
En silencio yo te miro,
y se ilumina tu espalda.
Es silencio lo que pido.
Marco un gesto, una palabra,
hueca, sin voz…no pensada.
Mi cuerpo se queda frío,
como vía sin destino,
y decido sucumbir,
arroparte y alejarme,
que descanses en tu cama.
No son tus brazos abiertos,
son las alas de tu sombra.
Sufriré entre mis olvidos,
elegiré otro momento,
para sentir más tu ausencia,
la presencia de tus labios,
la luz sin calor, la nada,
que no da tregua al recuerdo.
Yo seré el desconocido,
que aprenda a decir tu nombre,
acariciar el susurro,
que transmite la dulzura
del vacío de los sueños.
El ajedrez de la vida,
mueve ficha y come torpe,
sin pensar ser descubierto.
Salta el caballo las líneas,
y después queda atrapado.
En este juego maldito,
nadie respeta las reglas,
el enroque está anunciado.
Resulta fácil saltar,
lo malo es borrar las huellas.
Jose Antonio Azpeitia
y se ilumina tu espalda.
Es silencio lo que pido.
Marco un gesto, una palabra,
hueca, sin voz…no pensada.
Mi cuerpo se queda frío,
como vía sin destino,
y decido sucumbir,
arroparte y alejarme,
que descanses en tu cama.
No son tus brazos abiertos,
son las alas de tu sombra.
Sufriré entre mis olvidos,
elegiré otro momento,
para sentir más tu ausencia,
la presencia de tus labios,
la luz sin calor, la nada,
que no da tregua al recuerdo.
Yo seré el desconocido,
que aprenda a decir tu nombre,
acariciar el susurro,
que transmite la dulzura
del vacío de los sueños.
El ajedrez de la vida,
mueve ficha y come torpe,
sin pensar ser descubierto.
Salta el caballo las líneas,
y después queda atrapado.
En este juego maldito,
nadie respeta las reglas,
el enroque está anunciado.
Resulta fácil saltar,
lo malo es borrar las huellas.
Jose Antonio Azpeitia