
Deteniendo severo magistrado
su pie ante las canéforas preciosas,
mira en sus caras de purpúreas rosas
el pudor por carmines dibujado.
El temblador ropaje replegado les da esbeltez
de vírgenes graciosas
y llevan en las manos primorosas
ricas bandejas de oro cincelado.
Sobre el metal que espejeando brilla,
del sacrificio llevan la cuchilla
que al magistrado, cándidas, ofrecen.
Y le brindan también trigo flamante,
que en las caneas de oro rutilante
rubios granizos con el Sol parecen.
Salvador Rueda