas cinturas de las Martas
y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas
a un talle de caricias ideado por Merlín.


Admiro el universo como un azul candado,
gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta,
veo arriba el misterio de un único cometa
y adoro en la Mujer el misterio encarnado.


Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él.
Los siglos son en mi alma rombos de una pelota
para la dicha varia y el calosfrío cruel
en que cesa la media y lo crudo se anota.


He oído la rechifla de los demonios sobre
mis bancarrotas chuscas de pecador vulgar,
y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar
con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre.


Mi carne es combustible y mi conciencia parda;
efímeras y agudas refulgen mis pasiones
cual vidrios de botella que erizaron la barda
del gallinero contra los gatos y ladrones.


¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes:
he besado mil bocas, pero besé diez frentes!


Mi voluntad es labio y mi beso es el rito...
¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces;
como el can de San Roque, ha estado mi apetito
con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!


Ramón Lopez Velarde

AMANTES





Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.


Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.


Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,


un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.



Baldomero Fernandez


13 de abril de 2021

EL CORDERO Y EL LOBO

Cordero, Ovejas, Lindo, Schäfchen, Animales

Uno de los corderos mamantones, 
 Que para los glotones
 Se crían, sin salir jamás al prado, 
 Estando en la cabaña muy cerrado, 
 Vio por una rendija de la puerta 
 Que el caballero Lobo estaba alerta, 
 En silencio esperando astutamente 
 Una calva ocasión de echarle el diente. 


 Mas él, que bien seguro se miraba, 
 Así lo provocaba: 
Sepa usted, señor Lobo, que estoy preso, 
Porque sabe el pastor que soy travieso; 
 Mas si él no fuese bobo,
 No habría ya en el mundo ningún Lobo.
 

Pues yo corriendo libre por los cerros,
 Sin pastores ni perros, 
Con sólo mi pujanza y valentía 
 Contigo y con tu raza acabaría. 


 Adiós, exclamó el Lobo, mi esperanza
 De regalar a mi vacía panza.
 Cuando este miserable me provoca 
 Es señal de que se halla de mi boca 
 Tan libre como el cielo de ladrones.
 Así son los cobardes fanfarrones, 
Que se hacen en los puestos ventajosos 
 Más valentones cuanto más medrosos.


Felix Maria Samaniego

LA PARTIDA





CANTATA 


¡Adiós, amada, adiós! llegó el momento
del pavoroso adiós... mi sentimiento
dígate aqueste llanto... ¡ay! ¡el primero
que me arranca el dolor! ¡Oh, Lesbia mía!

No es tan solo el horror de abandonarte
lo que me agita, sino los temores
de perder tu cariño: sí; la ausencia
mi imagen borrará, que en vivo fuego
grabó en tu pecho amor... Eres hermosa,
y yo soy infeliz!... En mi destierro
viviré entre dolor, y tu cercada
en fiestas mil de juventud fogosa,
que abrasará de tu beldad el brillo,
me venderás perjura,
y en nuevo amor palpitará tu seno,
olvidando del mísero Fileno
la fe constante y el amor sencillo.

Sumido en pesares,
y triste y lloroso,
noticias ansioso
de ti pediré:
y acaso diranme
con voz dolorida:
Tu Lesbia te olvida
tu Lesbia es infiel.

Yo te ofendo, adorada: sí; perdona
a tu amante infeliz estos recelos.
¿Cuándo el que quiso bien no tuvo celos?
tú sabrás conservar con fiel cariño
de tu primer amante la memoria;
no perderás ese candor que te hace
del cielo amor, y de tu sexo gloria.

¡Lloras! ¡ay! ¡lloras!... ¡Oh fatal momento
de dicha y de dolor!. Aquese llanto,
que tu amor me asegura,
me rasga el corazón... Tu hermosa vida
anublan los pesares y amargura
por mi funesto ardor... ¡El cielo sabe
que con toda la sangre que me anima
comprar quisiera tu inmortal ventura!

Mas, desdichado soy... ¿por qué te uniste
a mi suerte cruel, que ha emponzoñado
de tus años la flor?... ¡Adiós, querida!...
¡Adiós!... ¡Ay! apuremos presurosos
el cáliz del dolor... Ese pañuelo
con tus preciosas lágrimas regado,
trueca por este mío.

Besándolo mil veces, y en sus hilos
mi llanto amargo uniendo con tu llanto,
daré a mi pena celestial consuelo.
Lesbia me ama, diré, y en mi partida
este llanto vertió... Tal vez ahora
mi pañuelo feliz besa encendida,
y le estrecha a su seno
y un amor inmortal jura a Fileno.

Piensa en mí, Lesbia divina;
y si algún amante osado
de tus hechizos prendado,
quiere robarme tu amor;
pon la vista en el pañuelo
prenda fiel de la fe mía,
y di: cuando se partía,
¡Cuán grande fue su dolor!


Jose Maria Heredia

12 de abril de 2021

NO TARDES QUE ME MUERO



No te tardes que me muero,
carcelero,
no te tardes que me muero.


Apresura tu venida
porque no pierda la vida,
que la fe no está perdida.
Carcelero,
no te tardes que me muero.


Sácame de esta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena.
Carcelero,
no te tardes que me muero.


La primer vez que me viste,
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste.
Carcelero,
no te tardes que me muero.


La llave para soltarme
ha de ser galardonarme,
proponiendo no olvidarme.
Carcelero,
no te tardes que me muero.


Fin


Y siempre cuando vivieres
haré lo que tú quisieres
si merced hacerme quieres.
Carcelero,
no te tardes que me muero.


Juan del Encina

A NUESTRO SANTO PADRE EL PAPA PÍO IX


A nuestro santo. Padre el Papa Pío IX, con motivo de su alocución
pronunciada en el consistorio secreto de 30 de setiembre de 1861




Locuti sunt adversum me
lingua dolosa et sermonibus odii circumdederunt me; et
expugnaverunt me gratis.
Pro eo ut me diligerent, detrahebant mihi: ego autem
orabam.
Et posuerunt adversum me mala pro bonis: et odium pro
dilectione mea.

(Psalmo CVIII.) 



¿Qué acento poderoso
hoy se levanta y los espacios hiende,
y en misterioso vuelo
desde el sonoro Tíber al undoso
Índico mar se extiende,
y luego sube a la región del cielo?


¿No la oís? Es su voz; la voz divina
del sucesor de Pedro, a quien sañuda
con torvo ceño la maldad combate:
Al resistir el impetuoso embate
de la impiedad, que furibunda brama,
desde el altivo y fuerte Vaticano
noble y severa la verdad proclama.


En vano, en vano la falange impía
que la bandera alzó de injusta guerra
ahogarla intenta en su furor, y en vano
con ronca vocería
quiere imponer sus leyes a la tierra:
Ella vibra sonora como el trueno
en la inmensa extensión del Océano;
ella, venciendo la traición y el dolo,
cruza el mundo veloz de polo a polo
al impulso de un genio soberano.


Mas ¡ay! que al escucharla
se alzan de nuevo, con furor creciente,
los que mintiendo libertad aspiran
la Italia a dominar con sus legiones,
y odio y venganza en su ambición respiran.
Ellos cual fiero, asolador torrente,
que troncos y peñascos arrebata,
van derrocando tronos y extendiendo
su imperio por las míseras naciones,
y la justicia y el poder vendiendo
al hórrido tronar de sus cañones.


¡Vedlos, cristianos! Con rencor profundo
al desigual combate ya se aprestan;
y en libelo infernal, con torpe mano,
viles calumnias sin piedad asestan,
ante la Europa inerte y asombrada,
contra el piadoso, venerable anciano
firme sostén de nuestra Fe sagrada.


Hubo un tiempo en que unida y venturosa
levantábase Italia prepotente,
con noble ardor corriendo presurosa
su independencia a defender y el trono
del sagrado Pastor... Él la guiaba
por la senda del bien: y entusiasmado
y libre el pueblo de traidor encono,
desde los Alpes hasta el mar gritaba:
¡Que viva el sabio, el inmortal Pío Nono!


¡Cuán presto, oh Dios, el tenebroso velo
de lamentable error, la clara estrella
vino a ocultar que pura fulguraba
de la esperanza en el radiante cielo!
Alzose la maldad, y tras la huella
de su temible planta destructora
la discordia siguió; se alzó potente
la funesta impiedad, y triunfadora
su estandarte clavó en el Capitolio,
alentando insolente
del Pontífice augusto al alto solio.


¡Ay! desde entonces en tremenda lucha
se agita el Occidente,
y sólo el grito de ansiedad se escucha
de la madre infeliz, que en duelo insano,
al hijo de su amor mira espirante,
o en la lid derramando, delirante,
tal vez la sangre de su propio hermano.
¡Mísera madre! En su dolor profundo
del mundo en vano protección implora,
que a los tiranos ¡ay! escucha el mundo
no al que agobiado por las penas llora.


¿Y hemos de ver tranquilos, impasibles,
la virtud humillada, perseguida,
y por boca de fieros impostores
la santa Religión escarnecida,
la fe de nuestros ínclitos mayores,
dulce consuelo en nuestra triste vida?
No, no, jamás: alcemos con firmeza
nuestra voz en defensa de la hollada
Religión, oh católicos, y dando
al orbe digno ejemplo de entereza,
cercad, nobles guerreros, la morada
del Padre de los fieles, perseguido
por el inicuo, detestable bando...
Que el mundo todo en su redor os vea
formando un fuerte, inexpugnable muro,
y antes que vil apóstata o perjuro
allí cada cristiano un mártir sea.


Y tú, santo Pontífice, que miras
combatir tu poder; que los errores
lamentas de tu pueblo y los dolores
porque del mundo al bien tan sólo aspiras;
sigue, sigue con firme confianza
defendiendo los fueros sacrosantos
de la Iglesia de Dios; no la esperanza
muera en tu pecho, no; que aún la Fe vive
pura en el noble corazón cristiano,
y nuevo aliento con tu voz recibe.
No tu constante esfuerzo será vano
por alcanzar la palma de victoria:
Triunfarás del Averno,
y el orbe entero al admirar tu gloria
gracias sin fin tributará al Eterno.


Jose Lamarque de Novoa

11 de abril de 2021

AMOR MUEVE MIS ALAS, Y TAN ALTO







Amor mueve mis alas, y tan alto
las lleva el amoroso pensamiento,
que de hora en hora así subiendo siento
quedar mi padecer más corto y falto.


Temo tal vez mientras mi vuelo exalto,
mas llega luego a mí el conocimiento
y pruébase que es poco en tal tormento
por inmortal honor un mortal salto.


Que si otro puso al mar perpetuo nombre
do el soberbio valor le dio la muerte,
presumiendo de sí más que podía,


de mí dirán: Aquí fue muerto un hombre
que si al cielo llegar negó su suerte,
la vida le faltó, no la osadía.


Gutierre de Cetina

SI ME QUIERES. QUIÉREME ENTERA






Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!


Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!



Dulce Maria Loynaz

10 de abril de 2021

MUY VILLANO SERIA Y MUY TORPE PAYES




Muy villano sería y muy torpe payés
si de la mujer noble hablase de través,
pues en mujer lozana, placentera y cortés
reside el bien del mundo y todo placer es.


Si, después de crear al hombre, Dios supiera
que la mujer sería su mal, no se la diera
creada de su carne y como compañera;
si para bien no fuera, tan noble no saliera.


Si no quisiese bien el hombre a la mujer
el Amor no podría tantos presos tener;
por muy santo o muy santa que se suponga ser
nadie sin compañía quiere permanecer.


Hay un refrán que afirma lo que yo os digo ahora:
Un ave, si está sola, ni bien canta ni llora;
el mástil, sin la vela, no puede ir toda hora;
va. la berza, con el agua de la noria, mejora.


[...]



Juan Ruiz
Arcipreste de Hita

EL ABUELO





Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea
un negro el parche duro de roncos atabales.



Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
la boca, en fino trazo, traza una raya breve;
y no hay cuervo que manche la geografía de nieve
de su carne, que fulge temblorosa y desnuda.



¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
boga en el agua viva que allí dentro te fluye;
y ve pasando lirios, nelumbos, lotos, rosas;



que ya verás, inquieto, junto a la fresca orilla,
la dulce sombra oscura del abuelo que huye:
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.


Nicolas Guillen