
Velada preñez de la tierra,
luego que una alforja de manos morenas
alimentó de granos
los ansiosos terrones;
invierno,
te dicen imagen de la muerte,
helada miseria,
y no eres muerte,
es que la tierra se ha vestido
de manteles blancos
para la cena de la abundancia,
con reventón de capullos,
alboroto de orugas descubriendo sus alas
y pelajes excitados
reclamando saliva;
no,
tu silencio no es muerte,
es el pudor con que amamantas de savia
las fatigadas cortezas,
en un preludio
de racimos inquietos
trinos y aromas;
no,
tu tempestad no es muerte,
es la febril aseadora
que prepara los escenarios de montes
y valles,
para la danza de exaltadas pezuñas,
de un frenesí de belfos
embistiendo ubres,
de abejas seducidas
por una súplica de pistilos;
no,
tu palidez no es muerte,
es la enagua bordada
con cristales de escarcha
con que cubre su embarazo la tierra,
antes de parir,
otra primavera...!
Andrés Recasens Salvo
luego que una alforja de manos morenas
alimentó de granos
los ansiosos terrones;
invierno,
te dicen imagen de la muerte,
helada miseria,
y no eres muerte,
es que la tierra se ha vestido
de manteles blancos
para la cena de la abundancia,
con reventón de capullos,
alboroto de orugas descubriendo sus alas
y pelajes excitados
reclamando saliva;
no,
tu silencio no es muerte,
es el pudor con que amamantas de savia
las fatigadas cortezas,
en un preludio
de racimos inquietos
trinos y aromas;
no,
tu tempestad no es muerte,
es la febril aseadora
que prepara los escenarios de montes
y valles,
para la danza de exaltadas pezuñas,
de un frenesí de belfos
embistiendo ubres,
de abejas seducidas
por una súplica de pistilos;
no,
tu palidez no es muerte,
es la enagua bordada
con cristales de escarcha
con que cubre su embarazo la tierra,
antes de parir,
otra primavera...!
Andrés Recasens Salvo