Tus ojos no te permiten
Mirar los ojos del sol.
Pero tu cuerpo palpita,
El calor que necesitas,
Para saber que es el sol.
Entonces venda los tuyos
A la hora de sentir.
Y verás igual que el ciego,
Que al acercarse hacia el fuego
Puede al frío distinguir.
Su Camino Fue La Tierra
IX
Fuego, dibujado por el viento.
Eres de la noche rebeldía.
Migaja de sol con que alimento
Al cielo, para eternizar los días.
Padre de las sombras. Cuando el frío
Obliga a callar a las penumbras.
Con tu desnudez de piel de estío
Nos incendias, tanto como alumbras.
Al mendigo errante lo acaricias.
Condenado eterno del infierno.
Autor inocente de injusticias.
Revolucionario del invierno.
Dante, de tu lengua fue testigo,
Al abrirse la boca sepulcral,
Que condena a las llamas del castigo
Al hereje más devoto y más leal.
……………………………
El Agua tu rival por excelencia,
Esperará la noche más oscura.
Y en férrea lucha de supervivencia
Caerá como aguijón a tu montura
La lucha será cruenta pero en vano,
Así lo indicará la espesa nube,
Que acaso, es el espíritu que sube
Librado ya de su cuerpo inhumano.
El Agua aún reirá con triste encanto,
Pues sabrá dentro suyo que ha elegido
No sin el frío recio del espanto
Como rival, a un Ser jamás vencido.
…………………………………
Tras el pañuelo, el ojo ciego advierte
De tres palabras sólo la Tercera.
Aquella que a su vida dará muerte
Con grito de fusil y voz de fiera.
Otros, son los Fuegos divisados
En meandros y ciénagas oscuras,
Por quien Júpiter, Señor de las Alturas,
De horror tiembla al saberse condenado.
Fuiste cómplice de versos de poetas
Que parieron la literatura.
Fuiste puntas de indígenas Saetas
Que lucharon con coraje sus culturas.
Épicas antorchas te elevaron
A lomo galopante de rocines.
Gargantas de dragones te lanzaron
Hacia mitológicos confines.
La nada(sin el merito de un nombre,
Te despertó de un sueño de repente.
Qué dudas y certezas de tu mente
Te igualan y separan de los hombres…
Luciano Cavido
