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28 de junio de 2021

EL LEÓN, EL LOBO Y LA ZORRA



Trémulo y achacoso 
A fuerza de años un León estaba;
 Hizo venir los médicos, ansioso 
 De ver si alguno de ellos le curaba.


 De todas las especies y regiones
 Profesores llegaban a millones.
 Todos conocen incurable el daño; 
 Ninguno al Rey propone el desengaño; 
 Cada cual sus remedios le procura, 
 Como si la vejez tuviese cura.


 Un Lobo cortesano 
Con tono adulador y fin torcido 
 Dijo a su Soberano:
 He notado, Señor, que no ha asistido 
 La Zorra como médico al congreso, 
 Y pudiera esperarse buen suceso 
De su dictamen en tan grave asunto.
 Quiso su Majestad que luego al punto 
 Por la posta viniese; 
Llega, sube a palacio, y como viese 
 Al Lobo, su enemigo, ya instruida 
 De que él era autor de su venida, 
 Que ella excusaba cautelosamente,
 Inclinándose al Rey profundamente, 
 Dijo: Quizá, Señor, no habrá faltado 
 Quien haya mi tardanza acriminado; 
 Mas será porque ignora 
Que vengo de cumplir un voto ahora, 
 Que por vuestra salud tenía hecho; 
 Y para más provecho,
 En mi viaje traté gentes de ciencia 
 Sobre vuestra dolencia.


 Convienen pues los grandes profesores 
 En que no tenéis vicio en los humores, 
 Y que sólo los años han dejado 
El calor natural algo apagado;
 Pero éste se recobra y vivifica 
 Sin fastidio, sin drogas de botica, 
 Con un remedio simple, liso y llano,
 Que vuestra majestad tiene en la mano.
 A un Lobo vivo arránquenle el pellejo,
 Y mandad que os le apliquen al instante,
 Y por más que estéis débil, flaco y viejo,
 Os sentiréis robusto y rozagante, 
Con apetito tal, que sin esfuerzo 
El mismo Lobo os servirá de almuerzo. 
 Convino el Rey, y entre el furor y el hierro 
 Murió el infeliz Lobo como un perro. 


Así viven y mueren cada día 
En su guerra interior los palaciegos
 Que con la emulación rabiosa ciegos 
 Al degüello se tiran a porfía. 


Tomen esta lección muy oportuna: 
 Lleguen a la privanza enhorabuena, 
 Mas labren su fortuna 
Sin cimentarla en la desgracia ajena. 


Felix Maria Samaniego