Llegó el invierno y ya he vuelto a ver los brotes.
En las higueras los cercados. Amor, nosotros vamos
hacia la paz esta primavera de guerra en al que estamos.
Estamos bien. Aquí escucha el grito de los hombres.
Un marino japonés se rasca el ojo izquierdo con el
pulgar del pie derecho.
Por el camino del exilio vienen los hijos de reyes.
Mi corazón gira alrededor de ti como un kolo donde
bailan jóvenes soldados serbios junto a una virgen
dormida.
El infante rubio da caza a sus ladillas bajo la lluvia.
Un belga que se ha internado en los Países Bajos lee un
periódico en el que hablan de mí.
En el dique una reina observa espantada el campo de
batalla.
El enfermero cierra los ojos ante la horrible herida.
El campanero ve caer el campanario como una pera
madura.
El capitán ingles cuyo barco naufraga fuma su ultima
pipa de opio.
Los hombres gritan. Grito cara a la primavera de paz
que va a venir.
Escucha el grito de los hombres.
Pero yo grito cara a ti mi Lou eres mi paz mi primavera.
Tu eres mi querida Lou la dicha que yo aguardo.
Por ella nuestra dicha me preparo para la muerte.
Por ella nuestra dicha sigo confiando en la vida.
Por ella nuestra dicha luchan los ejércitos.
Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería
diezmada.
Los obuses pasan como estrellas fugaces.
Los prisioneros van en tropas dolientes.
Y mi corazón tan solo late por ti querida.
Mi amor, mi Lou, mi arte y mi artillería.
Guillaume Apollinaire
