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11 de octubre de 2021
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15 de agosto de 2021
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17 de marzo de 2021
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28 de diciembre de 2020
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14 de mayo de 2020
DE ACUERDO
15 de febrero de 2020
¿DONDE TE HAS ESCONDIDO EN ESTE TIEMPO?
17 de noviembre de 2008
LA LUNA SIEMPRE

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz
Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas
Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)
Ana Maria Rodas
22 de mayo de 2008
LA SUPERVIVIENTE

Me habita un cementerio
me he ido haciendo vieja
aquí
al lado de mis muertos.
No necesito amigos
me da miedo querer porque he querido a muchos
y a todos los perdí en la guerra.
Me basta con mi pena.
Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos
estas noches desiertas
esta cuenta incesante de las pérdidas.
Ana María Rodas
17 de mayo de 2008
ANIMAL QUE DESPIERTA

Soy la gata que camina dentro de mí
conmigo
las leves zarpas afelpadas
He bajado por el río
conservando el gusto por la caza
los ambiguos maullidos.
Cuando cierro los ojos atravieso los siglos.
Las arenas le dieron el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
de esta gata
que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera.
por tener estas garras.
Ana María Rodas
22 de febrero de 2008
LA MUJER QUE DUERME

La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo
y abraza al perro antes de abrirse al sueño.
Luna sobre la piel,
piel de sirena.
Sueños desportillados,
amaneceres blancos.
Se estira, lee lo que escriben sus amigos,
los ama tanto,
los ama a todos.
El penacho del volcán le avisa
que hay viento norte.
A los cincuenta y tantos, dueña de una ventana
de diez metros
de largo,
su vientre está dormido.
Las sábanas son frescas.
La ciudad gime.
La mujer sueña.
Ana María Rodas
27 de agosto de 2007
SUEÑOS DE LUNA

Te soñaba huyendo de mi lado,
yo lloraba como tonta sobre los cristales rotos
y encendía las luces para que se advirtieran
las vírgenes,
los adornos de plata,
la curva que la pared dibuja al internarse
en el terreno
denso, inexplicable
que es el sueño.
Ese de anoche,
en el que tú brincabas desnudo
mostrando la piel más oscura de tu sexo
y los dientes filudos de animal en celo.
Ana Maria Rodas












