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13 de marzo de 2025

NARCISOS


A Elena Martín Vivaldi


Bocas de vidrio, esbozos de penumbras.
Adelantados o doblados
o pertinaces en su insomne palidez
de vientos como llamas, los narcisos
entregan su aroma, luna de invierno.

Florecer y morir, qué triste júbilo.
Su dispersa agrupación conmueve
el corazón del hombre, pues conoce
que la armonía existe, mas tenerla
sometida no puede a su dominio.

Todo es renuncia: de tanto aroma
nada se percibe, como en la muchedumbre
de los besos tantos pierden relieve,
sólo el beso inicial y el postrero
perduran.

Hanse abierto en los días
cálidos de febrero, largamente esperados,
interludio suavísimo
entre la agria orquestación del otoño
y el ascenso difuso y orgiástico del polen.

Y se propagan y se ofrecen y su obsequio
es cuasi monacal, como si una vidriera
de ponientes áureos derramara
no sé qué olvido glorioso en el tocado
de la novicia, ella, tan nueva, entrada
en la sabiduría de la entrega.

En las columnas del incienso,
en el cavado resonar del órgano
suspenso, en el ilustre bisbiseo
latino de letanías, hay la misma floración
angustiosa de los narcisos,

algo intacto que pasa, y no relámpago;
algo que es luz y, al tiempo, materia deleznable;
algo que llena el pecho de veneno y promesas.
Algo como una nube que transita en silencio.


Antonio Carvajal

12 de marzo de 2025

EL AMOR BUSCA PLUMAS CLANDESTINAS




Nació bajo la luz de una tarde de estío.
Súbitamente herido,
por calles, por tranvías, por geranios, por trajes,
liquen de labios, desplegó sus alas.

Rodó por archipiélagos de madreselva húmeda,
por vinos aromados y miradas furtivas,
pero temió las cárdenas navajas
que al inocente acechan.

Por la tronera trémula del pino
podían dispararse cerbatanas,
flechas extintas como espejos sucios.
...Súbitamente herido.

El amor busca plumas clandestinas,
rodando por los nombres de los meses,
errando las ambiguas direcciones,
bares de moho, pensativas lunas,
súbitamente herido.

Tenía grandes alas, como fuentes,
como cedros, crepúsculos, alondras;
iba por avenidas y jardines
encorvado de piedras y deseo...
Súbitamente herido.
Oh los deseos que en el tiempo anidan,
que incuban sus estrellas, sus acíbares,
y sobre el campo hostil dejan cristales,
nácar de empuñadura de navaja,
caparazones de marfil, diademas
de sangre sexual. Buscaba plumas
clandestinas, covachas, paraísos
terrenales, ocultos, donde el hombre
no acosa como hiena, como hombre,
como sonrisa cómplice, ni escándalo.
¡Qué escándalo de plumas! Centinelas
de la certera soledad prendían
hachones en la noche
por barrancos, colinas,
por cactos polvorientos, por yacijas
donde el amor inventa su mínima aventura,
súbitamente herido.

El amor se resiste a los acosos,
súbitamente herido,
tiene oídos nocturnos, grandes ojos.
súbitamente herido,
las alas cubren con temor su torso,
súbitamente herido,
y es feliz con sus plumas de abandono,
súbitamente herido.

Acacias, gritos, campanadas, sombras,
buzones, fechas, compasión, sollozos:
para que su rumor no desvele a los bosques,
pasa el amor con la noche en los hombros.


Antonio Carvajal

11 de marzo de 2025

NEVADO ESTA EN LA SIERRA DE MARIA



A Manolo Gil


Nevando está en la sierra de María,
en Vélez ha cesado la llovizna.
He tomado café. Recuerdo versos
que escribí en los momentos de otra dicha.

Hablaban de un otoño a borbotones
destellantes, que iba y que venía,
con su copa de aromas desbordados
súbitamente rota en sacudidas.

Y preguntaba entonces: ¿un tormento
el amor, o suavísima alegría?
Lo preguntaba entonces y no tengo
una respuesta en que acoger mi vida.

Lo que sí puedo recoger ahora
es que al tomar café sin compañía
me ha quedado en la boca un mal regusto
de viejos versos y precoz ceniza.


Antonio Carvajal

10 de marzo de 2025

ALDABA DE NOVIEMBRE




Una tristeza dulce y anterior
al suspiro y las lágrimas,
anterior al idilio de la tarde
azul y el jacaranda,
invade la memoria con su música,
su brisa, su nostalgia:
Es la tristeza de mirar el cielo
cautivo entre las ramas.


Antonio Carvajal

9 de marzo de 2025

TIGRES EN EL JARDIN





Como un ascua de odio te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.

En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.

Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin futuro y esta luz de los dientes.

Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.


Antonio Carvajal

8 de marzo de 2025

CAPRICHO





Un capricho celeste
dispuso que velado
de lágrimas quedara
el nombre del amor;

la alondra, que lo tuvo
casi en sus iniciales,
lo perdiera en el canto
primero que hizo al sol;

la raya temblorosa
del horizonte, herida,
repitiera la llaga
que el eco le dejó;

la lumbre de otros ojos
amortecida, apenas
para el silencio nido,
para el sollozo flor.

Si oscuro fue el capricho,
y signo fue del cielo,
voluble halló una pluma,
rebelde un corazón:

no sometió la sangre
al llanto sus latidos
y desveló el secreto
con risas en la voz.


Carlos Carvajal


7 de marzo de 2025

PALABRAS EN LA PIEDRA


Sunt lacrimal rerum


La morbidez de un seno
adelantado hacia la mano, toca
esta cueva de mosto, este veneno
placentero y feroz, une tu boca
a su agresiva punta, sorbe, acaba,
nos pide. Así la piedra
busca un calor de labios o de lava
y, para completar nuestro delirio,
o nos enlaza en víboras de hiedra
u obscena eleva entre su puño un lirio.

La proa sepulcral
desarrolla un cartel: Son de las cosas
lágrimas. Tú, venera
estos restos que fueron manantial
de hazaña tanta. Si al tocar, piadosas,
tus manos estas losas, no sintiera
tu corazón pavor, que tu mirada
nunca vea la luz. Fui desdichado
porque nací. Feliz, pues he vivido.

Bellos, mas sin sonido,
proclaman los clarines la esperada
resurrección del cuerpo. Ha reclamado
en piedra la palabra luz futura.
Procaz el muslo cuanto quieto extiende
su frígida cascada;
sátiro, no de un bosque, ya no apura
vino marmóreo insípido; no enciende
ni la horrible amenaza
compasión. Sólo vibra la coraza
de un tal cadáver que fue hombre y quiere
andar entre los hombres, en la plaza,
y habla y nos oye y nos acecha.
Y muere.


Antonio Carvajal

6 de marzo de 2025

POR LA ESCALERA ARRIBA




Por la escalera arriba
mi tedio te seguía,
un tedio de magnolia
que el aliento marchita.

Por la escalera abajo,
cubierta de glicinias,
la tarde era más tarde
porque yo te seguía.

Te volviste a mirarme,
pero no me veías.

Ya sé que no me amabas,
lenta luz de mi vida.


Antonio Carvajal

5 de marzo de 2025

DESPUES QUE ME MIRASTE. 22




Cuéntase de un zagal heroico antiguo
tal singular hazaña: consiguió
dominar preciadísimo caballo
asustadizo de su sombra

guiándolo hacia el sol; obtuvo, así,
loa y acatamiento de los hombres.
Pero mayor hazaña fue la tuya
después que me miraste
pues mi pasión e instinto condujiste
a la luz de la vida y hoy me miro
en el espejo de tus ojos puros
dócil corcel de amor.


Antonio Carvajal

4 de marzo de 2025

DESPUES QUE ME MIRASTE



Oigo tu voz muy remota:
¿Me llamas por la alameda
al fondo, donde las hojas
o fulgen de brisa o tiemblan?

¿O me llamas desde arriba,
desde mi memoria, desde
tu propio silencio, íntima
delicia de conocerte?

¿Por qué me llamas, si sabes
que me tienes, que nos somos,
que después que me miraste
desde tu voz te respondo?


Antonio Carvajal

3 de marzo de 2025

BAJO CONTINUO





Como en la muchedumbre de los besos
tantos pierden relieve -sólo el beso
inicial y el postrero por los labios
recibidos perduran-, estas flores
que el año nuevo entrega: Con el blanco
del almendro en su abrigo contra el norte,
la voz del macasar, no su presencia;
hoy, esta rosa. ¿La aguardabas? Huele
como la adolescencia y sus deseos.

Pero en medio se abrieron las cidonias,
los ciruelos, manzanos y perales,
tantos y tantos, rojos, rosas, blancos,
y apenas los mirabas: Como el gozo
de unos brazos constantes de certeza
te acogieron, te acogen, y recuerdas
sólo el primer calor, sólo la boca
que te ha dicho, al partir esta mañana:
"No vuelvas tarde".

Pasas por los campos:
Entre las hojas con su verde intenso,
aún canta la blancura de los pétalos.
Es la felicidad que da sus trinos,
sus trémolos, su leve melodía,
sobre un bajo continuo de sosiego,
de paz, de vuelta al labio no sabido
en la forma, en la flor que te formule.


Antonio Carvajal

2 de marzo de 2025

A TI, SIEMPRE ALEGRIA



Es el pagaros gloria tan subida
que cuanto más os pago, más os debo.


A ti, siempre alegría
si jazmín amanezcas
o canario en la jaula
de mi ventana seas.
Pero más si tu cuerpo
en mi amor se concreta,
de una herencia celeste
suavísimo albacea.

Mucho más cuando carne
de mi carne te entregas
y ante tus labios pálidas
son todas las anémonas,
si luna, porque clara;
si mar, porque serena;
si vegetal, por ser
prisión para la estrella.

Pues te debo alegría
y esperanza y certeza
y ser quien soy sin ti
no puede ser sin mengua,
tómame por rehenes
de mi amorosa deuda
y canario en la jaula
de tu ventana sea.

Y todavía, entonces,
¿cómo no te debiera
el alpiste y el agua
y la lechuga tierna?
Tenme como un jazmín
silvestre que, a tu vera,
se nutra de suspiros,
mi amor, mientras sesteas.


Antonio Carvajal

27 de febrero de 2025

HACIA LAS CUMBRES IBA



Primer acorde. Alhambra.


Hacia las cumbres iba,
hacia las verdes cumbres, su deseo.
Allí aprendió que la melancolía,
cuerpo lento del tiempo,
cuerpo del agua frágil detenida
en los vasos secretos,
a conformar empieza la memoria.

Lleno de suaves algas y de pétalos
sumergidos, de platas indecisas
y de leves luceros,
allí esperó que la frescura nítida
y los blandos oreos
condujesen su sed, su amor, su dicha
sin nombre hasta los cielos,
las visiones perfectas, la precisa
iniciación del vuelo
y supo allí que la belleza efímera
es de toda verdad fuente y espejo.


Antonio Carvajal


26 de febrero de 2025

ANUNCIACION DE LA CARNE





Envuelto en seda y nardos, encajes y rubíes,
vino el ángel del cielo a verme una mañana;
yo encadenaba plumas de ensueño en mi ventana
con un candor desnudo de lino y alhelíes.

Su corte de querubes y jilgueros turquíes,
cambiaba por mi leche, mi miel y mi manzana;
el beso y la mejilla eran de nácar grana,
de tibios surtidores y absortos colibríes.

Se deslizó en mis venas como pez por el río
y, al tiempo que en su torre daba el reloj la hora,
mané sangre y luceros mezclados con rocío.

Me cerró las heridas su boca que enamora
y abrazando mi cuerpo transitado en su brío,
me dijo: Eres hermoso. y se fue con la aurora.


Antonio Carvajal

25 de febrero de 2025

DAME, DAME LA NOCHE DEL DESNUDO





Dame, dame la noche del desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.

Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, bullidor y rudo.

Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.

Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo el cielo,
como la mar es poca para el río.


Antonio Carvajal

24 de febrero de 2025

LA MUSICA EN VIANA




A Guillermo González



Evocar la palabra con que formé mis labios,
las palabras, la música de un surtidor tendido:
Pérfidos, jaspes, mármoles, columnas derribadas,
capiteles y sueños, jazmines y celindos.
¿Y el azahar? ¿Y el aire que duele como un agua
equivocada y tensa por las veras del río?
y el pez de la memoria deslizándose, yéndose
por palabras perdidas, con su rumor de niño.

La más humilde de todas,
la más silente,
no es el grosero alelí,
no es la violeta campestre,
sino el geranio, tan duro,
sino el geranio que mueve
sus ofrecidas umbelas
entre el viento y las paredes.
Tanto color en la flor,
y las hojas cómo huelen.

Amenos valles, ríos
de salud, sonrosados
cielos de tarde -el ángel
protector, más hermoso
que la salud, sonríe-.
La súbita ceguera
se puebla de recuerdos.
Es un dolor: Dejadme
con la música a solas,
que me vuelva la tierra
del sol: que me despierte
con la miel en los labios
y la salud del alma.

¡Oh flor de España!, ¿qué
no es flor en ti, si piedra,
si estuco, si rocío,
si muralla, si hiedra?
toda interior, tú, patio
de la vida serena.
(Fantasía) No es canción ni lamento ni murmullo:
trino que el corazón hiciera suyo.
Trino sin voz, pero con alma y vuelo,
las densas manos de un amor sin duelo.
Las densas manos que desgranan ecos
de espesos sueños y de pechos secos.

Guadalquivir abajo la agonía
de un sol todo memoria y melodía.

Guadalquivir arriba suena un árbol
gota de llanto que resbala en mármol.

No es blanco ni verde
ni amarillo ni anaranjado; vence
en blancura al jazmín,
en tiempo a la magnolia,
en fuego al querubín.
Azahar, azahara,
azahares sin fin.

Esta música, el ansia de más vida,
¿qué viola del cielo la ha vibrado?
¿Qué pensamiento entre la carne herida
abrió su triste pétalo morado?

Qué corcel de rumor sin voz ni brida
para su pétreo paso desbocado
galopa por un cielo equivocado,
neutra la estrella turbia o escondida?

Esta música llena de añoranza
que no alcanza a colmar una esperanza,
que tiene nombres pero está vacía

de presente, de amor, ¿qué melodía
íntima la sostiene, qué sosiego
quiere alcanzar, entre el dolor y el fuego?

El rumor de los pozos,
negro en lo blanco,
el rumor de los pozos,
fresco en los labios,

el rumor de los pozos,
Córdoba madre,
el rumor de los pozos,
negro en el aire.

Guillermo, estas palabras se alimentan
de un recuerdo de música y jardines.
Tú pusiste la música, que estaban
los jardines soñándote, esperándote.

Gracias por tanta luz, por la belleza
que tu pasión, que tu conocimiento,
elevan como triunfo -doble arcángel:
Albéniz, Falla-, en Córdoba, en mi vida.


Antonio Carvajal

23 de febrero de 2025

AVECES EL AMOR TIENE CARICIAS




A veces el amor tiene caricias
frías, como navajas de barbero.
Cierras los ojos. Das tu cuello entero
a un peligroso filo de delicias.

Otras veces se clava como aguja
irisada de sedas en el raso
del bastidor: raso del lento ocaso
donde un cisne precoz se somorguja.

En general, adopta una manera
belicosa, de horcas y cuchillos,
de lanza en ristre o de falcón en mano.

Pero es lo más frecuente que te hiera
con ojos tan serenos y sencillos
como un arroyo fresco en el verano.


Antonio Carvajal

22 de febrero de 2025

IDILIO





Dicen todos: Ellos son,
ellos cantan, ellos miran
la aurora de las acequias,
el ruiseñor que origina
tristezas de amor, extrañas
y suaves melancolías.
¡Cuánta flor han deshojado,
cuánta mirada cautiva,
cuánto encaje de hilo limpio,
cuánto beso sobre el día
que como un pozo de brasas
se enciende y los aniquila!

...no son ellos; ya no son
más que tórtola en la encina,
más que el agua del venero,
más que la flor de alegría,
más que una vara de nardos
llameante a maravilla,
el torso bello y desnudo,
la boca que les destila
ámbares, rosas, jazmines
y una palabra no dicha,
palabra sola que son,
amor, amor... Y la brisa
los lleva, blancos y puros,
los lleva a las altas cimas,
los lleva a las luces ebrias,
hacia las estrellas fijas...


Antonio Carvajal


21 de febrero de 2025

SIESTA EN EL MIRADOR





Sólo para tus labios mi sangre está madura,
con obsesión de estío preparada a tus besos,
siempre fiel a mis brazos y llena de hermosura,
exangües cada noche, y cada aurora ilesos.

Si crepitan los bosques de caza y aventura
y los pájaros altos burlan de vernos presos,
no dejes que tus ojos dibujen la amargura
de los que no han llevado el amor en los huesos.

Quédate entre mis brazos, que sólo a mí me tienes,
que los demás te odian, que el corazón te acecha
en los latidos cálidos del vientre y de las sienes.

Mira que no hay jardines más allá de este muro,
que es todo un largo olvido. y si mi amor te estrecha
verás un cielo abierto detrás del llanto oscuro.


Antonio Carvajal

20 de febrero de 2025

DUERMETE AHORA, SENTIMIENTO MIO



Duérmete ahora, sentimiento mío.
Déjame en esta paz que me regalan
la silenciosa habitación, las suaves
luces, las tenues llamas.

Ya sé que ayer fue dura la congoja
y no sé cómo el corazón mañana
soportará romper con estos lazos,
con estas quietas brasas.

Pero no me perturbes esta noche
en que mi terca sangre se acompasa
al fluir de otras vidas más serenas,
al soplo de otra gracia.

Y tú, indiscreto pensamiento mío
pájaro equivocado de sus alas,
duerme también y deja que la noche
me abrigue, limpia, el alma.


Antonio Carvajal