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11 de septiembre de 2022

EL SUEÑO



Fugaz alivio de mi amarga pena;
dulce esperanza en el tormento mío,
ven, y adormece mis eternos males,
¡Plácido sueño!


Toca apacible con tus blandas alas
la sien marchita del mortal lloroso,
que enajenado, en dolorido acento
¡Ay! te demanda.


Cubra mis ojos la nocturna sombra,
cual si la parca con airado ceño
ya preparase a mi funesta suerte
lóbrega tumba.


Huyes veloz, cuando en eterno lloro
dejas sumido el corazón cuitado,
y en negro insomnio, por la mente cruzan
¡vértigos fríos!


¡Ay! triste noche, a mis cansados ojos
mas que a otros ojos fúnebre y sombría,
tiende tu velo, y de la tierra espanto
lóbrega reina.


¡Cándida luna! ¡tu fanal lumbroso
pálida oculta tras de opaca nube!
Huye, y la esfera que de nácar bañas
deja entre sombras.


Que no más luz que los celestes ojos
ni más placer que de mi bien la risa,
dulces alejan de la mente triste
negros temores.


¡Id, mis cantares, a la ingrata hermosa
cama funesta de mi amarga cuita!
Id susurrando y que D*** bella
blanda os escuche.



Antonio Garcia Gutierrez

13 de junio de 2022

LA GARZA




Sube veloz por las etéreas salas,
garza fugaz, y al mundo señorea,
y opón al brillo de la luz febea
la regia pompa de tus blancas galas.


Cuando las nubes en altura igualas,
si estremecido el mundo titubea,
la ruda tempestad tu frente orea
y el tremendo huracán mece tus alas.


Así yo un tiempo mi ligero vuelo
al un sol más puro remontar quería
y alcé mi orgullo a conquistar el cielo.


Pero nublose con sorpresa impía,
y las alas cortadas a mi anhelo,
murió su luz y la esperanza mía.



Antonio Garcia Gutierrez

17 de marzo de 2022

EN UN ÁLBUM



Si el corazón es altar
y el amor adoración,
éntrate en mi corazón
porque te quiero adorar.



Antonio Garcia Gutierrez

2 de enero de 2022

LA DESPEDIDA DEL CRUZADO



Mira; ya por la cima de aquel monte,
riente con su trémulo arrebol,
ilumina el espléndido horizonte
la blanca aurora que precede al sol.


¡Oh! cuán hermoso y vivo y transparente
ese vago crepúsculo oriental,
quiebra en las nubes su reflejo ardiente
tiñéndolas de gualda y de coral.


Quien lo dijera que tan triste día
puro y tranquilo amaneciera así,
hoy que burlando la esperanza mía
me obliga el hado a separar de ti.


Pero debo partir... fuerza es que rompa
la dulce paz de mi tranquilo amor,
por el ronco gemido de la trompa
por el grito de guerra atronador.


No apartes tu mirar turbio de enojos
para ocultar tus lágrimas. -No a fe,
que yo sé bien que el llanto de tus ojos
bálsamo siempre a mis dolores fue.


A Dios, y si te debe por ventura
algún recuerdo mi constante amor
no olvides que sin ti, sin tu hermosura,
también yo gimo con mortal dolor.


Acaso así, en un punto, en una hora
nuestras lágrimas juntas correrán,
y esta sola ilusión encantadora
será el alivio de mi negro afán.


Antonio Garcia Gutierrez

23 de diciembre de 2021

LA NOCHE DE VERANO


Hermosa noche, como el alma mía
oscura y melancólica... salud...
Tu balsámico ambiente de ambrosía
dulcifica piadoso mi inquietud.


¡Ay! que del sol la llama abrasadora
mis ojos irritados deslumbró...
Bien hagas tú que blanda y bienhechora
callando duermes cuando gimo yo.


Esa serena luz basta a mis ojos:
ese triste rumor basta a mi afán:
silencio y sombras buscan mis enojos
silencio y sombras anhelando están.


Y busco en mi ansiedad, de tu aura fría
el fantástico arrullo vibrador
de inefable y dulcísima armonía,
grato al placer, benéfico al dolor.


¡Ahora puedo llorar! de mis querellas
el eco, en tu silencio morirá,
y la tímida luz de tus estrellas
mi llanto solamente alumbrará.


Lloremos ¡ay! ¡como mujer inerme
de tibia lana al trémulo arrebol!
Lloremos, sí, mientras el mundo duerme,
antes que alumbre mi vergüenza el sol.


Venid y suspirando mansamente
céfiros de la noche susurrad
y por el vago y silencioso ambiente
los ecos de mis quejas derramad.


Venid... pero en silencio voluptuoso,
trémulos, sin murmullos y sin voz,
mientras dormita el mundo perezoso
en breves sueños de ilusión veloz.


Y llevad a mi bien con mi suspiro
estos cantares de doliente son,
y llevadla el amor en que deliro
y el fuego de mi ardiente corazón.


Y oreando su negra cabellera
y el seno que arde en amorosa lid,
con perezosa calma lisonjera
en su oloroso lecho os adormid.


Soplad lascivos, céfiros de amores,
con dulce y misterioso susurrar,
y en jardines bebed blandos olores
perfumando el ambiente de azahar.


¡Hermosa noche! en tu dormir tranquila
no escuchas, ¡ay! ¡mi lúgubre clamor!
Despierta, ¡oh noche! y a mi hermosa dila
que estoy velando con mortal dolor.


Mas si los ojos de mi hermoso dueño
tal vez dormidos en la calma están,
haz que me mire en su apacible sueño
víctima triste de continuo afán.


Y en ilusión de lánguido embeleso
blanda sonría y se estremezca a par,
y suspirando, regalado beso
piense en mis labios con ardor clavar.


Que acaso a la ilusión de los placeres
suele también el corazón latir,
y es blando el corazón de las mujeres
a esa ilusión de celestial mentir.


Antonio Garcia Gutierrez

18 de diciembre de 2021

LAS DOS RIVALES




CUENTO


 I

Camino va de Jaén
sobre perezosa mula
mancebo de pocos años,
de larga guedeja rubia.
Fija la barba en el pecho
su rostro pálido oculta,
o con recelo sus ojos
torna al camino de Andújar.
En vano animar pretende
su tarda cabalgadura
de temor de que le alcancen
sus hermanos que le buscan.
Y la tarde es avanzada
y lluvia anuncia la luna
en rededor circundada
de triste banda sulfúrea.
¡Ay de él si allí le sorprende
temerosa noche oscura,
y las nubes a torrentes
la tarda vereda inundan!
¡Pobre niño! en esos campos
de triste aspereza inculta
sus ropas de seda blanda
pronto calará la lluvia.
Mas no... que ya de Jaén
se ve el castillo en la altura
y al través de las ventanas
mil y mil luces que cruzan.
Suspira el joven, sus ojos
clavando con amargura
en la ciudad que se pierde
entre la niebla confusa.
Lágrimas vierten sus ojos
que en su abandono no enjuga:
la mula apresura el paso
y él este canto murmura.


¿Por qué me juraste amores
fementido, engañador?
¿Por qué adornaste con flores
esa copa de dolores
para burlarme mejor?


Dijísteme que era hermosa
y que me amabas también:
tu queja escuché piadosa
y con promesa de esposo
ablandaste mi desdén.


Malhayas tú, fementido,
que ya supe tu maldad.
Llamaste de otra marido
después que hubiste cogido
la flor de mi honestidad.


En otra reja suspiras
abrasado el corazón:
por otros ojos deliras,
y no temes que mis iras
han de vengar tu traición.


II

Apeóse el viajero
y por las calles a oscuras
con paso incierto camina...
Párase al fin y pregunta.
Pregunta por Laínez Diego
un caballero de Andújar:
las noticias que le han dado
pusieron colmo a su angustia.
Vuelve a andar, no sabe a dónde,
y tiembla y solloza y duda...
La oscuridad le estremece
que donde quier le circunda.
Una campana le guía
triste, penetrante, aguda,
que la oración de los muertos
con eco solemne anuncia.
Solo está el templo, y apenas
dos o tres luces le alumbran...
Nadie reza por los muertos
obligados en sus tumbas.
Postrado el mancebo hermoso
en la helada piedra dura
dirige ardientes plegarias
con trémula voz confusa.
Largos rizos resbalaron
por su garganta desnuda
que en rededor de su talle
movidos del viento ondulan.
Azules eran sus ojos
llenos de amor y dulzura,
y su seno palpitaba
con triste emoción profunda.
¡En vano el desventurado
con dolorosa amargura
alza su mirada al cielo
donde algún consuelo busca!
En sus ojos se clavaron
los de espantada lechuza
que en la lámpara del templo
fatídica se columpia.


III

Sonó la campana y el eco vibrando
con luengos zumbidos el aire agitó.
Sonó la campana: las doce están dando
y el triste mancebo del templo salió.
Muy cerca una casa que al paso encontrara
llamó su cuidado, paróse al umbral:
sonaba allá dentro ruidosa algazara
y brindis y cantos de fiesta nupcial.
Subió presuroso: su rostro inmutado
perdió en un momento su hermoso color,
a Laínez ha visto y ha visto a su lado
la hermosa doncella que absorbe su amor,
y cien caballeros y damas vistosas
entorno a la mesa que cubren sin fin
mezclados con haces de mirto y de rosas
alegres despojos del largo festín.
El rostro de Laínez parece difunto,
mas nadie repara su vivo pesar,
que todos los ojos tornáronse al punto
al joven gallardo que acaba de entrar.
Perdón si interrumpo, por último exclama,
la fiesta solemne: yo soy un cantor
que el mundo recorro ganoso de fama
cantando en los pueblos endechas de amor.
Al punto las damas haciéndole lado
que cante le ruegan con mucho interés,
y el mozo obedece con gusto y agrado
porque es como hermoso galán y cortés.

¿Por qué me juraste amores
fementido engañador?
¿Por qué adornaste con flores
esa copa de dolores
para burlarme mejor?

En otra reja suspiras
abrasado el corazón,
por otros ojos deliras,
y no temes que mis iras
han de vengar tu traición.

Mucho plació la cantiga
y más el mozo plació
que las damas le miraron
con muestras de grande amor.
Solamente el desposado
el entrecejo arrugó
y relumbraron sus ojos
con ceño amenazador.
Ruedan otra vez las copas,
rueda la alegre canción,
y el forastero mancebo
a la casada brindó.
Alguno que lo miraba
con cuidadosa atención
pomo de luciente plata
ver en sus manos creyó.
Después de ella, llevó al punto
a sus labios el licor
y con mano temblorosa
toda la copa apuró.
Mas la noche es avanzada
que ya con lúgubre son
anuncia a los desposados
las doce y media el reloj.
La novia llevan al lecho
y Laínez luego partió:
tras él cerraron la puerta...
Solos quedaron los dos.
Tiende las manos al lecho...
Solo un cadáver tocó.
Un cadáver, donde piensa
hallar caricias de amor.
Acerca la luz, es ella,
ella, su vida y su Dios;
pero está cárdena y fría,
y quieto su corazón.
Llámala mil y mil veces:
ella no escucha su voz,
y si la escucha, no puede
responder a su aflicción:
porque helada está su sangre,
en su seno no hay calor,
y sus ojos apagados
no son ya envidia del sol.
Melancólico gemido
detrás de la puerta oyó
y de pasos temerosos
acelerado rumor.
A lo lejos en la sombra
deslizarse un bulto vio,
apoyado en las paredes
por el largo corredor.
Vuela en su alcance y la sombra
burla su intento, veloz
mas retumba el pavimento,
do al fin sin fuerzas cayó.
Y oyó pronunciar apenas
con entrecortada voz
¿por qué me juraste amores
fementido engañador?


IV

Por la calle de los Muertos
cuando el reloj dio la una,
envueltas en negros paños
sacaron las dos difuntas.
Un hombre solo acompaña
Esta ceremonia muda,
y en su pecho lastimado
hondos sollozos se escuchan.
Así atraviesan las calles
y a los que velan asustan.
Parecen almas que penan
según caminan de mustias.
Ahuyentan a los amantes
en su plática nocturna
y los canes agoreros
temerosamente aúllan.


V

Fuera de lugar sagrado
en camino de Porcuna
cuatro pinos sombra dan
a una humilde sepultura.
La lápida que la cubre,
en negras letras confusas
manifiesta cuyos son
los restos que allí se ocultan.


DOÑA INÉS DE ABARRACÍN
NACIÓ EN LA CIUDAD DE ANDÚJAR
dicen las letras, gastadas
por el tiempo y por la lluvia.


Antonio Garcia Gutierrez



1 de septiembre de 2021

LA AMBICIÓN




Huye, ambición, al ostentoso lecho
donde reposa el feble cortesano:
donde divierte su cuidado en vano
bajo la pompa del dorado techo.


Airada oprime tu agitado pecho,
en él aborta tu veneno insano,
y resentido al toque de tu mano
el mundo juzgue a su anhelar estrecho.


Mas, nunca imprimas en el alma mía
el hidrópico anhelo de grandeza...
Dame la paz en que vivir solía.


En mi estado infeliz, en mi pobreza,
no desear tan solo apetecía,
que es para el hombre la mayor riqueza.


Antonio Garcia Gutierrez

18 de agosto de 2021

A. C: M:



Era C*** un tiempo en que mi vida
con penoso cansancio se arrastró,
y por su misma inercia entumecida
en tenebrosa obscuridad vivió.


El yerto pecho de pasión vació
seco del llanto el hondo manantial,
pasé mi vida de indolente hastío
en esa calma al corazón fatal.


Mil veces de este sueño perezoso
avergonzada el alma despertó,
mas ahogada en su centro tenebroso
sin luz ni ambiente a dormitar volvió.


Faltábale la luz del sentimiento,
faltábale el ambiente del amor,
y en la dura prisión de su tormento,
la paz del sueño prefirió al dolor.


Así pasaron los hermosos días
que ornaron mi primera juventud,
llena la mente de ilusiones frías
negando el sentimiento y la virtud.


Y así maldije el sol que iluminaba
de otros hombres felices el placer,
y maldije la luna que alumbraba,
la indolente vergüenza de mi ser.


Y en mis delirios, insensato, impío
del Dios de los destinos blasfemé;
pero tu amor calmó mi desvarío
y tú fuistes el ángel de mi fe.


Ya no maldigo el sol: ya de la luna
me agrada ver el lívido fulgor,
sin que acose mis sueños, importuna,
sombra fatal de ceño aterrador.


Me siento renacer y en otra vida
sembrada de ilusiones de placer,
ya se dilata el alma adormecida,
fresca y gozosa con su nuevo ser.


Y fuiste tú la que a mi pecho triste
hizo el contento por mi bien tornar
y un alma desgarrada redimiste
que iba la muerte en su tormento a hallar.


¡Esperanzas!¡amor! ¡flores del alma!
Volved con vuestra cándida ilusión;
y otra vez inundad de vida y calma
mi agitado y marchito corazón.


A los defensores de Bilbao
Vuelva a mis manos el laúd sonoro,
vuelva a mis manos y el cantar sublime
blando acompaña con sus cuerdas de oro...
Venga, venga, el laúd.


Que ya cesó el dolor, y el alma mía
del fuego de los libres inspirada,
cobra otra vez la bélica energía
por mágica virtud.


Mal apagada la celeste llama
por continuos pesares en mi pecho,
en entusiasmo ardiente, hora se inflama
mi yerto corazón.


¿Y quién, y quién no canta enajenado
Bilbao hermosa tu valor sublime?
¿Quién no celebra tu ánimo esforzado
en bélica canción?


¡Ay! ¡quién me diera al genio de la gloria
arrebatar la cítara sonante
con sus cuerdas de bronce, y tu memoria
en ella eternizar!


¡Bilbao sublime! ¡de amargura, y llanto
cubrió tu frente la falange esclava!
¿Cómo sufrir pudiste dolor tanto
y tanto pelear?


Deja a mi voz que tu victoria cuente
en canto melancólico, y perdona
sino es cual tú mereces, sacra ardiente
mi pobre inspiración.


Deja que el pecho de entusiasmo henchido
con destemplado acento te tribute
el homenaje que te debo, herido
de amor, de admiración.


Tú salvaste la España: allí en tu muro
la muerte halló otra vez el bando fiero,
y en vano ya otra vez trance duro,
te vieras estrechar.


Que firme siempre, en ademán bizarro,
y de laurel sangriento coronada;
la indómita soberbia del navarro
supiste domellar.


Ellos huyeron y tu frente pura
salpicada con sangre de las lides,
despojada se vio de su amargura
y otra vez sonrió.


Y sonrió también la triste España
que en ti clavados los hermosos ojos,
al creerte presa de enemiga saña
libre por fin te vio.


Antonio Garcia Gutierrez

1 de agosto de 2021

PARA EL ÁLBUM DE UNA SEÑORITA



Los cielos te hicieron donosa, hechicera,
de rostro amoroso, de risa gentil.
Esbelto es tu talle cual palma altanera
que al soplo se mece del aura sutil.


Son fuego tus ojos que abrasan el alma:
tu gala y donaire no tienen igual.
Tranquila en tu frente se ostenta la calma:
la risa en tu boca de nieve y coral.


Es dulce tu acento si blando suspira
vagando en tus labios con tímido ardor,
cual mágica trova que al son de la lira
entona a su amada, de noche, el cantor.


Feliz el que goce tu blanda sonrisa:
el que haga tu pecho de amor palpitar,
y beba tu aliento sutil cual la brisa
que besa ligera la espuma del mar.


Todos te cantan amores
porque eres niña y hermosa,
mas con acervos dolores,
que diz que tienes rigores
cual tiene espinas la rosa.


Bien haces, porque la vida
es esa blanca ilusión
en que vives engreída,
escuchando adormecida
tanta amorosa canción.


Así, vivirás dichosa;
pero si el alma enajenas
a una pasión amorosa,
gemirás triste y llorosa
presa en tus mismas cadenas.


Empero, si alguna vez
de esta breve juventud
lamentas la rapidez,
o del amor la inquietud
se imprime en tu blanca tez.


Vuelve a mí tus bellos ojos
que ahora se cubren de enojos
si amor te quiero cantar,
y un sí de tus labios rojos
ponga fin a mi penar.


¡Rosa bella! hermosa flor
que entre las flores asoma
en los pensiles de amor,
rica de fragante aroma
rica de vida y color!


A tus gracias peregrinas
alma y corazón rendí.
Ámame, flor, siendo así,
para todos con espinas...
Sin espinas para mí.


Antonio Garcia Gutierrez