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7 de abril de 2014

SI YA NO VIENES




Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.

Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.

A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.

No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.

Antonio Gala

13 de mayo de 2012

VOY A HACERTE FELIZ


Voy a hacerte feliz. Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.

Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas -a solas- qué belleza
tiene la cara amarga del encanto.

Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,

juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me he perdido.
Mira si mi venganza es generosa.

Antonio Gala

22 de enero de 2012

LA ACACIA


1

Me llamó, me llamaba.
Miré en el fuego y no se consumía.
Lo anegó el agua, y era más sencillo
que el agua.
En el aire fue aire, y en la tierra
fue a veces la sonrisa o el mudable
resplandor de los astros.
Rompe el amor
la seriedad de la mañana como
la piedra ahuyenta la siesta del remanso.
Abate el bosque familiar sus ramos
y, cerrados los ojos, nos tendemos
sobre la tumba... ¿Aquí acaba la búsqueda?
No nos florece el corazón, ni cambia
el color del olvido.
La noche prohibida
devasta el trigal, tala los frutales,
sofoca con su velo la armonía
de las constelaciones. Ya se acerca
la aurora, sorteando
por la acera los cubos de basura:
ilesa vida abajo, intacta
entre las ruinas. Duerme
el cuerpo disponible
en su tronzado lecho de Procustes.
No rozará la luz
al prometido de la muerte,
ni se contagiará la muerte de blancura...
Yo sólo soy el hombre que presencia
mi vida, fijo los ojos en
el guardián del jardín.
Fueron éstas las cartas
que me correspondieron en el primer reparto.
Pero alguien hay que está
viviéndome, y respira al lado mío
el aire que me sobra.
Vendrá un día
en que yo seré el otro
y viviré lo que ahora para él vivo.
Hoy toda dicha posible quizá sea
habitar en la estéril esperanza.
Ah, si la hubierais visto... Si una tarde,
sentada en la ribera, la hubierais encontrado
ajena a su vibrante melodía
bajo la tarde, cerca de la acacia;
si a los pies del muro
encalado y los zócalos azules
os hubiese mirado de repente
a los ojos; si el soportal y el arco,
la verde lluvia, el ánfora y la yerba
indignos de ella os hubieran parecido;
si hubieseis visto el tiempo
que sorbe el corazón a las toronjas
ceñirse sin dañarla su cintura...

2

Ah, si la hubierais visto,
quizá comprenderíais.
Traía el mes de mayo entre los ojos.
Iba por mayo, libre
como un olor, liviana,
desnuda como el agua, y su andar era
lo mismo que una rosa desbordante.
Iba alumbrando mirtos y gardenias;
redimía la noche con su gozo,
y sólo su presencia -os lo aseguroaderez
ó un jardín que no se acaba.
Su cuerpo era salvaje como un río,
huidizo como un río, cuya fuerza
se renueva a medida que transcurre.
Qué abandono tan íntegro: nada hubo
comparable a su entrega,
pues es casi imposible que los lirios silvestres
se abandonen así por los taludes.
Confieso que en la alcoba yo le daba
ricos nombres de pájaros exóticos,
y que ella misteriosa sonreía
como sonreiría una flor imposible.
Bien sé que, al leer esto, los censores
rasgarán sus opacas vestiduras;
pero quiero deciros que ella fue
un jazmin blanco en el follaje oscuro,
e innumerables sus caricias
igual que el mar, igual que las hojillas
que presta abril sin tino a los retoños,
y un sabor a esperanza le mojaba los besos
de cañaduz y menta a media noche...
Era tan bella que quizá el amor
no se atrevió a elegirla como víctima.
Acaso ya entendáis por qué ahora estoy
ciego como los ojos de quien a nadie aguarda;
de qué cielo he caído, de qué alado
astro, y este dolor en que me pierdo.
Ya no podrán mis versos otras tardes
de orilla a orilla atravesar las aguas
inconstantes. No hay esparcidas vides
en los viñedos,
y el ruiseñor anida
en la negra rama enramada del silencio.
Por eso, si lo sabeis, decidme,
¿cabe bajo la tierra
un corazón enamorado?
Pues ya comprenderéis, amigos mios,
que este amor es sin duda
una historia muy triste.

3

En soledad remota
lo que fue regocijo habita y muere.
Sólo encendido un frío fuego queda
de espaldas a la noche, y suplicantes
símbolos arduos nueva vida piden.
Pero hoy el corazón tengo anegado
de ayer, y un árbol silencioso
me cobija, sin frutos y sin hojas.
La hora de las llamas
transcurrió, amargo viento,
sin consumir del todo la esperanza.
En la acacia cantó la primavera,
mordió el amor la boca del deseo,
triunfó la sangre, bella y derrotada,
manchando la traición de los jardines.
Ya he aprendido que tiene el blanco abril
su flor, y agosto su abundancia.
Sé que el mar es eterno todavía
y sé otras cosas; pero el corazón
se me ahoga en el pozo del recuerdo.
Todo estuvo en la acacia, todo estuvo...
Ahora es la acacia el árbol del silencio.

4

Rasgó el amor, en sueños, sus ropas arrogantes
y el incipiente fruto confió a la mirada.
Lo infinito se hizo pormenor de repente;
sugestiva la tarde, como un huerto cerrado.
Es hora de adornarse con la roja dalmática
y de buscar la dicha a toda cosata.
La dura náusea fue el único camino
de la estancia recíproca, del júbilo
imperioso. Hoy es todo
un alegre navío engalanado...
Alzar los ojos de felicidad
es no encontrar confines,
tan sólo verdes ríos
navegados entre juncias y hosannas.
Aquello que está lejos siempre es mar...
Son demasiadas muertes para una sola vida.
En el pequeño valle
fácilmente adormecido:
la yerba se vive adormecido:
la yerba medra y brilla,
las hojas se renuevan.
Bastan los juveniles remeros violando
la esternidad efímera del agua
y el presentimiento de la mansa ribera.
Basta la sazonada cargazón de la nave
que los fluviales bueyes embelesada guían.
¿Con qué fin extender en cruz los brazos
y levantar los ojos y la frente inspirados?
Alguien hay que madura la caricia,
dócil a abril y abierto a la hermosura.
Ni el temor de escribir sobre la arena es justo ahora,
pues el rocío no se pierde en vano
ni el matiz d ela menuda flor cae en el olvido...
Sé que se va la luz sendero arriba,
pero también a oscuras y en silencio se ama.

5

Pálida el alma va de tanta espera
por los oteros, tanta ciega espera
que hace languidecer el césped y la herida
de labios entreabiertos.
Pálida el alma rinde
a un vacío sociego sus deseos,
pero la unánime turba de las lomas
un nuevo afán le enciende,
y el alma sigue, vendimiando espinos.
Porque el momento es éste, qué gozosos
el valle renaciente a la esperanza
y el ave azul veloz de la mañana.
Porque el instante es este de los atrevimientos,
jubilosos los aires se proclaman
mensajeros, y erige el sol dorada monarquía
entre los pinos y la baja tarde.
Denme rosas de olor que solloce
pálida el alma ya de tanta espera.
Consumado el presagio, como un eco
larguísimo se anuncia el doble paso
de su ternura y mi enternecimiento.
El sonoro silencio, como un trémulo
cañaveral, el índice en los labios,
impera; el ágil álamo edifica
su atención, y suspira la espadaña,
flor pensativa del arroyo;
se desnuda la brisa de armonías;
en sí medita el agua su milagro;
el sueño, consumado, y la enramada,
muda se ofrecen... Y el amor nos llega.


6

Hoy se queman los antiguos recuerdos
en una atardecer de antiguas llamas.
Voces que no entendemos nos advierten
de lo que no entendemos y nos mata,
mientras la luz a su cubil retorna
póstuma y delicada.
¿Qué hacer teniendo manos todavía?
¿Esperaremos otra vez el alba,
o dejaremos que la luna venga
a llenarla de nuevo de fantasmas?
Hoy la ciudad parece, con la lluvia,
una mano cerrada.
El ayer reverdece en la memoria
debajo de la acacia,
y el beso que nos dieron a su sombra
los albios nos abrasa.
Quién abriera paisajes
donde olvidar el alma...
Hay flores en el aire
que olvidan dar fragancia:
va envejeciendo mayo
y son ya todo filo las espadas.
Corazón nos hirieron, nos hirieron.
Ya no nos queda nada
que dar, que recibir, que arrebatarnos.
Hemos oído tantas
frases de amor aque ahora
se nos desploma sorda la esperanza...
Hoy se queman los últimos recuerdos
y se dicen las últimas palabras.


7

Miro hacia atrás y veo
la rosa innumerable.
¿Qué flor, única, acaso
sucederá mañana?
Abro ventanas y
súbitos miradores: nada encuentro
sino el tiempo acechante.
Se aproxima el esposo
por caminos de cera
y la lámpara está
apagada hace mucho.
Hay labios que suspiran
al quebrarse las luces:
unos labios ardientes malheridos
por besos que no son los que esperaba.
¿Es que sólo es posible abrir los brazos
y entrar en el silencio?
En una aguda noche me acuchilla
el seminal perfume de la acacia.
Paso al jardín y digo:
.Aquí basta el recuerdo:
me sentaré debajo de este árbol;
renovaré la historia..
Pero el agua no es fiel. Desaparece,
y queda abierta, muda,
fría, la piedra de los surtidores.
Hubo música aquí, y halagos hubo...
No se inventa un recuerdo,
ni la mano ni el arma
pueden nunca inventarse.
Miro hacia atrás y veo
repetirse las rosas.
¿Cómo saber cuál era?
Porque yo busco la última
flor, la que permanece
a pesar de las flores.
Y ahora al volver la cara veo aún
el sitio donde voy
y la rosa que busco.
Desde la antigua rama
el sabio abejaruco me advirtió
a través de la sangre: .Hallarás
al destino dormido
en anillo de fuego. Amor y muerte
son sus manos. Desiste..
Pero amaneció el día
de las consumaciones.
Ya me quemo. Ya está
clareando la tiniebla.
En tanto que haya muerte habrá esperanza.



8

Miró a mi corazón y dijo: .Aquí.
Aquí hay sitio bastante.,
y apaciguó el amor sus estorninos
sobre mis tristes olivares.
Ensanchó salas, avenidas,
la herida seca de los cauces:
desconocido quedó todo
por los pasillos familiares.
Qué cánticos de luz. Qué aromas claras.
Qué danza próxima y distante.
Cómo saltaba y florecía
por las enredaderas de la sangre.
Florecía. Saltaba. Florecía
de nuevo. Su sabor teñía el aire.
Alteradas, las ramas prometieron
redondear en fruitos el instante.
¿Qué luna allí no hubiese concurrido?
¿Qué ruiseñor callara allí delante?
Ojos palparon, bocas acechadas.
Las roncas manos jadeantes
alzaron triunfos de jazmín
sobre los hombros del más frágil.
El tallo se olvidó lo quie sabía
porque aprendió la flor lo que no sabe.
Oh, inesperado. Oh, anhelado.
Cuando es vivir más importante,
la lengua quiere gritar: .¡Vivo!.
(Cerrad los ojos y olvidadme.
No envilezcáis ni la alegría
de ayer, ni la tristeza que ahora hace
ponerse el sol. Todo es sagrado;
todo es fecundo y adorable.)
Porque no brotan flores de la piedra
y en Betel vence siempre el Ángel,
tañe el amor su lira de oro
a un universo irremediable.
Mudos los labios del que sepa;
muda su voz. Que sólo canten
los que en las manos tienen rosas
y siembran rosas y las pacen.
¿De qué vale la rosa imaginada
cuando hablan rosas a millares?
Yo miro manos, miro pechos,
miro relámpagos, paisajes,
nardos donde la aurora se posaba:
miré un jardín interminable.
Creció la miel que no razona
en la aridez de mis canchales.
Abrió ventanas matutinas
a relucientes pleamares...
Ya no. Ya no. Ya no encontramos
para seguir causa bastante.
Lo que ha de morir, muera; lo que ha
de pasar sin llevarnos, pase;
lo que va hacia la noche, que se oculte;
que nop despierten al cadáver.
Vaya la rosas con su olor a cuestas,
el recuerdo, conmigo, y yo con nadie.
Repetiré, repetiré la dicha
que canté sonriendo, eterna, antes.
Miente la sed de quien se queda;
la verdad es de aquel que parte.
Miró a mi corazón .miraba-: .Aquí.
Aquí hay sitio bastante..
Y de un hachazo derrocó
el olivo más alto de la tarde.

Antonio Gala

6 de diciembre de 2011

MI CINTURON APRIETA TU CINTURA


Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.

Sobrevolamos las islas indecibles
ya nuestro paso las nubes se disipan.

¿Cómo regresar al beso y la armonía
sin que la respiración se entrecorte?

¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?

Sólo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.

Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.

Desembocan los ríos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.

Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.

Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mío, con tus alas.

Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.

Antonio Gala

28 de septiembre de 2011

BAJO QUE RAMAS


Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado
la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.

Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote en mi alcoba.

Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza apresurada.

Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a quién aguardo.

Antonio Gala

20 de junio de 2011

BAJO LOS FUEGOS DE FUGACES COLORES


Bajo los fuegos de fugaces colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.

Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata...

En tus ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que veloces surgen
y veloces se extinguen.

Dame tu mano: es todo cuanto tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente se otorga y se consume.

Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, previsto y bien envuelto, yacía.

Nada, nada...

Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.

En este tornasolado e intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.

Antonio Gala

27 de febrero de 2011

VIENE Y SE VA


Viene y se va, caliente de oleaje,
arrastrando su gracia por mi arena.
Viene y se va, dejándome la pena
que, por no venir solo, aquí me traje.

Viene y se va. Para tan breve viaje
talé el jazmín, segué la yerbabuena.
Ya no sé si me salva o me condena:
sé que se va y se lleva mi paisaje.

Sé que se va y me quedo frente al muro
de la lamentación y del olvido,
oscuro el sol y el corazón oscuro.

Viene y se va. Yo nunca lo despido.
Al oído del alma le murmuro:
-"Gracias, bien mío, por haber venido".-

Antonio Gala

7 de febrero de 2011

SI TODO ACABO YA


Si todo acabó ya, si había sonado
la queda y su reposo indiferente,
¿qué hogueras se conjuran de repente
para encenderme el pozo del pasado?

¿Qué es esta joven sed? ¿Qué extraviado
furor de savia crece en la simiente?
Si enmudecí definitivamente,
¿para quién canta un nido en mi costado?

¿Por qué cruzas, abril, mis arenales
talándome el recuerdo y su enramada,
aromando rosales sin renuevo?

¿Qué esperanza me colina los panales?
¿Qué me das a beber de madrugada,
destructor de promesas, amor nuevo?

Antonio Gala

25 de abril de 2010

BAHIA


¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
costumbre de tus alas
que refrescan el aire y renuevan la luz?

Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
color de la mañana
tienen ningún sentido ni para nada sirven.

Allá fuera está el mar,
allá fuera, en el mundo, estás tú.

Comiendo tú sin mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.

Yo aquí, ante los manteles opacos
y la bebida amarga,
ante platos sin sabor ni colores.

Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
comer sin ti, ni para qué...

Tú te has llevado tu olor a bosque
y el gusto de la vida.

Fuera están mar y aire.

Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
que ha perdido su voz y su alegría.

Antonio Gala

27 de enero de 2010

ME SORPRENDIO EL VERANO TRAICIONERO


Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.
Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.
Suelta la vida al viento falsos lazos:
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.
Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

Antonio Gala

11 de enero de 2010

BAGDAD



Tenía tanta necesidad de que me amaras,
que nada más llegar te declaré mi amor.
Te quité luces, puentes y autopistas,
ropas artificiales.
Y te dejé desnuda, inexistente casi,
bajo la luna y mía.
A las princesas sumerias,
cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
les brillaban aún sus dientes jóvenes;
se quebraron sus cráneos antes que sus collares;
se fundieron sus ojos antes que sus preseas....
Bajo la luna aún brillaban sus dientes,
mientras te poseí desnuda y mía.

Antonio Gala

12 de diciembre de 2009

LA DESHORA



¿Y qué habré de decir para que entiendan
los nardos que ya todo ha concluido?
¿Qué palabra podría convencerlos
de que no es tu llegada lo que aguardo?
Se abren las luces nuevas y murmuro:
«Hoy no diré su nombre.
Estoy en el pasado. Hay que partir
a buscar pastos nuevos.» Pero el alma,
enferma y distraída, no me sigue
y se queda extasiada en tus praderas.

¿Qué puedo yo contra esta voluntad
de estarme con tu olor y tu recuerdo?
¿Cuenta acaso mañana para quien
vivió hasta ayer su tierra prometida?

En la llanura no aparece el nuevo
pastor imperativo
y hacia el anochecer, indestructibles,
manejo pruebas de papel y seda.
Cerca pasan el agua y la sonrisa:
el pasado es lo único que anhelo.
«Esta sangre -me digo-
debiera ser de piedra»,
mas sé que he de olvidar lo inolvidable:
llegarán otras manos y otra boca,
otra cintura borrará la tuya.
Pero hoy debo decir a los amantes
que, donde quiera que tú estés, te amo.

Antonio Gala

3 de diciembre de 2009

AUN ERES MIO PORQUE NO TE TUVE



Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar...

Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.

Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.

Antonio Gala

23 de noviembre de 2009

TENGO LA BOCA AMARGA



Tengo la boca amarga y no he mordido;
el alma, atroz, y la canción, tronchada.
No sé qué fuerza traigo en la mirada,
ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

No sé ni cómo ni por qué he venido.
Esto es todo: llegué; no sé más nada.
No me importa el quehacer ni la jornada,
y me da igual herir que ser herido.

La sangre, a punto, se impacienta y arde
por inundar la alcoba a la que vine,
donde fui tan feliz que fui cobarde.

Sólo pido al amor que no se obstine.
Me sentiré a su orilla cualquier tarde
para que alguien, de paso, me termine.

Antonio Gala

4 de octubre de 2009

LA LUNA NOS BUSCO DESDE LA ALMENA



La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a una, se bebían.

Antonio Gala

18 de septiembre de 2009

HOY ENCUENTRO



Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.

Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.

Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la muerte.

Antonio Gala

2 de septiembre de 2009

MAITINES



Callad, amantes, y ocupad el labio
con el beso. No pronunciéis palabras vanas
mientras se busca vuestro corazón
en otro pecho, jadeante y pobre
como el vuestro,
ya al filo de la aurora.
Cuando te poseí por vez primera
tocaban a maitines
en el Convento de las Mercedarias.
La tiniebla del aire estremecieron
repentinos palomos alterados.
Titubeante el alma sonreía,
sin comprender por qué, en torno a tu cintura.
Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada,
fueron entrando laúdes y alabanzas
que mi alma repetía con orgullo
suavemente en tu oído.
Callad amantes y ocupad
el labio con el beso....

Antonio Gala

31 de agosto de 2009

NADIE MOJABA EL AIRE



Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías: "¿Trabajas?"
Me decías: "¿Ya es la hora del té?"
Y yo no te decía: "Te amo";
no te decía:
"Eres todo lo que tengo";
no te decía:
"Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras".
Me decías:
"Adiós, hasta mañana".
O me decías:
"¿Necesitas algo?".
Y yo no te decía:
"Me estoy muriendo
de amor... me estoy muriendo".
Nadie mojaba el aire
como yo.

Antonio Gala

17 de julio de 2009

COMO COMER SIN TI



¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
costumbre de tus alas
que refrescan el aire y renuevan la luz?

Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso
color de la mañana
tienen ningún sentido ni para nada sirven.

Allá fuera está el mar.
Allá fuera, en el mundo, estás tú.
Comiendo tú sin mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.

Yo aquí, ante los manteles opacos
y la bebida amarga,
ante platos sin sabor ni colores.
Lo intento, sí, lo intento, pero cómo
comer sin ti, ni para qué...
Tú te has llevado tu olor a bosque
y el gusto de la vida.

Fuera están mar y aire.
Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
que ha perdido su voz y su alegría.

Antonio Gala

5 de julio de 2009

NO POR AMOR



No por amor, no por tristeza,
no por lo nueva soledad:
porque he olvidado ya tus ojos
hoy tengo ganas de llorar.
Se va la vida deshaciendo
y renaciendo sin cesar:
la ola del mar que nos salpica
no sabemos si viene o va.
La mañana teje su manto
que la noche destejerá.
Al corazón nunca le importa
quién se fue sino quién vendrá.
Tú eres mi vida y yo sabía
que eras mi vida de verdad,
pero te fuiste y estoy vivo
y todo empieza una vez más.
Cuando llegaste estaba escrito
entre tus ojos el final.
Hoy he olvidado ya tus ojos
y tengo ganas de llorar.

Antonio Gala