Lentamente me casé con ella.
Lenta y amargamente me casé con su amor.
Me casé con su cuerpo
en el aburrimiento y el gozo.
Lentamente fui a ella.
Lenta y resentidamente llegué a su cama.
Fui a su mesa
por hambre y por hábito,
fui a que me dieran de comer.
Lentamente me casé con ella
sancionado por nadie,
con la bendición de nadie,
en nombre de nadie,
en medio de advertencias generalizadas,
en medio de la burla generalizada.
Fui a su fragancia
con las narices distendidas.
Fui a su codicia
con semilla para un niño.
Años para la llegada
y años en retirada.
Lentamente me casé con ella.
Lentamente me arrodillé.
Y ahora estamos heridos
tan profundamente y tan bien
que nadie puede hacernos daño
excepto la propia Muerte.
Y a través de la totalidad del sueño de la Muerte
me muevo con sus labios.
El sueño es una noche
pero eterno es el beso.
Y lentamente voy a ella,
lentamente nos despojamos
de los ropajes de nuestras dudas
y lentamente nos desposamos.
LENTAMENTE ME CASÉ CON ELLA
Es un largo trayecto el que hay hasta casa Fairfax abajo hasta la Autopista de Santa Mónica, una siniestra extensión de la Imaginación. El torzal de su fragancia chisporrotea sobre mí como un antiguo cable de tranvía. Polvo de la exhausta
primavera de L.A. en la palanca del cambio de luces, alzando su sombra de humo a humo entre los marcadores luminosos de carril. Y qué es esta canción sino un poco de música ambiental para aquellos que salen demasiado, que hablan a sus esposas divorciadas incorporeizadas entre el parabrisas y las estrellas siguientes con voces de secreta intimidad, tales como las que jamás usaron en el sempiterno régimen de separarse.
Leonard Cohen
