Te han dejado olvidada los poetas
en el tacto del frío y de la ortiga
y en la rosa te has vuelto su enemiga
tal como te anunciaron los profetas.
En el vaivén azul de las veletas
y el viento atormentado que te abriga,
combates contra el mal que te castiga,
esa muerte que te hace dar piruetas.
Pero te salvará otra vez el verso
en el que tú, quizá, menos confías,
el beso que por ti se hará converso
y que de noche en vano desafías
para solicitar al universo
la persistencia eterna de los días.
Israel Clara
