Tus nocturnos cabellos de oro, racimillos de uva,
vericuetos de la paciencia y asombros del espejo,
¿Cómo usar de ellos, pues que sin pensamiento,
aún vano, existen?
Tentación de la mano,
si no desenredara presas plumas de siniestras aves:
encanalladas risas callejeras, gestos mohines,
escándalos domésticos; tentación de los ojos,
para enjugar sus blandos hilos
el apócrifo llanto de un alba más cercana,
con más copas bebidas;
ardiente tentación de hacer caer en ellos
el tedio de las horas, la dormida ceniza del cigarro.
¿De qué podrá servir, en esta noche,
tu artificiosa adolescencia?
Francisco Brines
