Solamente era un niño y no sabía
que vivir, y morir, todo era en vano.
Pensaba que morir era cristiano,
no aquel incendio que te consumía.
Pasó el tiempo y la muerte la hice mía
con la extensión y la impiedad del llano.
Te ofrecí a manos llenas, en mi mano,
el consuelo que es larga tiranía.
Siempre intenté salvarte en el recuerdo
e impusieron su juego los espejos.
Te desvaneces poco a poco y pierdo
la velada señal de tus reflejos.
De tu beso y ternura no me acuerdo.
No pensé que morir fuera tan lejos.
Israel Clara
