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19 de noviembre de 2022

EL CIUDADANO PASTOR




Cierto joven leía 
En versos excelentes 
 Las dulces pastorelas 
 Con el mayor deleite.
 

 Tenía la cabeza 
Llena de prados, fuentes, 
 Pastores y zagalas, 
 Zampoñas y rabeles.

 
Al fin, cierta mañana 
 Prorrumpe de esta suerte: 
 ¡Yo he de estar prisionero,
 Cercado de paredes, 
 Esclavo de los hombres 
 Y sujeto a las leyes, 
 Pudiendo entre pastores
 Grata y sencillamente
 Disfrutar desde ahora 
La libertad campestre! 
 De la ciudad al bosque 
 Me marcho para siempre.

 
 Allí naturaleza 
Me brinda con sus bienes,
 Los árboles y ríos
 Con frutas y con peces, 
 Los ganados y abejas 
 Con la miel y la leche; 
 Hasta las duras rocas 
 Habitación me ofrecen 
 En grutas coronadas
 De pámpanos silvestres.


 Desde tan bella estancia, 
 ¿Cuántas y cuántas veces, 
 Al son de dulces flautas 
 Y sonoros rabeles, 
Oiré a los pastores 
Que discretos contienden,
 Publicando en sus versos
 Amores inocentes? 


 Como que ya diviso 
 Entre el ramaje verde
 A la pastora Nise,
 Que al lado de una fuente, 
 Sentada al pie de un olmo, 
Una guirnalda teje.


 ¿Si será para Mopso?
 Tanto el joven enciende
Su loca fantasía.
Que ya en fin se resuelve,
 Y en zagal disfrazado, 
 En los bosques se mete. 


 A un rabadán encuentra,
 Y le pregunta alegre: 
 Dime, ¿es de Melibeo
 Ese ganado? Miente, 
 Que es mío; y sobre todo,
 Sea de quien se fuere.
 

No respondió el buen hombre
 Muy poéticamente. 
El joven, temeroso
 De que tal vez le diese 
Con el fiero garrote 
 Que por cayado tiene,
 Sin chistar más palabra, 
 Huyó bonitamente.
 

 Marchaba pensativo, 
 Cuando quiso la suerte 
 Que cogiendo bellotas 
 A la pastora viese.
 

 ¡Oh Nise fementida! 
 Exclama; ¡cuántas veces,
 Siendo niña, querías 
 Que yo te recogiese 
La fruta con rocío 
De mis manzanos verdes!
 

 Diciendo así, se acerca,
 La moza se revuelve,
 Y dándole un bufido, 
 En las breñas se mete.
 

 Sorprendido el mancebo, 
 Dice: ¿Qué me sucede?
 ¿Son éstos los pastores
 Discretos, inocentes,
 Que pintan los poetas 
 Tan delicadamente?
 A nuevos desengaños 
Ya no quiero exponerme.
 

 Rendido, caviloso,
 A la ciudad se vuelve. 
 Yo siento a par del alma
 Que no se detuviese 
A disfrutar un poco 
 De la vida campestre.
 

 Por mi fe, que las migas,
 El pastoril albergue,
 El rigor del verano, 
 Los hielos y las nieves,
 Le hubieran persuadido 
 Mucho más vivamente. 


Que es un solemne loco
 Todo aquel que creyere 
 Hallar en la experiencia 
Cuanto el hombre nos pinta por deleite.


Felix Maria Samaniego