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7 de diciembre de 2019

YO, OTELO




Te celo de las niñas imposibles,
rostros de brasa y lágrimas de nieve.
Me encuentras a tu madre parecida,
y de razón mudable cuando llueve.

Te quiero y tú me quieres, mas no basta,
ni esta promesa de quererse siempre.
Mi amor lleva mi letra simple y triste.
El tuyo es una carta que se enciende.

A veces miras sin notar el cielo
y dices, por ejemplo, que me quieres.
Yo juego a que estoy muerta y me distraigo
mirando cómo el pasto se oscurece.

Y por amarme y por besarme tanto,
y por morderte y luego por lamerte,
cayó el adiós, cayó después la lluvia,
en esta última tarde de diciembre.


Delfina Acosta

4 comentarios:

Rosa Mª Villalta dijo...

Gracias Sandra por este espacio y mostrarnos este poema tan bonito.

Saludos

Verónica O.M. dijo...

Muy hermoso, Sandra 👋👋👋
Un saludo

Kinga K. dijo...

Muy bueno para muchas reflexiones :)

J.P. Alexander dijo...

Uy que lindo poema