CafePoetas es un Blog sin animo de lucro donde se rinde homenaje a poetas de ayer, hoy y siempre.

22 de mayo de 2026

EXILIO DE LA NADA







Te esperé entre los chopos y en los sauces,
en la tierra que acoge el limonero
y en los ríos que olvidan su sendero
y para hallarte crecen de sus cauces.

Te salvé de la nada y de sus fauces,
hice de tu recuerdo el compañero
que me dice en voz baja que te quiero
y te pide en voz alta que te encauces.

Te apacigüé en la tarde desahuciada,
en las noches hendidas por la luna
y en la cumbre del lobo más arisco.

Y te besé en tu boca recobrada
que retiene en la arena y en la duna
la sangre coagulada del hibisco.


Israel Clara

21 de mayo de 2026

NIEBLA







I. 

Breve sustancia la niebla,
su clarísimo carbón, su pátina de viento…
la tierra apenas humedece
la piedra circular donde manan antiguos destellos,
el néctar petrificado,
cristales de este invierno;
y en generosa calma
buscar entre menudos giros
otoño adentro
los recuerdos
cuando todo es cascada acreciendo su abandono.


II.

Bajo el murmullo de los álamos
la voz, ese leve impulso
contra el cielo,
un surco de gaviotas,
ese mar entero
de brazos que extienden su corazón de nuez,
horas de este invierno
como un tigre,
su callada resurrección entre sombras,
la vida,
recordarás la vida,
breve sustancia, voz,
lámpara que es niebla
ante el espejo.


III. 

Todo olvido guarda una luz,
un nombre cada fotografía,
un año cada árbol;
dorada en semillas, de grisácea arcada,
la oropéndola teje su nido.

Las nocturnas copas de los árboles
son nuestras. Nos hundimos
y no basta llegar a la raíz;
ese perderse entre sus copas subterráneas
es la voz, incierta y estrecha
apenas arde;
hora del comienzo y el fin,
suma de moradas bajo la luz de los olvidos.


IV. 

Sobre lajas se fija el resplandor
de un cielo rasgado,
y en la inmensidad
íntima de los bosques,
aquella edad del que nada sabía,
abierta a la luz de los deseos.
Pero la niebla ciega cualquier señal.
Ocre de raíz a río
la forma devanada de la noche,
su aliento apenas audible:
voz incierta,
apenas arde,
álamo distante
que flota en el seno de este sueño.


V. 

Nada queda,
sólo esa sensación de carne que se desmorona
en un paisaje de invierno.

Porque fuego es presagio de hielo,
desnudez de ángel, opreso laberinto,
ausencia
con dedos de sangre dibujada.


VI. 

Ligera, se va perdiendo entre los álamos
segura de su luz,
aroma de agua quieta;
en lo fugaz
del arrullo primero
la leve coincidencia.

Sólo una noche basta para alumbrar
el lento ascenso
en tenue pulso que retorna.
Dentro del hálito la quietud, su deseo
estalla
sin dispersar fragmentos.

Desde la raíz, entera, la frágil voz regresa.


VII

Todo aguarda tras el ventanal: el estero,
los ánsares, este sentir apenas el reflejo
porque oblicua nace la sombra,
la conjunción que cierra la niebla,
esa materia finísima del sueño,
su naciente verdad que llama desde lo hondo,
la desierta memoria que germina.

Jeannette Clariond

20 de mayo de 2026

PARA NO SI CRECER







Fingir, fingir, es ésa la única y no hay
otra fórmula mágica para evitar que fluya
sucio el cauce del río.

Disimular, hacer como que no
vemos ni escuchamos
la fuente de la eterna utopía
que mana con la música de la flauta de un dios.

Igual que un hijo o un futuro
poeta, fingir. Fingir
que sólo a ti te amas.

Fingir que sólo a ti te amas.
Y como de un paraguas, olvidársete
y crecer.

Juan Cobos Wilkins

19 de mayo de 2026

JARDIN DE OLIVOS







Esta noche de sangre y lunas rotas
tú me has abandonado en los jardines
nocturnos y olorosos de mi muerte.
Pero ha sido tu marcha un desengaño
sólo para los ojos, que no entienden
que hace tiempo que te has sacrificado
sin que tenga la culpa nadie y nada.
En esta hora absoluta y decisiva
me doy cuenta que es cierto que tú has muerto
porque la soledad ya no es la misma,
ni tu ausencia un regalo victorioso
envuelto entre metáforas sencillas.
Has muerto, amor, y no para mis ojos,
desengañados siempre de encontrarte
tan sólo por las calles del recuerdo;
intuyo que habrás muerto en otro sitio,
donde empieza mi muerte que transita
buscando algún refugio entre tus manos
ausentes, en tu cuerpo ausente, ausente
donde mi corazón se vuelve niño.
Invoco tu hermosura y tu regreso
rezando en el jardín de los olivos,
y sé que será en vano ya esperarte
porque tu muerte muere más conmigo.

Israel Clara

18 de mayo de 2026

ANTE EL RIO







Cuando sólo te amabas
a ti mismo, el río
no fluía.
Y crecer, escribir,
si era, fue crear
sin memoria de desamor o muerte
-pero insaciable, pero voraz:
autófago-
el otro Paraíso.

Juan Cobos Wilkins

17 de mayo de 2026

ANTES DEL PONIENTE







Te besaré en la luz y allá en lo oscuro,
donde el día agoniza y va muriendo,
y serás el misterio que no entiendo,
y serás el prodigio que me auguro.

Te quiero a ti, puedes estar seguro,
mi otra mitad, que va disminuyendo
a medida que muero y que comprendo
que de los dos perdurará el más puro.

Dejar de ser y transformarse en algo
al mismo tiempo, amor, propio y ajeno,
olvidar si uno es débil o uno es fuerte.

Y convertirse así en aquel hidalgo
que combata en la lluvia y en el cieno
para alterar los planes de la muerte.

Israel Clara

16 de mayo de 2026

LUMINOSIDAD DEL BESO






Por qué no supe amarte más despacio,
con un amor tranquilo y más profundo,
por qué en las retahílas de este mundo
el invierno tan sólo fue el prefacio

de tu ausencia materna, de aquel sacio
laberinto anunciado y tan rotundo
en que perdí mi infancia y donde infundo
más valor al guerrero samotracio,

a la victoria alada de tu sueño.
Así conquisto tierras tan lejanas
que sólo tú conoces el regreso

con recobrada fuerza en el empeño
de morir amparada entre las sábanas,
entre los claros bosques de mi beso.

Israel Clara

15 de mayo de 2026

LOS TRABAJOS Y LOS DIAS





Para Anna Torres


Deberemos tener buena memoria
para recolectar en nuestro cuerpo
la cosecha de espacios compartidos,
el humus de la vida en el abrazo,
la dimensión exacta y cruel del tiempo.
Una luna bivalva ha dibujado
aquel narcotizado mar de ensueños
donde los dos dormimos enlazados
como hiedras que ahogan su veneno
en el cielo infinito de la noche.
Deberemos tener buena memoria
para no sucumbir a ese vacío
de las horas perdidas como el agua,
cuando la casa exude tu distancia
y se empañen de muerte los cristales,
cuando surque tu espíritu las brumas
de infinidad de ríos y montañas
y el manto de planetas donde el cuerpo
no se vuelva la sombra de un cadáver
cuando llegue el otoño de los besos.
Deberemos tener buena memoria
para poder pensar en lo que fuimos,
para creer e imaginar siquiera
que ya no queda nada de los años
vividos sin tu amor cuando no estabas.
Son arduos los deberes del amante,
continuos y forzosos sus trabajos.
Para alterar los planes de la muerte,
a todo esto obliga haber amado.

Israel Clara

14 de mayo de 2026

EVANGELIO SICILIANO






Para Caterina



He leído en la noche tu evangelio,
una herencia de cielos y de mares
robada a algún poeta transatlántico
que te habló entre rapsodias y bocetos
de los límites ficticios de la vida,
mientras los delineantes de los años
terminaban sus planos sin demora
para abrirte a un océano de hielo.
Conociste lugares inauditos,
te perfumaste el cuerpo con esencias
de una tierra vecina a Samarcanda
y cubriste tu rostro con las máscaras
de otoñales Venecias fantasmales.
Las leyendas de Persia te hechizaban
y colmabas tus copas de elixires
que rebosaban odio hacia la muerte,
cantos carnavalescos que inventabas
bajo la rendición final del tiempo.
Me enamoré del aire de tu cuerpo
y de tus ojos grises como nubes.
Llegaste en una tarde hecha de otoño
y te fuiste con miedo entre la lluvia
que te había traído de tan lejos,
de tu isla de naranjas siempre dulces,
de tu isla a contraluz de los ensueños.
Han pasado los años y me tienes
a expensas de tus ojos y tus manos,
y este ruido metálico en lo oscuro
es el ángel que aprieta tus cadenas.
Lloverá alguna tarde mientras sueñas
más lejos de este cuerpo que te escribe,
porque tu soledad no es la de un cuerpo,
tu soledad es más compleja y triste,
la soledad constante de tu invierno.
Con suavidad derramaré los frascos
que esconden el olor de tu existencia,
y miraré otra vez por la ventana
dibujando tu cuerpo allá en lo oscuro,
esperando una noche y otra noche,
en soledad, tu regreso en las lluvias.

Israel Clara

13 de mayo de 2026

TODO ANTES DE LA NOCHE






El viento
desmoronaba el barro,
vértigo, dolor era ese viento
en su descenso:
el encuentro
con la primera voz:
la muerte.

El muro de raíz sedienta
rasga cielos
de aquella hora.

De nuevo brotarán
salmos
palabras destejiendo
sobre el espejo.

Apenas el agua circundó la tierra
en su centro
se abrieron cavidades:
el viento devoró las copas de los cedros,
los nidos, el rostro de aquella voz.

Creer, crear la oración
que nombre su presencia,
el misterio
de su alma desprendida.

Cielo esta boca, hojas
la orilla,
el río congelado
y la tierra del recuerdo
evaporando
su fragmento de piel.

Mi ser,
mi ser errante,
mi ser,
miseria entrando,
mi ser
silueta.

Lo que no fui, siendo
afina su sombra.

Ceguera: ahí estarás.

Desde lo hondo
al viento
la dispersa ruina.

Morir, morir dentro
del árbol
al aire y lumbre
florecido.

Hija del hambre,
tus pasos segará
la pétrea luna.

Voces, voces distantes,
espejos,
palabras piedra:
Todo antes de la noche.

Hay una luz
en su aliento
de árbol,
pájaros
de aquella tarde
en fuego revestida
sobre los huertos.
Luz
el aliento del árbol.
Pájaros,
hombres,
en esa estancia herida.

Amar la luz
de aquella nube de ceniza,
los once túneles,
las huellas de las bestias,
caminos que entre las humaredas
caen del cielo.

Tierra dispersa de semilla,
guarda la salvación,
el silencio en la piedra,
la mirada del río en su sollozo.

Tierra dispersa de ceniza,
guarda la salvación,
ama la luz de aquella nube,
los límites,
el alba.

Van los hombres y las cosas
hacia la estancia primera.
La travesía es la voz.
Del monzón de arenas
emerge lo olvidado,
el polvo se levanta
en pequeños círculos.
Van a la entrada
del silencio.
A lo largo
la quietud,
la sagrada quietud
del sueño que los sueña.

Jeannette Clariond