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6 de septiembre de 2009

POLVO




I

Me envuelve el polvo, y me inquieta.
¿Por qué vendrá de tan lejos?
Y ¿cómo en residuos viejos
mundos pasados sujeta?
-El polvo no tiene meta,
ni principio habrá tenido;
sé que siempre ha contenido,
en su eternidad convulsa,
la arcana fuerza que impulsa
a lo que es y a lo que ha sido.


II

Tu esencia no habrá cambiado,
mas tu trayecto es temible;
si bien naciste apacible,
viviendo te has desquiciado.
Hoy ya estás desorbitado
y en gris confusión avanzas;
a los abismos te lanzas
y los proclamas alturas.
Polvo, ¿por qué te apresuras
exterminando esperanzas?


III

Eras sereno y abstracto;
pero te fuiste esparciendo
Un Dios te fue poseyendo
hasta que adquiriste tacto.
De este divino contacto
te vino inmenso poder,
y en tu continuo ascender
tu cómplice el viento, ha sido.
Hoy todo lo has abatido...
¡Hasta mi indefenso ser!


IV

Polvo constructor del mundo,
mundo de sangre impregnado,
lo gris por rojo has mudado,
lo estéril por lo fecundo.
Es tu poder tan profundo,
que de sangre has hecho ideas;
temo que divino seas
pareciendo terrenal,
pues te presiento inmortal
porque tú mismo te creas.


V

Extraño polvo cenizo
que te pintas de colores,
entiendo que te decores
para ocultar lo enfermizo.
Como eres tan movedizo,
también con la forma juegas,
y derramándote a ciegas
en tumultuoso fluir,
almas logras esculpir,
mas luego de ellas reniegas.


VI


Polvo, ¡qué bien te solazas
en tu pardusca envoltura,
mostrando expresión tan pura
que la soberbia disfrazas!
Cobardemente reemplazas
tu orgullo por humildad;
mas oculta es tu maldad,
y eres polvo endemoniado,
pues todo lo has encauzado
a una opaca eternidad.


VII

Mis ojos se están volviendo
cavernas de polvo oscuro;
sus cuencas marcan un duro
trayecto, que va existiendo
entre el ser que está viviendo
y el polvo fiel que desliza
su arcana fuerza plomiza
con crueldad nunca saciada.
¿Por qué si el polvo es la nada,
en mi vista se eterniza?


VIII

Te veo por los tejados,
por las alas de mi suerte;
en los espejos, al verte,
miro mis poros ajados,
de eterno polvo impregnados,
de antiguas muertes nutridos
al igual que mis sentidos.
Polvo que polvo vas siendo,
mi cuerpo te está sirviendo
de antena de tus latidos.


IX

A un doble polvo enemigo
mi rostro está sentenciado:
al uno nació ya atado;
del otro busca el abrigo.
Dos muertes lleva consigo:
una alegre, otra sombría;
aquélla siempre varía,
ésta sin moverse espera.
Si una es ya mi calavera,
la otra es mi máscara fría.


X

De pronto vi mi cabeza
en el espacio perdida,
con pensamiento, y sin vida,
y sin humana impureza.
Sentí profunda extrañeza;
mas luego entendí mi lodo,
y fui descubriendo el modo
de hacer mi cuerpo infinito:
Mi polvo al polvo remito,
dejo de ser... ¡y soy todo!


XI

¿Qué crimen ha cometido
este polvo en que mi forma
ha creído hallar su norma,
después de nada haber sido?
Debió de estar esparcido
sin tener una conciencia;
hoy la siente en mi presencia
y su soberbia ha purgado,
pues ya es mi ser limitado
que perderá la existencia.


XII

Ya soy criatura sin piel:
el polvo me la ha robado,
brutalmente la ha arrancado
y ahora lo cubre a él.
Mira, polvo, eres cruel:
de fango me has construido,
a mi alma diste sentido
y te va a nutrir mi muerte.
¡Dame otra piel que liberte
este cuerpo escarnecido!


XIII

Cuando en polvo esté esparcida
mi carne ya no vibrante,
y este cerebro enervante
deje de inventar la vida;
ahí en la tierra, perdida,
encontraré polvo amigo,
de alguien que lloró conmigo
hasta consumir sus ojos.
¡Qué alivio que sus despojos
le den a mi polvo abrigo!


XIV

Cuando mi carne podrida,
al irse polvo volviendo,
sienta que se está fundiendo
con alguien que odió en la vida,
querrá buscar la salida
por los poros de la tierra,
pues entablará una guerra
con ese polvo enemigo.
¡Ay, que temible castigo
mezclarse con lo que aterra!


XV

Polvo, ¿por qué me persigues
como si fuera tu presa?
Tu extraño influjo no cesa,
y hacerme tuya consigues;
pero por más que castigues
hoy mi humillada figura,
mañana en la sepultura
te has de ir mezclando conmigo.
Ya no serás mi enemigo...
¡Compartirás mi tortura!


XVI

Polvo, tú crees perturbarme
pensando que no te entiendo.
¡Demasiado te comprendo
para que por ti me alarme!
No tengo por qué inquietarme,
si mucho antes de nacer
ya polvo debí de ser,
y cuando haya terminado,
tan sólo habré retornado
a mi angustioso no ser.


XVII

Polvo que pisan mis pies,
y vas subiendo a mis venas,
tus invisibles arenas
raíces serán después,
que han de producir las mies
en mi materia viviente;
y siempre estará latente
en ti, polvo renovado,
la vida que ha germinado
en misteriosa simiente.


XVIII

Polvo que transporta el viento
y en misterio eterno estás,
aunque no sé adónde vas,
ya te he cedido mi aliento;
vivir contigo presiento,
que cuando deje de ser,
ha de empezar a nacer
lo que haya de mí quedado.
Tú, polvo, habrás transformado
mi muerte en un nuevo ser.


XIX

¡Oh polvo, angustia esparcida!
¡Llanto que en mis huesos llevo!
Pensando en ti, ya me atrevo
a no sentirme en la vida.
Me estoy soñando perdida
en tus hambrientas arenas,
mientras mi carne condenas
y consumes mi figura,
ya somos lo que perdura:
la materia sin cadenas.


XX

Polvo que semejas humo
o que te finges montaña;
polvo cuya inquina y saña
me causa tormento sumo;
a tu hondo existir me sumo
y ya prescindo de mí.
Por gracia tuya nací
y tengo que resignarme,
pues para no desmembrarme
debo refugiarme en ti.


XXI

Polvo, cómplice enemigo,
a un tiempo goce y tortura,
mi libertad y clausura,
mi recompensa y castigo;
todo lo tuyo investigo
porque observándome estoy.
Dicen que viviendo voy,
y yo siendo lo contrario;
mi existir no es voluntario,
de ti, polvo, aliada soy.


XXII

Al fuego, al temible fuego,
al que todo lo devora
con su violencia invasora,
ya sin temores me entrego.
Polvo hará de mí, mas luego
que me convierta en ceniza,
esta lumbre advenediza
tendrá el fin que ha provocado:
mi polvo habrá exterminado
el fuego que me esclaviza.

Pita Amor