Anoche de madrugada,
ya después de medio día,
vi venir en romería
una nube muy cargada;
y un broquel con una espada
en figura de ermitaño,
caballero en un escaño
con una ropa nesgada,
toda sana y muy rasgada.
No después de mucho rato
vi venir un orinal
puesto por pontifical,
como tres con un zapato;
y allí vi venir un gato
cargado de verdolagas,
y aparece mihi sin bragas,
caballero en un gran pato
por hacer más aparato.
Navegando vi venir
tres calabazas por tierra,
y una azuela y una sierra
tropezando por huir;
vino Beatus vir
en una burra bermeja,
cargado de ropa vieja
con su vara de medir,
bocezando por dormir.
En un puerco, a la jineta,
vi venir a san Zorito,
jugando con un garlito
al juego de la jaldeta;
y la ley de barjuleta
escrita en un cesto de agua,
con unos fuelles de fragua
atizando una trompeta
encima de su carreta.
Levatóse la sardina
muy soberbia con un palo
tras Solibranos a malo,
por medio de una cortina;
y en un monte de cecina
vi cazar una tinaja,
y unos órganos de paja
atestados de cocina
pescando sobre una encina.
Ojos garzos ha la niña:
¡quién ge los namoraría!
Son tan bellos y tan vivos
que a todos tienen cautivos,
mas muéstralos tan esquivos
que roban el alegría.
Roban el placer y gloria,
los sentidos y memoria;
de todos llevan victoria
con su gentil galanía.
Con su gentil gentileza
ponen fe con más firmeza;
hacen vivir en tristeza
al que alegre ser solía.
Fin
No hay ninguno que los vea
que su cautivo no sea.
todo el mundo los desea
contemplar de noche y día.
Juan del Encina
