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17 de febrero de 2014

LA YAPA



Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Ocëano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:

tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

¿Qué saben de lo eterno las esferas?
¿de las borrascas de la mar, las gotas?
¿de puñetazos, las falanges rotas?
¿de harina y pan, las pajas de las eras?...

¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiostas!

Almafuerte

8 de marzo de 2012

DECIMAS


I

Yo soy flor que se marchita
al sol de la adversidad,
el arbolito en mitad
de la llanura infinita.
La paloma pobrecita
que arrastran los aquilones,
entre oscuros nubarrones
de tempestades airadas,
soy la barca abandonada
en el mar de las pasiones.

II

Soy el ave que al bajar
de los aires fatigada,
no tiene ni una enramada
ni un árbol en que anidar.
Y si vuelve a levantar
las tristes alas del suelo,
encuentra nublado el cielo
y deshecha la tormenta,
y el pájaro se lamenta
y vuelve a tender su vuelo.

III

Yo soy un gaucho cantor
de renombradas virtudes,
que tan solo ingratitudes
ha recibido en su amor.
Soy el pobre payador
velay, si sabré penar
con mis negras amarguras,
la pampa con sus llanuras
con sus abismos la mar.

IV

Yo no canto por llamar
la atención que no merezco,
yo canto porque padezco
penas que quiero olvidar.
Que tan solo con cantar
se va al viento nuestra pena,
y yo tengo el alma llena
de pesares y amarguras,
más que en la pampa hay anchura
más que en el mar hay arena

V

Por eso, ¡oh linda mujer!
maldigo mi negra estrella,
al contemplarte tan bella
sin que te pueda querer.
Porque todo hombre ha de ser
generoso hasta morir,
y no debe permitir
a una mujer que lo quiera,
para que después se muera
al verlo tanto sufrir.

VI

¡Adiós, primorosa flor!
adiós, lucero invariable,
solamente comparable
a la estrella de mi amor.
Cuando sientas un dolor
parecido al que yo siento,
Dios quiera que tu lamento
no sucumba en la ignorancia,
y atraviese la distancia
¡sobre las olas del viento!

Almafuerte

22 de noviembre de 2011

EL DRAMA DEL CALVARIO


Giró el genio en derredor
después de pisar la cumbre;
y una fantástica lumbre
llenó a la sombra de horror:
y un gemebundo clamor
taladró la inmensidad,
y se hundió la humanidad
sobre su propio esqueleto;
y reveló su secreto
más hondo la eternidad.

Siniestra, cárdena lumbre
bañó la faz del calvario,
cual un ardiente sudario
flotando desde la cumbre:
bajo la negra techumbre
del éter vago y profundo,
aquel surgir iracundo…
brutal de la claridad…
era quizás, ¡la verdad
mirando una vez al mundo!

Palmario, el Gólgota, frío,
quedó en los aires desiertos,
con sus dos brazos abiertos,
predicando en el vacío…
Y entonces, como en estío
los insectos en los faros,
innominables, ignaros,
surgiendo del horizonte,
rodeaban la cruz y el monte
todos los muertos preclaros.

De la honda, azul entraña
llovían monstruos y santos:
y eran tales, y eran tantos,
¡que gemía la montaña!…
Desde la torpe alimaña
del alma vil de Nerón,
al concepto, a la noción
más alta del supergenio,
en aquel breve proscenio
¡tomaron colocación!

De aquella invasión mortuoria
quedó repleto el calvario;
resonante, tumultuario
¡cuál una copa de gloria!
Bajo el tropel de la historia
trepidaban sus cimientos,
y se hundía por momentos,
cual una nave inundada…
cual una frente cargada
¡de sombríos pensamientos!

Tremenda, enorme, sin par,
genial, feroz batahola,
lo mismo que cada ola
¡lanzando un grito en el mar!
Formidable resollar
de las almas con bandera,
que imaginar no pudiera
aquel que no imaginase,
que al mismo tiempo bramase
¡cada punto de la esfera!

Toda pasión, toda vida,
toda excelsitud pasada,
desde la cumbre sagrada
quería ser comprendida…
Y como la palma erguida
sobre la mutable arena,
presidiendo aquella escena
con dulce, con noble ceño,
yacía Cristo en su leño
¡cual una blanca azucena!

Los humanos, los vivientes,
los que todavía somos,
con toda el alma en los lomos,
estaban allí presentes:
Pensándose delincuentes,
del genio ante los secretos,
mustios, miserables, quietos,
inanimados, pasivos
se reducían los vivos
¡en sus propios esqueletos!

Y en el valle acurrucada,
yacía la humanidad,
tal vez sin otra ansiedad
¡que la ansiedad de la nada!
Ni un gesto, ni una mirada,
ni un suspiro producía,
en tanto que recibía,
genial, vibrante, notoria,
la confesión de la gloria
¡sobre su testa vacía!…

Poco a poco, lentamente,
todo el mundo quedó calmo,
lo mismo que palmo a palmo,
va cediendo la creciente;
de aquel clamor prepotente
ni leve rumor se oía,
de aquella loca porfía
ya no sonó ni un reproche
y en el silencio y la noche
¡quedó la extensión vacía!

Perfecto, conciso, frío,
quedó el calvario a la luz,
con sus dos brazos en cruz
acariciando el vacío.
Y en el silencio sombrío
del aire y de las esferas
aquella lumbre de hogueras
demostraba sin rumor
la impotencia del amor,
¡en una raza de fieras!

Almafuerte

3 de octubre de 2011

INVERNAL


La tarde es lluviosa; del ramaje
penden como harapos destrozados,
los nidos de las aves enlutados
como el pálido verde del follaje.

Solo y silencioso aquel boscaje
de plumeros verdosos y mojados,
de áspides, de prados desolados,
parece un escuálido paisaje.

Donde se encierra la grandeza humana
con todos sus achaques y certezas,
con la infinita vanidad insana
de todas las antorchas de nobleza.

¡Bosque do se funde la campana
que tañerá mis horas de tristezas!

Almafuerte

14 de junio de 2011

VERA VIOLETA


En pos de su nivel se lanza el río por el gran desnivel de los breñales;
el aire es vendaval, y hay vendavales por la ley del no fin,
del no vacío; la más hermosa espiga del estío ni sueña con el pan en los trigales;
el más dulce panal de los panales no declaró jamás: yo no soy mío; el sol,
el padre sol, es raudo foco que fomenta la vida en la Natura,
por calentar los polos no se apura, ni se desvía un ápice tampoco:
Todo lo alcanzarás, solemne loco . . .
siempre que lo permita tu estatura!


Almafuerte

9 de mayo de 2011

LETANIAS A JESUS


I

Jesús de Galilea
para mí no eres Dios,
eres sólo una idea
de la que marcho en pos.

II

No me humillo ni ruego
a tus plantas Jesús,
llego a ti como un ciego
que va en busca de luz.


III

Jesucristo eres nuestro
más grande innovador,
Profeta ¡no! Maestro
de piedad y de amor.


IV

No le niegues al mundo
la gloria de tu ser,
que en su vientre fecundo
te engendró una mujer.

V

Pastor de la gleba,
sabio teorizador,
de la turba que lleva
el signo del dolor.


VI

¡Oh, si fuera divino
el destello de tu luz
que alumbró tu camino!
¿Qué valdría tu cruz?


VII

Tu doctrina redime,
de ella vamos en pos,
como hombre eres sublime,
¡Pequeño como Dios!

Almafuerte

20 de febrero de 2011

BRISA


Llega a mis sienes, tímida, temblando,
tan perfumada como un rosal
la tibia brisa, su andar es blando.
¡Primer suspiro primaveral!

Llega tan suave, tan dilatada
cual de la linfa el correr fugaz,
o de la amante ruborizada
púdica y suave pasión veraz.

Cuando en mi pecho, tierna se posa,
bebo su tierna tribulación,
entonces, dicha un instante goza,
pobre, dolido, mi corazón.

Almafuerte

8 de octubre de 2010

INTIMA


Ayer te vi...
No estabas bajo el techo
de tu tranquilo hogar
ni doblando la frente arrodillada delante del altar,
ni reclinando la gentil cabeza sobre el augusto pecho maternal.

Te vi...si ayer no te siguió mi sombra
en el aire,
en el sol,
es que la maldición de los amantes no la recibe Dios,
o acaso el que me roba tus caricias tiene en el cielo más poder que yo!

Otros te digan palma del desierto,

otros te llamen flor de la montaña,

otros quemen incienso a tu hermosura,

yo te diré mi amada.


Ellos buscan un pago a sus vigilias,

ellos compran tu amor con sus palabras;
ellos son elocuentes porque esperan,
¡y yo no espero nada!

Yo sé que la mujer es vanidosa,

yo sé que la lisonja la desarma,
y sé que un hombre esclavo de rodillas
más que todos alcanza...

Otros te digan palma del desierto,

otros compren tu amor con sus palabras,

yo seré más audaz pero más noble:

¡yo te diré mi amada!

Alamafuerte

13 de abril de 2010

EL SOÑADOR


Le aserraron el cráneo;
le estrujaron los sesos,
y el corazón ya frío
le arrancaron del pecho.

Todo lo examinaron
los oficiales médicos
mas no hallaron la causa
de la muerte de Pedro;

de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
como el espacio azules
y como el mar acerbos.

¡Oíd! Cuando yo muera,
cuando sucumba, ¡oh, médicos!
ni me aserréis el cráneo
ni me estrujéis los sesos,

ni el corazón ya frío
me arrebatéis del pecho,
que jamás hasta el alma,
llegó vuestro escalpelo.

Y mi mal es el mismo,
es el mismo de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
y como el espacio azules
y como el mar acerbos.

Almafuerte

9 de enero de 2010

¿FLORES A MI?



I

Ayer me diste una flor,

una flor a mí, señora,

que no consagré una hora

ni al más poderoso amor.
¿Flores a mí? ¡si es mejor!,
en un páramo arrojarlas,
o tú no sabes amarlas,

o al sentir mi pecho yerto,

sobre la tumba de un muerto,
has querido abandonarlas.


II

¿Flores a mí? ¿tú no sabes
de esos parajes que aterran,

donde las flores se cierran,
dónde no cantan las aves?
Las más orgullosas naves

temen del mar los furores,
los tigres devoradores

huyen del simún airado

¡y tú en mi pecho has dejado

tan sin recelo tus flores!

III

¡Flores a mi! puede ser

que desalmada y celosa,

buscaras la más hermosa

con tu instinto de mujer;
Y haciéndole comprender

yo no sé qué gentileza,
con refinada fiereza,

con el más profundo encono,

la bajaste de su trono
por castigar su belleza.

IV

No lo sé, linda mujer,

ni quiero saberlo todo;

me contento con mi modo

de saber y no saber.

Pero si quieres tener

la realidad en tu mano,

te diré, sin ser un vano,
que si te movió el amor

¡la flor ha sido una flor
que fue destronada en vano!


Almafuerte

31 de diciembre de 2009

LO QUE YO QUIERO



I


Quiero ser las dos niñas de tus ojos,

las metálicas cuerdas de tu voz,

el rubor de tu sien cuando meditas

y el origen tenaz de tu rubor.

Quiero ser esas manos invisibles

que manejan por si la creación,

y formar con tus sueños y los míos

otro mundo mejor para los dos.

Eres tú, providencia de mi vida,

mi sostén, mi refugio, mi caudal;

cual si fueras mi madre, yo te amo...

¡y todavía más!.

II


Tengo celos del sol porque te besa

con sus labios de luz y de calor...
¡del jazmín tropical y del jilguero

que decoran y alegran tu balcón!

Mando yo que ni el aire te sonría:

ni los astros, ni el ave, ni la flor,
ni la fe, ni el amor, ni la esperanza,

ni ninguno, ni nada más que yo.

Eres tú, soberana de mis noches,

mi constante, perpetuo cavilar:

ambiciono tu amor como la gloria...

¡y todavía más!.

III


Yo no quiero que alguno te consuele

si me mata la fuerza de tu amor...
¡si me matan los besos insaciables,
fervorosos, ardientes que te doy!

Quiero yo que te invadan las tinieblas,
cuando ya para mí no salga el sol.

Quiero yo que defiendas mis despojos

del más breve ritual profanador.

Quiero yo que me llames y conjures

sobre labios y frente, y corazón.

Quiero yo que sucumbas o enloquezcas...

¡loca sí; muerta si, te quiero yo!

Mi querida, mi bien, mi soberana,

mi refugio, mi sueño, mi caudal,

mi laurel, mi ambición, mi santa madre...

¡y todavía más!


Almafuerte

13 de diciembre de 2009

MI ALMA



Bajo la curva de la noche, fúnebre,
sobre la arena del desierto, cálida,
se conturba la mente del proscrito,
su pie desnudo, vacilante, marcha;
y allá en la curva fúnebre del cielo
la estrella solitaria;
y allá, sobre las cálidas arenas,
¡el oasis y el agua!
Bajo la curva del dolor, fatídica,
sobre el desierto de mi vida, trágica,
mi acongojada mente se conturba,
mi vacilante pie se despedaza;
y allá, en la curva del dolor, siniestra,
la luz de la esperanza;
y allá sobre el desierto de mi vida,
¡la resonante multitud de mi alma!.

Almafuerte

1 de diciembre de 2009

FUNEBRE



I
La montaña que tiembla, porque siento
germen de cataclismo en sus entrañas;
el huracán que gemebundo emigra
quién sabe a qué región y qué distancia;
el mar que ruge protestando airado
de la ley del nivel que lo avasalla;
los mundos del sistema -¡tristes mundos!-
que al sol de Dios obedeciendo pasan
como en la arena de la pista el potro
a latigazos -¡noble potro!- salta;
no tienen sobre sí más amargura
que la que hospeda en sus desiertos mi alma,
porque yo arrastro sobre mí -¡y no puedo!-
como un cuerpo podrido, ¡la esperanza!

II
Tú que vives la vida de los justos
allá junto a tu Dios arrodillada,-
yo no creo ni aguardo, pero pienso
que haya hecho Dios un cielo para tu alma,-
dame un rayo de luz -¡uno tan solo!-
que restaure mi fuerza desmayada,
que ilumine mi mente que se anubla,
que reanime mi fe que ya se apaga...
dame un beso de amor -¡uno siquiera!-
aquí, sobre esta frente que besabas;
aquí, sobre estos labios que otros labios
han besado con ósculos de infamia;
aquí, sobre estos ojos que no tienen
nada más, ¡oh mi madre!, que tus lágrimas.

Almafuerte

23 de noviembre de 2009

MOLTISSIMO PIU AAVANTI ANCORA



Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en esa frágil cárcel de las fieras.

No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones
lo mismo que dos plácidos horteras.

Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves...

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!

Almafuerte

11 de octubre de 2009

VERANO



Velado por fulíginos elásticos de llamas,
con galas y atavíos y aromas turbadores,
de ignotos lares llega con áureas oriflamas,
el príncipe verano, custodiado de amores.

¡Salud, príncipe indigno, laureolado de flores,
guirnaldas y diademas os brindarán las damas,
proyectan tus pupilas fúlgidos resplandores
que a reina primavera revelan que la amas!

Al manto de celajes aéreos y movibles,
ninfáticos poemas le engalanan sus bordes,
cánticos eufónicos, bemoles indecibles,

églogas siderales, himnos indefinibles,
se mezclan en los mágicos, quiméricos acordes,
de laúdes dorados, de reyes invisibles.

Almafuerte

25 de septiembre de 2009

AL AZAR DE LAS IDEAS



Como se filtra el agua a través de las piedras, así discurre tu vida por entre las mil circunstancias inesperadas que brotan a su alrededor.

Tu propósito, tu ambición, tu ideal, tu idiosincracia, tu genialidad, tu ser adquirido, tu personal social, no se satisfacen más que a medias y a largos intervalos. Solamente aquello que conservas de la naturaleza no sufre privaciones: lo artificial, lo derivado, anda haciendo equilibrios constantemente y padeciendo desencantos a cada rato.

Puede ser que dos veces en diez siglos, haya dicho un hombre civilizado: he ahí que estoy satisfecho del todo. Entretanto, la bestia encaja con exactitud en su medio ambiente. Toda civilización no es más que una evasión del Paraíso.

No creas que subir es siempre agradable, ni pienses que bajar sea siempre doloroso. Muchos de los que habitan la cumbre miran a la planicie con envidia: y es posible que algunos de los que moran en la planicie, suspiran por el abismo.

Sólo aquellos que ignorar que no hay ni arriba ni abajo pretenden esa invención de las alturas. Nada está arriba y nada está abajo, sino m[as o menos lejos de un punto convenido; y así también, nadie es superior y nadie es inferior, sino más o menos parecido a una ficción preestablecida, que puede dejar de serlo.

Si no fueras tan cobarde serías menos embustero: y si fueras menos embustero te saldrías fácilmente de las convenciones humanas: fuera de ellas serías más feliz.

Porque la felicidad consiste en vivir vida de verdad: mejor dicho todavía: la felicidad consiste en vivir cada uno su verdad. Como la sociedad ha labrado una sola verdad para todos, a unos les viene estrecha por demás, y a otros les viene demasiado holgada. La más perniciosa de las manías del hombre es legislar, y legislar no es más que perjudicar la variedad.

Nada te importe contradecirte, porque solamente los estériles no lo hacen. La verdad no debe sacrificarse a ningún sistema. Lo que se piensa hoy, que es el presente, no ha de sepultarse en lo que se pensó ayer, que es el pasado. íAy de los que tienen muchos días iguales!

Almafuerte

7 de septiembre de 2009

PIU AVANTI




No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
como Lucifer, que nunca reza;
como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...

íQue muerda y vocifere vengadora,
a rodando en el polvo, tu cabeza!
íMolto Piú Avanti!

Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;

los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.

Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
los ojos del juez siempre despiertos . . .

y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!

Almafuerte

17 de julio de 2009

LA YAPA



Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Ocëano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:

tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

¿Qué saben de lo eterno las esferas?
¿de las borrascas de la mar, las gotas?
¿de puñetazos, las falanges rotas?
¿de harina y pan, las pajas de las eras?...

¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiostas!

Almafuerte

7 de julio de 2009

ADIOS A LA MAESTRA



Obrera sublime,
bendita señora:
la tarde ha llegado
también para vos.

¡La tarde, que dice:
descanso!…la hora
de dar a los niños
el último adiós.

Mas no desespere
la santa maestra:
no todo en el mundo
del todo se va;
usted será siempre
la brújula nuestra,
¡la sola querida
segunda mamá!

Pasando los meses,
pasando los años,
seremos adultos,
geniales tal vez…
¡mas nunca los hechos
más grandes o extraños
desfloran del todo
la eterna niñez!

En medio a los rostros
que amante conserva
la noble, la pura
memoria filial,
cual una solemne
visión de Minerva,
su imagen, señora,
tendrá su sitial.

Y allí donde quiera
la ley del ambiente
nimbar nuestras vidas,
clavar nuestra cruz,
la escuela ha de alzarse
fantásticamente,
cual una suntuosa
gran torre de luz.

¡No gima, no llore
la santa maestra:
no todo en el mundo
del todo se va;
usted será siempre
la brújula nuestra,
¡la sola querida
segunda mamá!

Almafuete

12 de junio de 2009

A LA LIBERTAD



Como del fondo mismo de los cielos
el sol eterno rutilante se alza,
como el seno turgente de una virgen
al fuego de la vida se dilata:
Así radiosa,
y así gallarda
se levantó del mar donde yacía
la exuberante tierra americana.
Como prende su túnica de raso
con su joya mejor, la soberana,
como entre todas las estrellas reina
el lucero magnífico del alba;
Así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surge mi patria!
Como buscan la luz y el aire libre
las macilentas hierbas subterráneas,
como ruedan tenaces y tranquilas
al anchuroso piélago, las aguas;
Así sedienta,
y así porfiada,
la triste humanidad se precipita
al pie de la bandera azul y blanca.
¡Allí van congregándose a la sombra,
para formar después una montaña!
¡Allí van adhiriéndose en el tiempo
partícula a partícula las razas!
Allí se funde,
y allí se amasa
el hombre, tal como surgió en la mente
del autor de los orbes y las almas.
Que así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!

Almafuerte