
En su curso voluble la Fortuna
todo cuanto me diera me quitó;
y la Miseria pálida y hambrienta
al umbral de mi puerta se sentó.
Y llegó la Amistad la que en un día
el festín de mis dichas presidió-
y aunque le dije ven, ella, espantada
al ver aquel espectro, se alejó.
Amor llegó también... Sellé mi labio,
porque temí que se alejara Amor;
pero él sin vacilar, bañado en lágrimas,
vino a mí presuroso... y me abrazó.
Y la Miseria pálida y hambrienta
que al umbral de mi puerta se sentó
a la luz de aquel ángel que lloraba,
ella... ¡la horrible arpía!... se embelleció.
Manuel M. Flores
todo cuanto me diera me quitó;
y la Miseria pálida y hambrienta
al umbral de mi puerta se sentó.
Y llegó la Amistad la que en un día
el festín de mis dichas presidió-
y aunque le dije ven, ella, espantada
al ver aquel espectro, se alejó.
Amor llegó también... Sellé mi labio,
porque temí que se alejara Amor;
pero él sin vacilar, bañado en lágrimas,
vino a mí presuroso... y me abrazó.
Y la Miseria pálida y hambrienta
que al umbral de mi puerta se sentó
a la luz de aquel ángel que lloraba,
ella... ¡la horrible arpía!... se embelleció.
Manuel M. Flores
3 comentarios:
Un soplo de aire fresco. Abrazos.
El amor, es un loco
Que sin temor se arrima
A la orilla de la quiebra
Pues nada tiene que perder.
Fgiucich, gracias por leerlo.
Eltauromquico, gracias por leer.
Besos, cuidense amigos.
Publicar un comentario