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17 de noviembre de 2018

EL POZO


 A veces te hundes, caes  
en tu agujero de silencio,  
en tu abismo de cólera orgullosa, 
 y apenas puedes
volver, aún con jirones  
de lo que hallaste  
en la profundidad de tu existencia.   
Amor mío, qué encuentras 
 en tu pozo cerrado?  

Algas, ciénagas, rocas?  
Qué ves con ojos ciegos,  
rencorosa y herida?   
Mi vida, no hallarás  
en el pozo en que caes 
lo que yo guardo para ti en la altura: 
un ramo de jazmines con rocío,  
un beso más profundo que tu abismo.   
No me temas, 
no caigas en tu rencor de nuevo.   

Sacude la palabra mía que vino a herirte  
y déjala que vuele por la ventana abierta.  

Ella volverá a herirme 
sin que tú la dirijas puesto que 
fue cargada con un instante duro 
 y ese instante será desarmado 
en mi pecho.   

Sonríeme radiosa si mi boca te hiere.   
No soy un pastor dulce  
como en los cuentos de hadas,  
sino un buen leñador 
que comparte contigo  tierra, 
viento y espinas de los montes.   

Ámame tú, sonríeme, 
 ayúdame a ser bueno.  
No te hieras en mí, que será inútil,  
no me hieras a mi porque te hieres.
   
Pablo Neruda

16 de noviembre de 2018

EL HOMBRE Y MI ALMA






¡Qué caricia larga de acción me sube por las venas
anchas de recorrerme!


Me veo inmóvil de carne esperando la lucha
entre el hombre y mi alma,
y me siento invencible,
porque mi ahora es fuerte columna de avanzada
en la aurora que apunta,
es grito de corazón vacío en la nave del mundo,
es esfuerzo de ola tendido en playa firme
para arrasar calumnias de las conciencias rotas.


Entre el hombre y mi alma
se ha cruzado la espada...
(La mente es una intérprete que traduce la fuerza
en ideas que avanzan.)


De mi lado se bate la conciencia del hombre
en un sol de principios sobre el soy de las almas.


En la mano del hombre se defiende la hueca
escultura de normas sobre el tiempo moldeada.


Ha sonado la lucha...
Y me siento intocada...
Estoy sobre los siglos con fiereza de olas...
¡Nadie palpe la sombra que mi impulso ahuyentara!


Julia de Burgos

15 de noviembre de 2018

TRINO DE MAR






Una novia en la playa...
Una vela en el mar...


Los péndulos de hojas,
que cuelgan del cocal,
tararean, ean, ean,
la Oración del Jamás.


Las gaviotas se cimbran
en el vuelo fugaz
con que las lleva al nido
la luz crepuscular.


Rojas brasas las rocas
queman la flor de sal,
que polvoreó sobre ellas
la salobre humedad.


Errante nube tiende
su pañolón de holán,
con que Dios en el cielo
limpia el azul cristal.


No hay espuma en la lenta
onda que viene y va.
Ni la brisa sahúma
la desmayada paz.


Lloran, bajo la tarde,
su triste soledad,
una novia en la playa
y una vela en el mar.


Luis LLorens Torres

14 de noviembre de 2018

EL RETORNO









Mañanita de abril, ¡abre tus rosas!
¡y perfuma tus auras rumorosas!
¡y entona con tus aves tu canción!...
¡Mañanita de abril, tibia y ufana!
¡Entra, llena de sol por mi ventana,
y lléname de luz el corazón!...


¡Que arrullen las palomas en mi alero!
¡Que desate sus trinos el jilguero
madrugador!...
...y en el viejo pilón abandonado,
¡que sacuda sus rosas el granado!
¡y que vuelva a cantar el surtidor!...


Hoy tiene que venir mi compañera
-la que con fe mi corazón espera-
y quiero, mañanita de ilusión,
que al llegar el amor de mis amores,
¡me llenes, con tu sol y con tus flores,
de luz y de perfume el corazón!...


Ruben C. Navarro



13 de noviembre de 2018

DESOLADA




A Gabriela Mistral

Antes de echar mi cuerpo al ebrio río,
muy ebria ya, entré por las abiertas
puertas del templo; oí a una rata huir.
El atrio era una vieja madriguera.

Y le dije a mi Dios, en cualquier parte,
que pecar, no pequé, y ni siquiera...
Un relámpago atroz iluminó
las pocas velas y tronó la iglesia.

No supe qué decir, mas las palabras
fluían de mis lágrimas, sinceras.
Los santos parecían escucharme
con esa educación de gente vieja.

Y por si ahí estaba, a Dios le dije,
que amar, amé. Mis huesos di a las fieras.
Jesucristo en la cruz olía a herrumbre.
El río me aguardaba entre las piedras.

Delfina Acosta

12 de noviembre de 2018

BEATUS ILLE



¡Oh paz agreste! ¡Cuánto 
a quien se acoge a ti brindas provecho!
¡Con qué divino encanto
llenas de olvido el pecho
¡ay! A torturas y a furores hecho!


De la cándida oveja
Que a sombra trisca en hondonada bruna,
O la cabra bermeja
Que asoma en alta duna
Su hocico rojo de carmín de tuna,


Ubre sana y henchida
Regala el apetito, aquí no escaso,
Con leche que, bebida,
Vale a dormir al raso
Y deja untado y azuloso el vaso.


¡Mesa digna de un justo
¡Oh Gay! La tuya, que de carne y vino
te guarda exento el gusto,
y no a perder el tino
es ocasión, ni a víctimas destino!


Égloga virgiliana
Abre y radica en tu heredad el seno,
Y de tu boca mana
En trasunto sereno
Y con almíbar oloroso a heno.


Antigua prez no humilla
Claro vestigio a torpe muchedumbre:
Él en tu ingenio brilla,
Como postrera lumbre
De occiduo sol, en levantada cumbre.


¡Plácidos los que orean
mi frente, que a baldón opone orgullo,
hálitos que menean
las frondas con murmullo
grato al reposo, cual materno arrullo!


Mas no Favonio engríe
El délfico laurel. Zozobras calma,
Y susurrando ríe
De la ceñida palma,
Con un desprecio que perfuma el alma!


¡Oh paz agreste! ¡Cuánto
a quien se acoge a ti brindas provecho!
¡Con que divino encanto 
llenas de olvido el pecho
¡ay! A torturas y a furores hecho!


A la culta o salvaje
Corriente del vivir marcas y ahondas
Recto y seguro encaje,
Que por arenas blondas
Al mar la lleva en sosegadas ondas.


Sobre anónima huesa
Árbol piadoso y tétrico derrumba
"guirnalda que le pesa",
pompa que treme y zumba
y caricia y plañido es a la tumba.


La madre tierra es leve
Al cadáver que allí se desmorona,
Que sólo a un sauce debe,

En los palmos que abona,
Copioso llanto y liberal corona.

Salvador Diaz Miron

11 de noviembre de 2018

SIGLO XX

.

 Me estoy consumiendo en vida,
 Gastando sin hacer nada,
Entre las cuatro paredes
Simétricas de mi casa.

¡Eh, obreros! ¡Traed las picas! 
Paredes y techos caigan, 
Me mueva el aire la sangre, 
Me queme el sol las espaldas.

Mujer soy del siglo XX;
 Paso el día recostada 
Mirando, desde mi cuarto, 
Cómo se mueve una rama.

Se está quemando la Europa 
Y estoy mirando sus llamas 
Con la misma indiferencia 
Con que contemplo esa rama.

Tú, el que pasas; no me mires 
De arriba a abajo; mi alma 
Grita su crimen, la tuya 
Lo esconde bajo palabras.

Alfonsina Storni

10 de noviembre de 2018

TUS MANOS


Tus manos
Cuando tus manos salen,
amor, hacia las mías,
qué me traen volando?

 Por qué se detuvieron 
 en mi boca, de pronto, 
 por qué las reconozco  
como si entonces, antes,  
las hubiera tocado,  
como si antes de ser 
 hubieran recorrido  
mi frente, mi cintura?  

 Su suavidad venía 
 volando sobre el tiempo,  
sobre el mar, sobre el humo,  
sobre la primavera,  
y cuando tú pusiste 
 tus manos en mi pecho, 
 reconocí esas alas  
de paloma dorada, 
 reconocí esa greda  
y ese color de trigo. 

Los años de mi vida 
 yo caminé buscándolas. 

 Subí las escaleras,  
crucé los arrecifes, 
 me llevaron los trenes,  
las aguas me trajeron,  
y en la piel de las uvas 
 me pareció tocarte.  

La madera de pronto  
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
  tu suavidad secreta, 
 hasta que se cerraron  
tus manos en mi pecho  
y allí como dos alas
  terminaron su viaje. 

Pablo Neruda

9 de noviembre de 2018

EL RELOJ






Con una incontrastable isocronía
canta el reloj las horas que transcurren,
y cual gnomos, por su armazonería,
como suspiros, rápidas, se escurren.


Quizá el tedio lo mata, y a porfía
las dos agujas del reloj, se aburren,
de estar marca que marca todo el día,
arcano idioma que ellas no discurren.


Mirado desde lejos, tiene aspecto
extraño y mitológico, de insecto
que ye correr la vida, indiferente;


y el péndulo, una lengua centelleante,
hiperbólicamente jadeante
que se mofa del tiempo eternamente.


Luis Pales Matos

8 de noviembre de 2018

LA GUAJANA






Como si una nube se hubiese dormido
sobre la esmeralda del cañaveral,
con un gris sedoso, media desteñido
la guajana flecha la vista espectral.


En su pesadumbre de esfuerzo perdido,
de una neurastenia lánguida, eternal,
tiene la elocuencia sutil del olvido,
y un sugestionismo lúgubre y fatal.


La llanura sufre la calenturienta
sensación de un ansia; sobre ella revienta
la guajana coma el copo de amargar,


y en aquella eterna sonata de almíbar,
irrumpe la triste lágrima de acíbar
como en la alegría revienta el dolor.


Luis Pales Matos