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9 de diciembre de 2019

DECIMAS




1


A una doncella que dejó de serlo por interés


Un jacinto se quebró,
dicen que tendrá remedio,
que se quebró por el medio
y con oro se soldó.
A fe que lo que costó
precio a mi cuenta es bastante,
mas empeñado un amante
pecho de metales abre,
que sangre en diamante labre
más en virgo que en diamante.




2


Solicita un amante con su dama la suspirada posesión de su deseo


Francelisa, cuyos ojos
arrojan tanto rigor
que pueden al mismo amor
rendir por finos despojos:
Hoy todo lleno de enojos
te hace presente mi pecho,
que en el volcán tan derecho
de mis amantes fatigas
con lo mismo que me obligas
me estimulas a un despecho.




3


Rodriguillo, juro cierto
que me pesa de hablar
porque no digan que es dar
lanzadas en moro muerto.
Pero en campo tan abierto
hasta los mudos obliga
a que, aunque por señas, diga
cada cual lo que sintiere;
y si diere y a quien diere,
San Pedro se la bendiga.


María de Sandalín
en Amberes te parió,
matrona que en Dios creyó
y en su fe como un rocín;
de su maestro Calvín
te dio en leche la doctrina,
y no es cosa peregrin
si un hijo mal enseñado
por los pasos que han andado
por esos mismos camina.


Padre no le confesabas,
ni fue tan buena tu madre
que se le conozca padre,
y así en Flandes le buscabas.
El de acá de las Aldabas,
siendo como no se olía
-¡oh, prudente!- resistía
haciendo al silencio escudo,
en el tiempo que cornudo
tu diligencia le hacía.


Cuantos te han conocido
se están haciendo mil cruces
de ver que, echado de bruces,
hayas tan alto subido;
aunque si es bien advertido,
no es negocio de primor
de pícaro ser señor
en poder y más poder,
porque, si es para caer,
cuanto más alto es peor.


Honrarse fue desatino,
y esa insignia colorada
había de ser naranjada
o de algún aliente sino;
en tu ambición te imagino
mirando al mundo allá abajo,
dando higas al trabajo
y ocasión a todas gentes
para admirar los oyentes
de un Marqués en estropajo.


Y siendo así, es caso llano
que tú y esotro monazo
andabais al venenazo
con todo el linaje humano,
que médico o cirujano
de vida muy prolongada
con papel y sin espada
dio tan mortales heridas,
pues que quitastes más vidas
que una peste moderada.


Cesen ya tus devaneos
y derriba, dando ejemplo,
las columnas de tu templo,
y mueran los filisteos;
cumple los justos deseos
del castellano león,
y si la reformación
por las glorias comienza,
al color de vergüenza
le vendrá su San Antón.


Adiós, título de viento,
caballero pegadizo,
quintaesencia del hechizo,
que hechiza el entendimiento;
haz luego tu testamento,
manda al Rey hacienda tanta,
al verdugo la garganta,
y por últimos despojos
el cuerpo a leña y manojos,
que así tu gloria se canta.




4


A una doncella que se hizo preñada y decía que estaba opilada de comer leche


Si estoy despierto, no sueño;
exceso de leche fue
la dolencia de la que
se ocasionó de un ordeño;
no lo pasa en aguileño,
que a la indiciada fatiga
da otra causa y hay quien diga
(aunque el disimulo es harto)
que los dolores son parto
y la leche de barriga.




5


Mi amante desasosiego
tan tiernos tormentos pasa
que comprende que se abrasa
y advierte que eres tú el fuego.
Ciego de adorarte, y ciego
de no gozarte, me das
con riguroso compás
los favores menos buenos,
y no es justo que en lo menos
te olvides de lo que es más.




6


Bien sé que eres soberana,
bien sé tu gran majestad,
bien sé que eres la deidad
que rayos de Sol emana;
bien sé que todo se humana,
señora, a tus pies, bien sé
que soy sólo esclavo, y que
puede mi amor destruirme;
pero si advierto morirme
de amor, señora, ¿qué haré?




7


Nada me llega a faltar
para noble amante, pues
mi amor tan valiente es
que al Sol se atreve a llegar.
Y pues me llegáis a dar
las primicias de mi amor,
no me neguéis la mayor,
para que de esta manera,
aun en el caso que muera,
muera lleno de favor.




8


Como es tal el amor mío,
y de un extremo tan nuevo,
algunas veces me atrevo
y otras muchas desconfío;
pero pues ya mi albedrío
en vos está tan hallado,
y altivamente ha volado
a tan superior esfera,
dejad, señora, siquiera
tome de Amor un bocado.




9


Y si acaso de mi acento
se enojase vuestro oído,
con esto habré conseguido
el daño y el escarmiento;
que es eminente mi intento
y, ardua, su empresa es constante;
mas me llamáis vuestro amante,
y fuera grande injusticia
que mi ignorancia o malicia
faltare a serlo un instante.




10


Morir por vos será gloria,
vivir sin vos será infierno,
con cuyo mal tan eterno
me atormenta mi memoria.
Y pues se halla esta victoria
a nuestra sentencia unida,
dadla tan compadecida
que, llegando al Sol mi suerte,
ni aun la muerte con ser muerte
pueda atreverse a mi vida.


Juan de Tassis

8 de diciembre de 2019

HOMOMAGNO


Homomagno sin ventura
La hirsuta y retostada cabellera
Con sus pálidas manos se mesaba.
"Máscara soy, mentira soy, decía;
Estas carnes y formas, estas barbas
Y rostro, estas memorias de la bestia,
Que como silla a lomo de caballo
Sobre el alma oprimida echan y ajustan,
Por el rayo de luz que el alma mía
En la sombra entrevé, - no son Homomagno!
Mis ojos sólo; los mis caros ojos,
Que me revelan mi disfraz, son míos:
Queman, me queman, nuca duermen, oran,
Y en mi rostro los siento y en el cielo,
Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan.
Por qué, por qué, para cargar en ellos
Un grano ruin de alpiste mal trojado
Talló el Creador mis colosales hombros?
Ando, pregunto, ruinas y cimientos
Vuelco y sacudo, a delirantes sorbos
En la Creación, la madre de mil pechos,
Las fuentes todas de la visa aspiro:
Muerdo, atormento, beso las calladas
Manos de piedra que golpeo.
Con demencia amorosa su invisible
Cabeza con las secas manos mías
Acaricio y destrenzo: por la tierra
Me tiendo compungido y los confusos
Pies, con mi llanto baño y con los besos.
Y en medio de la noche, palpitante,
Con mis voraces ojos en el cráneo
Y en sus órbitas anchas encendidos,
Trémulo, en mí plegado, hambriento espero,
Por si al próximo sol respuestas vienen;
Y a cada nueva luz –de igual enjuto
Modo, y ruin, la vida me aparece,
Como gota de leche que en cansado
Pezón, al terco ordeño, titubea,-
Como carga de hormiga,- como taza
De agua añeja en la jaula de un jilguero.-"
Remordidas y rotas, ramos de uvas
Estrujadas y negras, las ardientes
Manos del triste Homomagno parecían!
Y la tierra en silencio, y una hermosa
Voz de mi corazón, me contestaron.


Jose Marti

7 de diciembre de 2019

YO, OTELO




Te celo de las niñas imposibles,
rostros de brasa y lágrimas de nieve.
Me encuentras a tu madre parecida,
y de razón mudable cuando llueve.

Te quiero y tú me quieres, mas no basta,
ni esta promesa de quererse siempre.
Mi amor lleva mi letra simple y triste.
El tuyo es una carta que se enciende.

A veces miras sin notar el cielo
y dices, por ejemplo, que me quieres.
Yo juego a que estoy muerta y me distraigo
mirando cómo el pasto se oscurece.

Y por amarme y por besarme tanto,
y por morderte y luego por lamerte,
cayó el adiós, cayó después la lluvia,
en esta última tarde de diciembre.


Delfina Acosta

6 de diciembre de 2019

LA MUJER ESTERIL


La mujer que no mece a un hijo en el regazo;
cuyo calor y aroma alcance a sus entrañas, 
tiene una laxitud de mundo entre los brazos;
todo su corazón congoja inmensa baña.


El lirio le recuerda unas sienes de infante;
el Ángelus le pide otra boca con ruego;
e interroga la fuente de seno de diamante 
por qué su labio quiebra el cristal en sosiega


Y al contemplar sus ojos se acuerda de la azada 
piensa que en los de un hijo no mirará extasiada;
al vaciarse sus ojos, los follajes de octubre.


Con doble temblor oye el viento en los cipreses 
¡Y una mendiga grávida, cuyo seno florece 
cual la parva de enero, de vergüenza la cubre!


Gabriela Mistral

5 de diciembre de 2019

A MIS SOLEDADES VOY



A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.


¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!


Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.


Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.


De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.


El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.


La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.


O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.


Sólo sé que no sé nada,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.


No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?


No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.


Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.


Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.


En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.


¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?


Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,


y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.


Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.


Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.


Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.


Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.


¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!


Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.


Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.


Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.


Ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.


Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.


Lope de Vega

4 de diciembre de 2019

ELEGÍA A RAMÓN SIJE



(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas


daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.


No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.


Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.


Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta. 


Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera


de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.


Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.


A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Miguel Hernandez

3 de diciembre de 2019

RIMA I



Yo sé un himno gigante y extraño 
que anuncia en la noche del alma una aurora, 
y estas páginas son de ese himno 
cadencias que el aire dilata en las sombras. 


Yo quisiera escribirle, del hombre 
domando el rebelde, mezquino idioma, 
con palabras que fuesen a un tiempo 
suspiros y risas, colores y notas. 


Pero en vano es luchar, que no hay cifra 
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!, 
si, teniendo en mis manos las tuyas, 
pudiera, al oído, cantártelo a solas.


Gustavo Adolfo Bequer

2 de diciembre de 2019

VILLANCICOS



1


Nace el alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por sólo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.


Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.


Aquella luz pura
del Sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura;
el alba segura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas.




2



Las pajas del pesebre,
niño de Belén,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.


Lloráis entre las pajas
de frío que tenéis,
hermoso niño mío,
y de calor también.


Dormid, cordero santo,
mi vida, no lloréis,
que si os escucha el lobo,
vendrá por vos, mi bien.


Dormid entre las pajas,
que aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.


Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven
serán mañana espinas
en corona cruel.


Mas no quiero deciros,
aunque vos lo sabéis,
palabras de pesar
en días de placer.


Que aunque tan grandes deudas
en paja cobréis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.


Dejad el tierno llanto,
divino Emanüel,
que perlas entre pajas
se pierden sin por qué.


No piense vuestra madre
que ya Jerusalén
previene sus dolores,
y llore con Joseph.


Que aunque pajas no sean
corona para Rey,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.





3



De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.


Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.


«Hermosa María,
dice el sol vencido,
de vos ha nacido
el sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.





4



Zagalejo de perlas,
hijo del Alba,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?


Como sois lucero
del alma mía,
al traer el día
nacéis primero;
pastor y cordero
sin choza y lana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?


Perlas en los ojos,
risa en la boca,
las almas provoca
a placer y enojos;
cabellitos rojos,
boca de grana,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?


Que tenéis que hacer,
pastorcito santo,
madrugando tanto
lo dais a entender;
aunque vais a ver
disfrazado el alma,
¿dónde vais que hace frío
tan de mañana?





5



La Niña a quien dijo el Ángel
que estaba de gracia llena,
cuando de ser de Dios madre
le trujo tan altas nuevas,


ya le mira en un pesebre,
llorando lágrimas tiernas,
que obligándose a ser hombre,
también se obliga a sus penas.


¿Qué tenéis, dulce Jesús?,
le dice la Niña bella;
¿tan presto sentís mis ojos
el dolor de mi pobreza?


Yo no tengo otros palacios
en que recibiros pueda,
sino mis brazos y pechos,
que os regalan y sustentan.


No puedo más, amor mío,
porque si yo más pudiera,
vos sabéis que vuestros cielos
envidiaran mi riqueza.


El niño recién nacido
no mueve la pura lengua,
aunque es la sabiduría
de su eterno Padre inmensa.


Mas revelándole al alma
de la Virgen la respuesta,
cubrió de sueño en sus brazos
blandamente sus estrellas.


Ella entonces desatando
la voz regalada y tierna,
así tuvo a su armonía
la de los cielos suspensa.


Pues andáis en las palmas,
Ángeles santos,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.


Palmas de Belén
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto.


No le hagáis ruido,
corred más paso,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.


El niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra
por su descanso,


sosegar quiere un poco
del tierno llanto,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.


Rigurosos yelos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo.


Ángeles divinos
que vais volando,
que se duerme mi niño,
tened los ramos.


Lope de Vega