En el hálito ardiente de su propio sonido quema
y en su ámpula germina la crisálida.
La libélula transcurre bajo el sol.
Rompe la quieta corriente del instante
el río que ha pasado comparece
al golpe del nuevo movimiento
Se recuesta en el agua el esplendor.
Otras criaturas tañen las olas bajo el mar
Aire de su aire mueve la gaviota
el soplo el verbo el yo soy de esa muchacha
como los árboles etéreo.
Nuevas existencias toman superficie
toman cuerpo en Sus ojos Los astros son pupilas.
Siempre un poeta canta entre los muertos.
Homero Aridjis
