Un maldito Gorrión así decía
A una Liebre que una Águila oprimía:
No eres tú tan ligera,
Que si el perro te sigue en la carrera,
Lo acarician y alaban como al cabo
Acerque sus narices a tu rabo?
Pues empieza a correr, ¿qué te detiene?
De este modo la insulta, cuando viene
El diestro Gavilán y lo arrebata.
El preso chilla, el prendedor lo mata;
Y la Liebre exclamó: Bien merecido.
¿Quién te mandó insultar al afligido,
Y a más, a más meterte a consejero,
No sabiendo mirar por ti primero?
Felix Maria Samaniego
