Dama que mi muerte guía,
ved las coplas d'esta muestra,
escritas sin alegría,
pensadas con ansia mía,
trovadas por causa vuestra;
y no se os haga braveza
hacer bien al bien perdido;
tenedlas, por gentileza,
en pago de mi firmeza
y en señal de vuestro olvido.
Y no se os haga pesada
merced de tal beneficio,
pues librará su embajada
a vos de ser enojada
y a mí de vuestro servicio,
porque ellas van apartando
a mí de vos y de mí,
creyendo triste pensando
que podré cobrar dejando
lo que teniendo perdí.
Porque por desesperarme,
siendo yo vuestro cautivo,
quisieron siempre aquejarme
vuestra gana de matarme
y mi poca de ser vivo.
Y sufro este trago fuerte
donde hay dolores tan fuertes,
por ver si podrá mi suerte
despedir con una muerte
la muerte de tantas muertes.
Y pues que ya mis porfías
d'enojo serán siniestras,
ved ante fin de mis días
en las tristes quejas mías
las tan malas obras vuestras.
Ved su fuerza que va llena
de razón do no hay disculpa,
y visto como os condena,
no podréis negar la pena
que merece vuestra culpa.
¡O con qué ley os serví
y os tuve siempre por dios!
¡O cuántas veces me vi
tan enemigo de mí,
cuán aburrido de vos!
¡Cuántos y con cuánta fe
servicios grandes os hice!
¡En cuántas cosas hablé!
En todas os enojé,
y en ninguna os satisfice.
Con dañada voluntad,
con vanos prometimientos,
me mostrastes claridad,
mas siempre vuestra verdad
se rigió por movimientos;
por donde os puedo llamar,
sin que yerro pueda haber,
mañosa para engañar,
discreta para dañar,
hermosa para ofender.
Con fe de quien desconfío
nunca os pude ser siniestro,
y con este desvarío
no quise ser nada mío
por sello del todo vuestro.
Y viendo mi padecer,
el cual de mudanza mude,
cuando me quise valer
ni quiso vuestro querer,
ni pudo lo que yo pude.
Heristes al corazón
con pena muy desigual,
y con dañada intención
distes muerte al galardón
por dar salud a mi mal.
Cuanto mudó mi servicio
aflojó vuestro desgrado,
y en verme sin beneficio
hice de mí sacrificio
en las llamas del cuidado.
De mi bien os vi pesar,
de mi mal os vi reír,
de causa que mi penar
no lo supe querellar
como lo supe sentir.
Porque es ley que ha de durar,
y que Amor hizo escribir
que en las ansias del quejar
más mal queda en el callar
que publica el descubrir.
Mi vista me dio pasión,
vuestras obras amargura,
y con pincel de razón
yo dibujé el afición,
vos pintastes la tristura.
El placer me fue siniestro,
pesar es por quien me guío;
y con fe mayor que muestro
cuando yo me vi más vuestro
vi el descanso menos mío.
Del galardón que me deja
a vos toca la disculpa,
mas del mal que mal me aqueja,
aunque do de vos la queja
a mi dicha do la culpa.
Pues si mi grave dolor
me causó desaventura,
¿quién creyera tal error:
que abra de causar Amor
lo que perdió la Ventura?
Cabo
Mas pues la Ventura y vos
contra mí sus bienes tuercen,
no es mucho hecho, por diós,
que las tales fuerzas dos
a mi flaca fuerza fuercen.
Mas pues el bien es perdido
y el remedio está cubierto,
más vale de tal rüido
salir temprano herido,
que tarde y del todo muerto.
Diego Fernandez de San Pedro