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12 de mayo de 2009

SOÑE QUE DE UNA PEÑA ME ARROJABA





Soñé que de una peña me arrojaba
quien mi querer sujeto a sí tenía,
y casi ya en la boca me cogía
una fiera que abajo me esperaba.
Yo, con temor, buscando procuraba
de dónde con las manos me tendría,
y el filo de una espada la una asía
y en una yerbezuela la otra hincaba.
La yerba a más andar la iba arrancando,
la espada a mí la mano deshaciendo,
yo más sus vivos filos apretando…
¡Oh, mísero de mí, qué mal me entiendo,
pues huelgo verme estar despedazando
de miedo de acabar mi mal muriendo!

Francisco de Terrazas

4 de abril de 2009

SONETO






Royendo están dos cabras de un nudoso
y duro ramo seco en la mimbrera,
pues ya les fue en la verde primavera
dulce, süave, tierno y muy sabroso.
Hallan extraño el gusto y amargoso,
no hallan ramo bueno en la ribera
que -como su sazón pasada era-
pasó también a su gusto deleitoso.
Y tras de este sabor que echaba menos,
de un ramo en otro ramo van mordiendo
y quedan sin comer porfiadas.
Memorias de mis dulces tiempos bueno,
¡así voy tras vosotras discurriendo
sin ver sino venturas acabadas!

Francisco de Terrazas

11 de marzo de 2009

A UNA DAMA QUE DESPABILO UNA VELA CON LOS DEDOS






El que es de algún peligro escarmentado,
suele temerle más que quien lo ignora,
por eso temí el fuego en vos, señora,
cuando de vuestros dedos fue tocado.
Mas, ¿vistes qué temor tan excusado
del daño que os hará la vela agora?
Si no os ofende el vivo que en mí mora
¿cómo os podrá ofender luego pintado?
Prodigio es de mi daño. Dios me guarde
ver al pabilo en fuego consumido
y acudirle al remedio vos tan tarde,
señal de no esperar ser socorrido
el mísero que en fuego por vos arde,
hasta que esté en ceniza convertido.

Francisco de Terrazas

25 de febrero de 2009

DEJAD LAS HEBRAS DE ORO




Dejad las hebras de oro ensortijado
que el ánima me tienen enlazada,
y volved a la nieve no pisada
lo blanco de esas rosas matizado.
Dejad las perlas y el coral preciado
de que esa boca está tan adornada;
y al cielo, de quien sois tan envidiada,
volved los soles que le habéis robado.
La gracia y discreción que muestra ha sido
del gran saber del celestial maestro
volvédselo a la angélica natura;
y todo aquesto así restituido,
veréis que lo que os queda es propio vuestro:
ser áspera, cruel, ingrata y dura.

Francisco de Terrazas