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13 de octubre de 2025

CONTRADICTIO





El ajedrez de la muerte
se quedó en una pieza.

Arrojo los naipes, trémulo, incendiado
y no dicen mi suerte.

Y tuve una bestia de orgullo
que arrastró mi bestia.

Moribunda,
una mujer pasea triste, descalza en la calle.

Y es tarde para ser otro hombre.

Salgo de mi casa, pontífice, ajeno,
con el crucifijo -una mujer-
colgado en mi tristeza.

Si regreso, Señor
quiero ser otro pero no Campos.

¿Para qué vivir agarrado como loco al reloj?

Ya la gula de vivir se detuvo en mi garganta
Y mísera mi perra más odiada fue la angustia.

Pero, Señor, yo converso en voz alta,
en voz baja converso, sí,
cosa distinta es que no oigas.

Antes, en otro océano,
arrepentí, modifiqué el pasado.

Y tus ojos caminaron tristes, inmensos,
en las páginas de mis libros.

Mañana partiré, me iré del todo
Aunque hoy puedo decir:
tengo amigos, no amo a mujer alguna,
el tétano del sol duerme en la ciudad de México.


Marco Antonio Campos

12 de octubre de 2025

LA ESTUDIANTE DE 1966


...So sahst du sie im flohen Tanze walten
Die lieblichste del lieblichsten Gestalten.
Goethe, "Elegie von Marienbad"



Tendría mi edad si no fuera por el frío.

Era ligera y sus piernas tocaban los dedos
al solo tocarla. Al erguirse en el patio de abajo,
desde su falda tableada sobre las rodillas,
el mundo comenzaba a parecerse a sus piernas
y las cinco letras de la palabra mundo
se alteraban por las cinco letras de la palabra deseo.

¡Qué cintura, qué música lineal, qué rítmicas
las piernas al salir de clases!

Callada, era callada como un pasillo negro,
y al dejarla dejaba en el corazón
algo como una duda, como culpa o niebla.

Acabó por dolerme en todo el cuerpo
y cada centímetro del cuerpo era de su arco
una flecha atravesada.

¿Cuántas veces desde entonces, cuántas,
ha atravesado el corazón como una flecha,
como una luz que sangra el corazón?
Y cuando pasa eso, cuando la flecha cruza,
cuando la luz sangrienta cruza el corazón
(lo deja en cruz), algo en mí íntimo
protesta y grita por una adolescencia
sin guía y sin objetivo,
por equivocaciones y torpezas del comediante
de la obra, quien actuó de un modo
explicable en esa edad, pero que al evocarla
duele como una pérdida, como un cuento
de noche árabe que la vulgaridad rebaja
burlándose de, exageración o de invención.

Y algo en mí íntimo protesta y grita
por algo que debió ser y sólo fue como
canción de época, como canción que dice
y repite hasta rayar el disco
que ésos fueron los días, que ésos fueron.

Y sangro y me doblo y me arqueo
y la reina permanece y parte,
igual al tren de antaño que verifica el recorrido
pero no sabemos en dónde ni hacia dónde.


Marco Antonio Campos

11 de octubre de 2025

SE ESCRIBE


A Michael Rossner



Se escribe contra toda inocencia
del clavel o el lirio, contra el aire
inane del jardín, contra palabras
que hacen juegos vacíos, contra una estética
de vals vienés o parnasianas nubes.

Se escribe abriéndose las venas
hasta que el grito calla, con llanto ácido
que nace de pronto pues imposible
nos era contenerlo, con luz dura
como rabia azul, quemado el rostro,
destrozada el alma, desde una rama
frágil al borde del precipicio,
Se escribe.


Marco Antonio Campos

10 de octubre de 2025

SANKT PETER FRIEDHOF





Haz de muchachas y onduladas sombras
se inclinan leves hacia las tumbas.

Es el delgado cementerio en rombo
de San Pedro y una vieja sonríe
porque yo escribo sobre la lápida
una historia y la mía. Mas la muerte
es del mar, y si llega, y si llego,
que me naufrague siempre el Pacífico,
mi ceniza conduzca a puerto naves.

Desde hace siglos los muertos oyen
madera como pájaros. Me mira
un pájaro negro sobre la cruz
de Berta Fendt. ¿Quién llama? Ah si llamo,
ah si vuelo, es por el sol el hijo,
hierro y lumbre en la guerra, en el sueño,
en la ruta, en el verso, en el amor,
y Uno.


Marco Antonio Campos

9 de octubre de 2025

UNA FARSA SIN MENSAJE


Qué patas, qué escamas, qué desastre.
Rubén Bonifaz Nuño. 
«Albur de amor»



Delgada y tenue como hierba y ola
sus ojos de noche guardaban el misterio,
ya la verdad creía que todos, por su linda cara,
debían aguantarle todo por su linda cara.

Creía ser la reina, pedía ser la reina
-a veces lo logró entre bastidores-,
pero en el teatro o fuera de él
sólo admitía cumplidos
si lo decidía ella misma.

Trasfogaba su cuerpo una tierna dulzura,
solía encender la hoguera al llegar la noche,
pero al vislumbrar los pretendientes
sofocaba el fuego, y apenas si dejaba brasas
para el rey más tarde.

Bella como luna cortada en ferragosto,
bella como luna cortada a media luna,
su mirada guardaba misterios e ímpetu excitante
y anhelaba un reino más vasto que la noche.

Pero la noche más perfecta acaba.

Pero en la comedia más perfecta
hay de pronto contraluz, desliz palmario,
inadvertencia súbita. Una noche azul,
una noche de estrellas veraniega, una noche
de adiós sin golondrinas -sin frío, sin telón firme,
parada la tramoya, el entreacto a ciegas-,
un sandio inoportuno, un memo de esos
que asiste al espectáculo sólo
para aguar fiestas o dárselas de listo,
se levantó de la platea, marchó hacia el escenario,
y se dirigió a la reina sólo para decirle
que ya los pretendientes se habían ido,
y el rey era minúsculo.

1997


Marco Antonio Campos

8 de octubre de 2025

LA MUCHACHA Y EL DANUBIO





Como rama al romperse en el invierno blanco,
corazón lloró a la estrella; triste era el olmo,
y hace muchos años; cuánta fuerza y fiereza
en la adolescencia sin dirección, quién se atrevería
a decir: "Por aquí pasó el vendaval"; Dios creció
las ramas y cortó las hojas para que supiéramos
de la felicidad, si la luz pasa. ¡Ah el Danubio!

Estrella lloraba el corazón. Ella era agua
que sabía a vino; donde llegaba se oía
la luz. Era la estrella en el invierno blanco.
Era blanca y hermosa como el pueblo donde nació.
Ella me queda, me vive en mí, me llama
como un remordimiento.

1991


Marco Antonio Campos 


7 de octubre de 2025

1968





Éramos como estrellas iracundas.
Efraín Huerta.
"Borrador para un testamento"



Hay fechas que vuelven
como iluminación o niebla repentina.
Tú no sabías entonces que esa fecha
sería como cuña de plata en pleno oro.

Como una canción que niega hasta las lágrimas,
como una emoción que niega hasta las lágrimas,
te vuelven -se graban- dos imágenes,
se vuelven sagradas dos imágenes:
cuando entras al atardecer por 5 de Mayo
frente a Bellas Artes y la sensación
de la multitud en plaza del Zócalo
picoteada por miles de puntas de alfileres en luz.

Eso que no sabían definir los diecinueve años
la entiendes ahora en dos palabras:
Libertad y Sueño.

Pero la historia son momentos, dices,
y aquel adolescente no sabía, ¿cómo lo iba
a saber?, que México, en vez de engrandecerse
se precipitaría en un pozo ciego:
guerrillas, crímenes, desempleo,
una sociedad en grito, la esperanza,
la furia en la calle, la amarga decepción
por los traidores y los claudicantes,
repentinas luces, sueños que se volvieron
como trigo emponzoñado, el río revuelto
donde todo era la pérdida.

La historia echó a andar por las calles,
y muchos creyeron, viéndola tan cerca,
que podía cortejársele. Pero la historia no se hace
con buenas intenciones ni con halagos falsos,
menos con las manos sucias o llenas de sangre.

Pero te quedan de entonces dos imágenes
como rítmica plata en doble olivo,
como alondra cortada por la luna.

1995


Marco Antonio Campos

6 de octubre de 2025

ADIOS A LA INFANCIA



Se llamaba Graciela y era en el colegio 
el patio abierto y la mañana azul. 

Era su cuerpo un durazno en sazón 
y en las noches una rama de estrellas. 

Yo tenía doce años, 
Graciela tal vez también. 

Volaban los pájaros desde el sur 
para visitarla en el patio del colegio 
y sobrevolaban luego 
los parques y jardines  de San Ángel 
para acompañarla  a la hora de la salida. 

Bajaba del eucalipto oloroso 
una racha de pájaros. 

Graciela, doce años, 
rama de estrellas, 
durazno en sazón, 
racha de pájaros en su levísima falda.


Marco Antonio Campos

5 de octubre de 2025

ROSAS




Las vi a diario, en los meses en flor,
en prados del jardín de aquella iglesia
que atenuaba las calles de Mixcoac,
ventana y pájaro del mundo leve,
nube y árbol para la nube sola,
mientras yo, picoteado fresno,
hacía versos de viajes y de libros,
de jóvenes amores infelices,
y creía que revolución y ética
podían darse la mano y ser bandera.

En el jardín umbrío o en el claustro
del amparo, las rosas eran llama,
hasta que un día, como un adiós perfecto,
la espina verde era la herida abierta.

Flor de luz en balcones provenzales.
Flor de adorno y desmayo petrarquista.
Flor helada en su veste de artificio.
Flor que halaga los versos de Ronsard
donde lozana semeja a la muchacha
que de bella hace faustos los salones,
pero que de no cortarse a tiempo
terminará marchita y recordando
los versos de Ronsard mientras se queja.

Asociaba eso en tardes melancólicas,
bajo los troenos o la adelfa en flor,
en prados del jardín de aquella iglesia
que atenuaba las calles de Mixcoac,
cuando el rayo cortaba en dos la alondra.


Marco Antonio Campos

4 de octubre de 2025

UNA CARTA DEMASIADO TARDIA




Contudo, esto é urna carta.
Carlos Drummond de Andrade.




Carta

No sé en verdad si esto sea una carta.
No sé si disculparme por el retraso
de la explicación, ni si te importan
disculpa o explicación ¿Para qué
hacerlo después de veintisiete años
cuando ya una vida se hizo o se deshizo
y nosotros sólo soñábamos hacerla?

Quizá por eso. Quizá porque contigo
yo habría hecho una vida real
y no este mundo sin casa que he desecho.

Desde hace días o semanas
los recuerdos me ciegan como un pozo,
y vuelves callada, quieta,
inmensamente quieta y luz en el diciembre
horizontal y frío, y allí te quedas.

A cierta edad los recuerdos se vuelven
como las flechas de San Sebastián
pero disparadas sólo al corazón.

Tenías diecisiete años,
edad clarísima de las ventanas,
y eras tenue para que los álamos no olvidaran
esbeltez ni linaje de luna.

Podría decir, con el estilo del melodrama
mexicano: "Amaba a otra", y era cierto,
humanamente cierto, pero ahora aquí,
queriendo ver desde mi casa las montañas
del Ajusco, me digo, me digo que eras
la que pudo dar, no el país de maravillas
(como tu nombre lo dice), pero sí
una vida lúcida, leve, quizá feliz.

Eso me hago suponer. Supongo.
Creo sentir alivio al escribir estas líneas.

Son del todo sinceras pero inútiles,
porque lo que fui destruyendo
no se puede explicar en un poema.
Tampoco me sueño en sueños de entonces,
porque ya hace años, cinco o diez, que no
tengo sueños. Tampoco me hago ilusiones,
aunque lo diga a menudo, sabiendo que engaño
o me engaño, mientras miro mi cuerpo como reloj
que marca las cinco y media de la tarde.

Hoy por hoy sólo aspiro a terminar una obra
(mala o buena), hacer a los otros algún bien
en lo que puedo, y viajar por un mundo que
a veces me cansa más de lo que me maravilla.
No sé, como te dije, si esto sea una carta.

Tal vez no la vayas a leer (lo más probable),
y no sé si decir: "Te quise" o "Me equivoqué",
o "Cómo quitarte la begonia". No sé siquiera,
no sé, qué fue del bosque cortado a ras del bosque.

No lo sé. Pero te dejo estas líneas:
Tómalas, aunque no las leas.

1995

Marco Antonio Campos

3 de octubre de 2025

SANKT PETER KIRCHE




En la iglesia, tras la rubia muchacha
y el Cristo en la penumbra, la locura
a la muerte mordía ciega. ¡El derrumbe!
¡Relinchos de caballos en la plaza!

¡Y el carillón, allá! Sobre la iglesia,
el pequeño cementerio de San Pedro
ensombrecía de pájaros; el ciego,
cubierto de pájaros, saludaba
al monte en su oscuridad verde.

Has gritado: "¡Adiós!" a la muerte para
que no oiga, no quieres que te oiga.
"Oh Padre Mío, desde el púlpito al padre
lo he arrojado en llamas. Y yo ¿qué hago?
¿ Y qué grito?"


Marco Antonio Campos

2 de octubre de 2025

CINE ERMITA




Claro y caro era el mundo para él.
Claro e insólito el filme con la figura del héroe.
Combatiente o artesano, trapecista o estudiante,
da lo mismo, y no importa.
La primera película inicia
a las cuatro veintiocho de la tarde,
y los rasgos del niño se transfiguran en héroe,
y da lo mismo, y qué importa, bailar a lo
Astaire o lo Kelly, ser vaquero a lo Wayne,
el gran chulo a lo Gassman.
Relatos e historias (no lo ignora el niño)
se han hecho para él,
y en qué forma, y formidablemente, claro.
Ríelo y llóralo en el melodrama nacional,
extravíalo de frente y de perfil en el perfil
italiano de Gina Lollobrigida o en la alba
desnudez de Carrol Baker,
abúrrelo con Disney o con filmes
donde el protagonista es elefante o perro,
diviértelo, en fin, del todo, distráelo, en fin
-mientras afuera, sobre Revolución,
se lee en enormes letras: CINE ERMITA,
y el tren eléctrico color pajizo enfila hacia
el sur,
y llueve,
y la larga lluvia de agosto
se alarga y cae desde las goteras, y el agua
se mezcla en el pavimento oscuro
con el lodo o con aceite blando o espeso,
y en el asiento trasero del tren eléctrico
despierta el niño, se despereza, y mete
el dinero en el bolsillo roto del pantalón.

1998


Marco Antonio Campos

1 de octubre de 2025

SONIA EN EL INVIERNO DE 1981




Busco precisar a esta hora de la noche
ese instante del invierno azul, cuando al salir
de clases de la universidad nos vimos casualmente
frente a la biblioteca porque desde hacía años
en el fondo anhelábamos vernos.
Inclinaste un poco la cabeza
y el aire leve de las hojas mínimas
de las jacarandas murmuró verde la lengua
de los pájaros que venían del ártico.

Para mí fuiste (y seguirás siéndolo) el invierno azul.
¡Qué de cuándo y cómo yo viví por ti como si fuera uno!:
los cafés de Insurgentes a las cinco de la tarde,
los bares semivacíos de San Ángel que nosotros
colmábamos, los paseos en el claustro y el jardín
de la iglesia de Santo Domingo en Mixcoac,
las caminatas bajo los fresnos en la calle de Goya,
las rimas de poetas ingleses que al leerlas -que al
oírlas- nos sabían a mar,
las baladas baladíes de vanos baladistas
que escuchabas en discos y casets,
aquello, aquello que pudimos compartir,
que hubiéramos querido compartir
-si no hubiéramos apostado puerilmente
la mala carta o pensar que podíamos soportarnos
los domingos siete sin que el hígado reventase.

Tu perfecto rostro oval estaba hecho de la
geometría de la luz, pero no de los adioses.
Tu cuerpo de veinte años se extendía
sobre la hierba y la tierra incendiadas.
Era una rosa abierta para la creación del mundo.
¡Cuánto hubiera dado por más! ¡Por algo más!
No había tiempo que perder, y lo perdimos.

No hay fotografía, Sonia, que precise
la gran belleza de ese preciso instante,
pero ni ese primer instante, ni los meses compartidos,
valió, créemelo, el sufrimiento de ese año,
el terrible sufrimiento de ese año.

Y palomas picotean el grano que les echo.

1998


Marco Antonio Campos