27 de julio de 2010

SOBERBIA


Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.

El me dio una alondra de rima encantada...
¡Yo quería mil!

Le pedí un ejemplo del ritmo seguro
con que yo pudiera gobernar mi afán.

Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...
¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.

Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...

¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!

Porfirio Barba Jacob

2 comentarios:

Lectores Inquietos Poemas dijo...

Aveces la vida no da el componente
de los deseos para que se hagan realidad creando asi la felicidad.

Un fuerte abrazo con una caricia
de rosas donde su fragancia envuelva besos muy dulces en el nectar del cariño de la amistad.

Que tengas una preciosa semana...

Poetiza dijo...

Jose, gracias por pasar a leer amigo y por tus lindas palabras. Besos, cuidate.