Hacia dónde me llevan estos firmes renglones,
Cuando poso mi pluma riguroso de ellos.
Y no alterno el descenso sobre sus escalones
Como brinda el amante su caricia al cabello.
Si soy fiel a la prosa por qué envidio a los versos.
Por qué miro su forma con oculto recelo.
Por qué tiento a mi pulso transgredir ese velo,
Como signo de furia, como juego perverso.
Si la hoja es el blanco, si la pluma el acero,
Si es el arco la Musa y el Poeta el arquero.
Si el amor es el pulso, la palabra es la herida
Y la tinta es la sangre del que entrega su vida.
Hacia dónde me lleva todo el tiempo que resta…
Me pregunto incesante, sin hallar la respuesta.
Luciano Cavido
