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10 de marzo de 2023

EL ASNO INFELIZ



Yo conocí un Jumento
 Que murió muy contento 
Por creer, y no iba fuera de camino,
 Que así cesaba su fatal destino. 


 Pero la adversa suerte 
Aun después de su muerte 
Le persiguió: dispuso que al difunto
 Le arrancasen el cuero luego al punto
 Para hacer tamboriles, 
Y que en los regocijos pastoriles 
 Bailasen las zagalas en el prado,
 Al son de su pellejo baqueteado. 


 Quien por su mala estrella es infelice,
 Aun muerto lo será.
 Fedro lo dice.


Feliz Maria Samaniego



1 de febrero de 2023

EL VIEJO Y EL CHALAN






Fabio está, no lo niego, muy notado 
 De una cierta pasión, que le domina;
 Mas ¿qué importa, señor? Si se examina,
 Se verá que es un mozo muy honrado,
 Generoso, cortés, hábil, activo, 
Y que de todo entiende 
Cuanto pide el empleo que pretende.


 Y qué, ¿no se le dan? ¿Por qué motivo?
 Trataba un Viejo de comprar un perro
 Para que le guardase los doblones; 
Le decía el Chalán estas razones:
 Con un collar de hierro 
Que tenga el animal, échenle gente: 
 Es hermoso, pujante,
 Leal, bravo, arrogante; 
Y aunque tiene la falta solamente 
 De ser algo goloso. 


¿Goloso? dice el rico; no le quiero.
No es para marmitón ni despensero,
 Continúa el Chalán muy presuroso; 
Sino para valiente centinela.
 Menos, concluye el Viejo; 
 Dejará que me quiten el pellejo 
 Por lamer entre tanto la cazuela.


Felix Maria Samaniego



28 de noviembre de 2022

EL PASTOR






Salido usaba tañer 
La zampoña todo el año,
 Y por oírle el rebaño, 
 Se olvidaba de pacer. 
 Mejor sería romper
 La zampoña al tal Salicio; 
 Porque si causa perjuicio, 
 En lugar de utilidad, 
La mayor habilidad, 
En vez de virtud, es vicio.


Felix Maria Samaniego



26 de noviembre de 2022

LA MONA Y LA ZORRA



En visita una Mona 
Con una Zorra estaba cierto día,
 Y así, ni más ni menos, la decía:
 Por mi fe, que tenéis bella persona, 
 Gallardo talle, cara placentera, 
 Airosa en el andar, como vos sola,
 Y a no ser tan disforme vuestra cola, 
 Seríais en lo hermoso la primera. 


 Escuchad un consejo, 
Que ha de ser a las dos muy importante 
 Yo os la he de cortar, y lo restante 
Me lo acomodaré por zagalejo. 
 Abrenuncio, la Zorra la responde:
Es cosa para mí menos amarga 
 Barrer el suelo con mi cola larga 
Que verla por pañal bien sé yo dónde.


Por ingenioso que el necesitado 
 Sea para pedir al avariento, 
Este será de superior talento 
 Para negarse a dar de lo sobrado.


Feliz Maria Samaniego



25 de noviembre de 2022

LA MONA




Subió una Mona a un nogal. 
 Y cogiendo una nuez verde, 
 En la cáscara la muerde; 
Con que la supo muy mal. 
 Arrojóla el animal,
 Y se quedó sin comer.


 Así suele suceder
 A quien su empresa abandona. 
Porque halla, como la mona, 
 Al principio qué vencer.


Felix Maria Samaniego



22 de noviembre de 2022

EL ZAPATERO MEDICO




Un inhábil y hambriento Zapatero
 En la corte por médico corría: 
Con un contraveneno que fingía 
 Ganó fama y dinero. 


Estaba el Rey postrado en una cama, 
 De una grave dolencia;
 Para hacer experiencia
 Del talento del médico, le llama.


 El antídoto pide, y en un vaso 
 Finge el Rey que le mezcla con veneno: 
 Se lo manda beber; el tal Galeno
 Teme morir, confiesa todo el caso,
 Y dice que sin ciencia 
Logró hacerse doctor de grande precio
 Por la credulidad del vulgo necio. 


Convoca el Rey al pueblo. ¡Qué demencia 
 Es la vuestra, exclamó, que habéis fiado
 La salud francamente 
De un hombre a quien la gente 
 Ni aun quería fiarle su calzado! 


 Esto para los crédulos se cuenta,
 En quienes tiene el charlatán su renta.


Felix Maria Samaniego


19 de noviembre de 2022

EL CIUDADANO PASTOR




Cierto joven leía 
En versos excelentes 
 Las dulces pastorelas 
 Con el mayor deleite.
 

 Tenía la cabeza 
Llena de prados, fuentes, 
 Pastores y zagalas, 
 Zampoñas y rabeles.

 
Al fin, cierta mañana 
 Prorrumpe de esta suerte: 
 ¡Yo he de estar prisionero,
 Cercado de paredes, 
 Esclavo de los hombres 
 Y sujeto a las leyes, 
 Pudiendo entre pastores
 Grata y sencillamente
 Disfrutar desde ahora 
La libertad campestre! 
 De la ciudad al bosque 
 Me marcho para siempre.

 
 Allí naturaleza 
Me brinda con sus bienes,
 Los árboles y ríos
 Con frutas y con peces, 
 Los ganados y abejas 
 Con la miel y la leche; 
 Hasta las duras rocas 
 Habitación me ofrecen 
 En grutas coronadas
 De pámpanos silvestres.


 Desde tan bella estancia, 
 ¿Cuántas y cuántas veces, 
 Al son de dulces flautas 
 Y sonoros rabeles, 
Oiré a los pastores 
Que discretos contienden,
 Publicando en sus versos
 Amores inocentes? 


 Como que ya diviso 
 Entre el ramaje verde
 A la pastora Nise,
 Que al lado de una fuente, 
 Sentada al pie de un olmo, 
Una guirnalda teje.


 ¿Si será para Mopso?
 Tanto el joven enciende
Su loca fantasía.
Que ya en fin se resuelve,
 Y en zagal disfrazado, 
 En los bosques se mete. 


 A un rabadán encuentra,
 Y le pregunta alegre: 
 Dime, ¿es de Melibeo
 Ese ganado? Miente, 
 Que es mío; y sobre todo,
 Sea de quien se fuere.
 

No respondió el buen hombre
 Muy poéticamente. 
El joven, temeroso
 De que tal vez le diese 
Con el fiero garrote 
 Que por cayado tiene,
 Sin chistar más palabra, 
 Huyó bonitamente.
 

 Marchaba pensativo, 
 Cuando quiso la suerte 
 Que cogiendo bellotas 
 A la pastora viese.
 

 ¡Oh Nise fementida! 
 Exclama; ¡cuántas veces,
 Siendo niña, querías 
 Que yo te recogiese 
La fruta con rocío 
De mis manzanos verdes!
 

 Diciendo así, se acerca,
 La moza se revuelve,
 Y dándole un bufido, 
 En las breñas se mete.
 

 Sorprendido el mancebo, 
 Dice: ¿Qué me sucede?
 ¿Son éstos los pastores
 Discretos, inocentes,
 Que pintan los poetas 
 Tan delicadamente?
 A nuevos desengaños 
Ya no quiero exponerme.
 

 Rendido, caviloso,
 A la ciudad se vuelve. 
 Yo siento a par del alma
 Que no se detuviese 
A disfrutar un poco 
 De la vida campestre.
 

 Por mi fe, que las migas,
 El pastoril albergue,
 El rigor del verano, 
 Los hielos y las nieves,
 Le hubieran persuadido 
 Mucho más vivamente. 


Que es un solemne loco
 Todo aquel que creyere 
 Hallar en la experiencia 
Cuanto el hombre nos pinta por deleite.


Felix Maria Samaniego

15 de noviembre de 2022

EL ASNO Y EL PERRO




Un Perro y un Borrico caminaban, 
 Sirviendo a un mismo dueño; 
 Rendido éste del sueño, 
Se tendió sobre el prado que pasaban. 


 El Borrico entretanto aprovechado
 Descansa y pace; mas el Perro, hambriento,
 Bájate, le decía, buen jumento; 
Pillaré de la alforja algún bocado.


 El Asno se le aparta como en chanza;  
El Perro sigue al lado del Borrico,
 Levantando las manos y el hocico, 
 Como perro de ciego cuando danza.


 No seas bobo, el Asno le decía;
 Espera a que nuestro amo se despierte, 
 Y será de esta suerte 
El hambre más, mejor la compañía.


 Desde el bosque entre tanto sale un lobo: 
 Pide el Asno favor al compañero;
 En lugar de ladrar, el marrullero 
 Con fisga respondió: No seas bobo; 
 Espera a que nuestro amo se despierte; 
Que pues me aconsejaste la paciencia,
 Yo la sabré tener en mi conciencia, 
 Al ver al lobo que te da la muerte.


 El Pollino murió, no hay que dudarlo;
 Mas si resucitara 
Corriendo el mundo a todos predicara:
 Prestad auxilio si queréis hallarlo.


Felix Maria Samaniego



5 de noviembre de 2022

LOS RATONES Y EL GATO



Marramaquiz, gran gato, 
De nariz roma, pero largo olfato, 
 Se metió en una casa de Ratones. 
 En uno de sus lóbregos rincones 
 Puso su alojamiento;
 Por delante de sí, de ciento en ciento 
 Les dejaba por gusto libre el paso, 
 Como hace el bebedor, que mira al vaso; 
 Y ensanchando así más sus tragaderas, 
 Al fin los escogía como peras. 
Éste fue su ejercicio cotidiano; 
 Pero tarde o temprano,
 Al fin ya los Ratones conocían 
Que por instantes se disminuían. 


 Don Roepan, cacique el más prudente 
 De la Ratona gente, 
Con los suyos formó pleno consejo,
 Y dijo así con natural despejo:
 Supuesto, hermanos, que el sangriento bruto,
 Que metidos nos tiene en llanto y luto,
 Habita el cuarto bajo, 
Sin que pueda subir ni aun con trabajo
 Hasta nuestra vivienda,, es evidente
 Que se atajará el daño solamente
 Con no bajar allá de
 modo alguno.


 El medio pareció muy oportuno; 
 Y fue tan observado, 
Que ya Marramaquiz, el muy taimado,  
Metido por el hambre en calzas prietas, 
 Discurrió entre mil tretas
 La de colgarse por los pies de un palo, 
 Haciendo el muerto: no era ardid malo; 
 Pero don Roepan, luego que advierte
 Que su enemigo estaba de tal suerte,
 Asomando el hocico a su agujero,
 Hola, dice, ¿qué es eso, caballero? 
 ¿Estás muerto de burlas o de veras? 
Si es lo que yo recelo en vano esperas; 
 Pues no nos contaremos ya seguros
 Aun sabiendo de cierto
 Que eras, a más de Gato muerto, 
 Gato relleno ya de pesos duros.


 Si alguno llega con astuta maña,
 Y una vez nos engaña,
 Es cosa muy sabida 
Que puede algunas veces 
El huir de sus trazas y dobleces 
 Valernos nada menos que la vida.


Felix Maria Samaniego



2 de noviembre de 2022

LA COMADREJA Y LOS RATONES



Débil y flaca cierta Comadreja,
 No pudiendo ya más, de puro vieja,
 Ni cazaba ni hacía provisiones 
De abundantes Ratones, 
 Como en tiempos pasados, 
 Que elegía los tiernos, regalados, 
 Para cubrir su mesa. 


Sólo de tarde en tarde hacía presa 
 En tal cual que pasaba muy cercano,
 Gotoso, paralítico o anciano.


 Obligada del hambre cierto día, 
 Urdió el modo mejor con que saldría 
 De aquella pobre situación hambrienta,
 Pues la necesidad todo lo inventa. 
 Esta vieja taimada 
Métese entre la harina amontonada.
 

Alerta y con cautela, 
Cual suele en la garita el centinela, 
 Espera ansiosa su feliz momento 
 Para la ejecución del pensamiento.


 Llega el Ratón sin conocer su ruina
 Y mete el hociquillo entre la harina; 
 Entonces ella le echa de repente 
La garra al cuello, y al hocico el diente.
 

 Con este nuevo ardid tan oportuno
 Se los iba embuchando de uno en uno,
 Y a merced de discurso tan extraño,
 Logró sacar su tripa de mal año.


 Es feliz un ingenio interesante:
 Él nos ayuda, si el poder nos deja; 
 Y al ver lo que pasó a la Comadreja,
 ¿Quién no aguzará el suyo en adelante?


Felix Maria Samaniego



25 de octubre de 2022

EL HOMBRE Y LA FANTASMA



Un joven licencioso 
Se hallaba en un estado vergonzoso, 
 Con sus males secretos retirado; 
 En soledad, doliente, exasperado, 
 Cavila, llora, canta, jura, reza, 
 Como quien ha perdido la cabeza. 


 ¿Te falta la salud?
 Pues, caballero,
 De todo tu dinero, 
Nobleza, juventud y poderío 
 Sábete que me río;
 Trata de recobrarla, pues perdida,
 ¿De qué sirven los bienes de esta vida?
 Todo esto una Fantasma le previno,
 Y al instante se fue como se vino. 


 El enfermo se cuida, se repone;
 Un nuevo plan de vida se propone.
 En efecto, se casa. 
Cércanle los cuidados de la casa,
 Que se van aumentando de hora en hora. 
 La mujer (Dios nos libre), gastadora 
Aun mucho más que rica,
 Los hijos y las deudas multiplica;
 De modo que el marido, 
 Más que nunca aburrido, 
Se puso sobre un pie de economía, 
 Que estrechándola más de día en día, 
 Al fin se enriqueció con opulencia.


 La Fantasma le dice: 
En mi conciencia,
 Que te veo amarillo como el oro; 
 Tienes tu corazón en el tesoro; 
Miras sobre tu pecho acongojado 
 El puñal del ladrón enarbolado; 
 Las noches pasas en mortal desvelo;
 ¿Y así quieres vivir?
¡Qué desconsuelo!
 

 El Hombre, como caso milagroso, 
Se transformó de avaro en ambicioso. 
 Llegó dentro de poco a la privanza:
 ¡El señor don Dinero qué no alcanza! 


 La Fantasma le muestra claramente 
 Un falso confidente:
 Cien traidores amigos,
 Que quieren ser autores y testigos
 De su pronta caída.


 Resuélvese a dejar aquella vida, 
 Y ya desengañado,
 En los campos se mira retirado. 
 Buscaba los placeres inocentes
 En las flores y frutas diferentes.
 ¿Quieren ustedes creer (esto me pasma)
 Que aun allí le persigue la Fantasma?


 Los insectos, los hielos y los vientos, 
 Todos los elementos
 Y las plagas de todas estaciones
 Han de ser en el campo tus ladrones. 
 Pues ¿adónde irá el pobre caballero?
 Digo que es un solemne majadero 
 Todo aquel que pretende
 Vivir en este mundo sin su duende.


Felix Maria Samaniego




24 de octubre de 2022

LA ZORRA Y LA GALLINA

Una Zorra, cazando,
 De corral en corral iba saltando; 
 A favor de la noche, en una aldea 
 Oye al gallo cantar: maldito sea. 


 Agachada y sin ruido, 
A merced del olfato y del oído,
 Marcha, llega, y oliendo a un agujero,
 Este es, dice, y se cuela al gallinero.
 

 Las aves se alborotan, menos una,
 Que estaba en cesta como niño en cuna, 
 Enferma gravemente.
 Mirándola la Zorra astutamente,
 La pregunta: ¿Qué es eso, pobrecita? 
 ¿Cuál es tu enfermedad? ¿Tienes pepita? 
 Habla; ¿cómo la pasas, desdichada?
 La enferma la responde apresurada: 
 Muy mal me va, señora, en este instante; 
 Muy bien si usted se quita de delante.


 Cuántas veces se vende un enemigo, 
 Como gato por liebre, por amigo; 
Al oír su fingido cumplimiento,
 Respondiérale yo para escarmiento: 
 Muy mal me va, señor, en este instante; 
 Muy bien si usted se quita de delante.


Felix Maria Samaniego



11 de octubre de 2022

EL ASNO VESTIDO DE LEÓN



Un Asno disfrazado
 Con una grande piel de León andaba; 
 Por su temible aspecto casi estaba 
 Desierto el bosque, solitario el prado. 


 Pero quiso el destino 
Que le llegase a ver desde el molino 
 La punta de una oreja el molinero. 
 Armado entonces de un garrote fiero,
 Dale de palos, llévalo a su casa.


 Divulgase al contorno lo que pasa; 
Llegan todos a ver en el instante
 Al que habían temido León reinante;
 Y haciendo mofa de su idea necia, 
 Quien más le respetó, más le desprecia.


 Desde que oí del Asno contar esto
 Dos ochavos apuesto, 
Si es que Pedro Fernández no se deja
De andar con el disfraz del caballero,
 A vueltas del vestido y el sombrero 
Que le han de ver la punta de la oreja.


Felix Maria Samaniego